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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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Segundo artículo del Credo
“Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor”

Son admirables y muchísimos los bienes que de la fe y confesión de este artículo provienen al género humano, como lo demuestra este testimonio de San Juan: “Quien confesare que Jesús es el Hijo de Dios, Dios está en él, y él en Dios” (I, Juan 4, 15).
"Realmente, esta Fé y esta profesión constituyen la base más sólida de nuestro rescate y salvación"1.

Jesucristo
El segundo artículo del Credo nos enseña que el Hijo de Dios es la segunda Persona de la Santísima Trinidad; que Él es Dios eterno, omnipotente, Creador y Señor como el Padre; que Él se hizo hombre para salvarnos; y que el Hijo de Dios hecho hombre se llama Jesucristo. 2

La segunda Persona de la Santísima Trinidad se llama Hijo porque es generada por el Padre, por vía del intelecto, durante toda la eternidad; y por eso se llama Verbo eterno del Padre.

Jesucristo se llama Hijo único de Dios Padre porque solo Él es por naturaleza su Hijo, y nosotros somos sus hijos por creación y adopción.

Llamamos a Jesucristo nuestro Señor porque, además de habernos creado juntamente con el Padre y el Espíritu Santo en cuanto Dios, también nos redimió en cuanto Dios y hombre.

El Hijo de Dios hecho hombre se llama Jesús, que quiere decir Salvador, porque nos salvó de la muerte eterna, merecida por nuestros pecados.

Fue el propio Padre eterno Quien dio el nombre de Jesús al Hijo de Dios hecho
hombre, por medio del Arcángel Gabriel, cuando anunció a la Virgen el misterio de la Encarnación.

El Hijo de Dios se llama también Cristo, que quiere decir ungido y consagrado, porque antiguamente se ungían los reyes, los sacerdotes y los profetas; y Jesús es Rey de los reyes, Sumo Sacerdote y Sumo Profeta.

La unción de Jesucristo no fue corporal, como la de los antiguos reyes, sacerdotes y profetas, sino espiritual y divina, porque la plenitud de la divinidad habita en él substancialmente.

Los hombres tuvieron conocimiento de Jesucristo antes de su venida, por la promesa del Mesías que Dios hizo a nuestros primeros padres, Adán y Eva, y que renovó a los santos Patriarcas; y por las profecías y muchas figuras que Lo anunciaban.

Nosotros sabemos que Jesucristo es verdaderamente el Mesías y el Redentor prometido, porque en él se cumplieron: 1° todo lo que anunciaban las profecías; 2° todo lo que representaban las figuras del Antiguo Testamento.

Esas profecías predecían la tribu y la familia de la cual debería salir el Redentor; el lugar y el tiempo del nacimiento; sus milagros y las menores circunstancias de su pasión y muerte; su resurrección y ascensión al Cielo; y su reino espiritual, universal e perpetuo que es la Santa Iglesia Católica.

Las principales figuras del Redentor en el Antiguo Testamento son el inocente Abel; el sumo sacerdote Melquisedec; el sacrificio de Isaac; José, vendido por sus hermanos; el profeta Jonás; el cordero pascual; y la serpiente de bronce, levantada por Moisés en el desierto.

Sabemos que Jesucristo es verdaderamente Dios: 1° por el testimonio del Padre cuando dice: "Tú eres mi Hijo amado, en Ti me complazco” (Lc. 3, 22) 2° por el testimonio del propio Jesucristo, confirmado por los más estupendos milagros; 3° por la doctrina de los Apóstoles; 4° por la tradición constante de la Iglesia Católica.

Los principales milagros operados por Jesucristo son, además de su resurrección, la salud restituida a los enfermos, la vista a los ciegos, la audición a los sordos, la vida a los muertos.


Notas:
1. Catecismo de los Párrocos, redactado por decreto del Concilio Tridentino, publicado por orden del Papa San Pío V, denominado vulgarmente CATECISMO ROMANO, versión fiel de la edición auténtica de 1566, con noticia histórica y análisis crítico por el P. Valdomiro Pires Martins, Editora Vozes, Petrópolis, 1962, 2a. edición, p. 90.
2. Todos los textos sin comillas fueron sacados del Catecismo Maggiore promulgado por San Pío X, Roma, Tipografía Vaticana, 1905, Edizione Ares, Milán.

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