Tercer
Artículo del Credo
“Concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen”
Este articulo del Credo nos enseña que el Hijo
de Dios tomó un cuerpo y un alma, como nosotros, en
el seno purísimo de María Virgen, por obra del
Espíritu Santo, y que nació de ésta Virgen
1.
“En este misterio se verifica que algunos elementos
superan el orden de la naturaleza, y que otros le son conformes.
Creemos que el Cuerpo de Cristo se formó de la purísima
sangre de la Virgen, su Madre, y en eso reconocemos una operación
de la naturaleza humana. Es común que todo cuerpo humano
se forme de la sangre materna” 2.
Obra de la Santísima Trinidad
Para formar el cuerpo y crear el alma de Jesucristo concurrieron
las tres Personas divinas.
“En general, debemos tener como norma de Fé cristiana:
todo lo que Dios opera fuera de sí en las criaturas,
es obra común de las tres Personas. Una no opera más
que la otra, ni una sin la otra. La única cosa que
no puede ser común a todas as Personas es el modo de
proceder una de la otra. En efecto, sólo el Hijo es
generado por el Padre; el Espíritu Santo procede del
Padre y del Hijo. Sin embargo, todo lo que operan hacia afuera
es obra común de las tres Personas, sin diferencia
alguna. A esta especie de operación pertenece la Encarnación
del Hijo de Dios” 3.
Se dice que fue concebido del Espíritu Santo porque
la Encarnación del Hijo de Dios es obra de bondad y
de amor, y las obras de bondad y de amor se atribuyen al Espíritu
Santo.
El Hijo de Dios se hizo hombre sin dejar de ser Dios. Jesucristo
es Dios y hombre al mismo tiempo; perfecto Dios y perfecto
hombre. Así, en Jesucristo, que es Dios, hay dos naturalezas,
la divina y la humana.
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Cuadro
de La Anunciación -
Tomaso di Masolino |
Virgen por excelencia
Sin embargo, el Hijo de Dios hecho hombre no es sino una Persona,
es decir, la divina, [aunque] haya dos voluntades: una divina
y otra humana.
“El Verbo, que es Persona de naturaleza divina, asumió
de tal forma la naturaleza humana, que la persona e hipóstasis
de las naturalezas humana y divina es una y la misma. De ahí
resultó que, en esa admirable unión, se conservaron
las operaciones y propiedades de una y otra naturaleza. En
la frase del célebre Pontífice San León
Magno, “ni la gloria de la naturaleza superior destruyó
la inferior, ni la elevación de la naturaleza inferior
diminuyó la dignidad de la superior”4.
El Hijo de Dios y el Hijo de María son la misma Persona,
esto es, Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
[Así] Maria Santísima es Madre de Dios, porque
es Madre de Jesucristo, que es verdadero Dios. Ella se tornó
la Madre de Jesucristo únicamente por obra y virtud
del Espíritu Santo.
Es de Fé que María Santísima fue siempre
Virgen, y es llamada la Virgen por excelencia.
Notas:
1. Todos los textos que están sin comillas fueron extraídos
del Catechismo Maggiore promulgato da San Pío X, Roma,
Tipografia Vaticana, 1905, Edizione Ares, Milán.
2. Catecismo de los Párrocos, redactado por decreto del
Concilio Tridentino, publicado por orden del Papa S. Pío
V, denominado vulgarmente CATECISMO ROMANO, versión fiel
de la edición auténtica de 1566, con noticia histórica
y análisis crítico por el P. Valdomiro Pires Martins,
Ed. Vozes, Petrópolis, 1962, 2a. edición, p. 100.
3. Catecismo Romano, p. 99. 4. Catecismo Romano, id. |