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Primer
artículo del Credo (III)
Creador ...“y de la Tierra”
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La
expulsión de Adán y Eva del Paraíso
Terrenal (detalle) — Fresco de Justo de Menabuoi
(1376-78),
Catedral de Pádua (Italia) |
La
criatura más noble que Dios puso sobre la tierra es el
hombre, criatura racional
compuesta de alma y cuerpo.
El alma es la parte más noble del hombre, porque es substancia
espiritual dotada de intelecto y de voluntad, capaz de conocer
a Dios y de poseerlo eternamente.
El alma humana nunca muere; la fe y la propia razón prueban
que es inmortal. El hombre es libre en sus acciones; y cada cual
siente dentro de sí mismo que puede hacer una cosa o no
hacerla, o hacer antes una que otra.
Se dice que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios
porque el alma humana es espiritual y racional, libre en su accionar,
capaz de conocer y de amar a Dios y de gozarlo eternamente, perfecciones
que reflejan en nosotros un rayo de la infinita grandeza del Señor.
Dios creó a Adán y Eva en el estado de inocencia
y de gracia; pero luego lo perdieron por el pecado. Además
de la inocencia y de la gracia santificante, Dios confirió
otros dones a nuestros primeros padres, que debían transmitirlos,
con la gracia santificante, a sus descendientes; y estos eran:
la integridad, o sea, la perfecta sujeción del sentido
a la razón; la inmortalidad; la inmunidad a todos los dolores
y miserias; y la ciencia, proporcionada a su estado.
Por un pecado de soberbia y grave desobediencia, Adán y
Eva perdieron la gracia de Dios y el derecho que tenían
al Cielo; fueron expulsados del paraíso terrestre, sujetos
a muchas miserias del alma y del cuerpo y condenados a morir.
Esos dones eran absolutamente gratuitos y sobrenaturales. Por
eso, habiendo Adán desobedecido al divino precepto, Dios
pudo, sin injusticia, privar de ellos a él y a toda su
posteridad.
[Pues] este pecado no es solo de Adán, sino también
nuestro, si bien que a título diverso. Es propio de Adán,
porque él lo cometió con un acto de su voluntad,
y por eso en él fue personal. Y también nuestro
porque, habiendo Adán pecado como cabeza y fuente de todo
el género humano, es transmitido por generación
natural a todos sus descendientes; y, por eso, es para nosotros
pecado original. Esto en razón de que Dios confirió
al género humano, en Adán, la gracia santificante
y los otros dones sobrenaturales, con la condición de que
Adán no desobedeciese. Habiendo él desobedecido
en su calidad de cabeza y padre del género humano, la naturaleza
humana es transmitida a todos sus descendentes en un estado de
rebeldía contra Dios, privada de la gracia divina y los
otros dones.
Los daños del pecado original son: la privación
de la gracia, la pérdida del Paraíso, la ignorancia,
la inclinación al mal, todas las miserias de esta vida,
y finalmente la muerte.
Todos los hombres contraen el pecado original. Solo la Santísima
Virgen fue preservada de él por un privilegio singular
de Dios, en previsión de los méritos de Jesucristo,
nuestro Salvador.
Después del pecado de Adán los hombres no podrían
salvarse si Dios no hubiese usado para con ellos de misericordia.
Esa misericordia consistió en prometer a Adán el
Redentor divino, el Mesías, y en enviarlo después
para liberar a los hombres de la esclavitud del demonio y del
pecado. El Mesías prometido es Jesucristo, como enseña
el segundo artículo del Credo.
1. Catecismo de los
Párrocos, redactado por decreto del Concilio Tridentino,
publicado por orden del Papa S. Pío V, conocido vulgarmente
como "CATECISMO ROMANO", versión fiel de la
edición auténtica de 1566, con noticia histórica
y análisis crítico por el P. Valdomiro Pires Martins,
Editora Vozes, Petrópolis, 1962, 2a. edición,
p. 89.
2. Todos los textos que vienen sin comillas fueron sacados del
Catechismo Maggiore promulgado por San Pío X, Roma, Tipografia
Vaticana, 1905, Edizione Ares, Milán. |