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Segundo
artículo del Credo
“Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor”
Son admirables y muchísimos los bienes que de
la fe y confesión de este artículo provienen
al género humano, como lo demuestra este testimonio
de San Juan: “Quien confesare que Jesús es el
Hijo de Dios, Dios está en él, y él en
Dios” (I, Juan 4, 15).
"Realmente, esta Fé y esta profesión constituyen
la base más sólida de nuestro rescate y salvación"1.
Jesucristo
El segundo artículo del Credo nos enseña que
el Hijo de Dios es la segunda Persona de la Santísima
Trinidad; que Él es Dios eterno, omnipotente, Creador
y Señor como el Padre; que Él se hizo hombre
para salvarnos; y que el Hijo de Dios hecho hombre se llama
Jesucristo. 2
La segunda Persona de la Santísima Trinidad se llama
Hijo porque es generada por el Padre, por vía del intelecto,
durante toda la eternidad; y por eso se llama Verbo eterno
del Padre.
Jesucristo se llama Hijo único de Dios Padre porque
solo Él es por naturaleza su Hijo, y nosotros somos
sus hijos por creación y adopción.
Llamamos a Jesucristo nuestro Señor porque, además
de habernos creado juntamente con el Padre y el Espíritu
Santo en cuanto Dios, también nos redimió en
cuanto Dios y hombre.
El Hijo de Dios hecho hombre se llama Jesús, que quiere
decir Salvador, porque nos salvó de la muerte eterna,
merecida por nuestros pecados.
Fue el propio Padre eterno Quien dio el nombre de Jesús
al Hijo de Dios hecho
hombre, por medio del Arcángel Gabriel, cuando anunció
a la Virgen el misterio de la Encarnación.
El Hijo de Dios se llama también Cristo, que quiere
decir ungido y consagrado, porque antiguamente se ungían
los reyes, los sacerdotes y los profetas; y Jesús es
Rey de los reyes, Sumo Sacerdote y Sumo Profeta.
La unción de Jesucristo no fue corporal, como la de
los antiguos reyes, sacerdotes y profetas, sino espiritual
y divina, porque la plenitud de la divinidad habita en él
substancialmente.
Los hombres tuvieron conocimiento de Jesucristo antes de su
venida, por la promesa del Mesías que Dios hizo a nuestros
primeros padres, Adán y Eva, y que renovó a
los santos Patriarcas; y por las profecías y muchas
figuras que Lo anunciaban.
Nosotros sabemos que Jesucristo es verdaderamente el Mesías
y el Redentor prometido, porque en él se cumplieron:
1° todo lo que anunciaban las profecías; 2°
todo lo que representaban las figuras del Antiguo Testamento.
Esas profecías predecían la tribu y la familia
de la cual debería salir el Redentor; el lugar y el
tiempo del nacimiento; sus milagros y las menores circunstancias
de su pasión y muerte; su resurrección y ascensión
al Cielo; y su reino espiritual, universal e perpetuo que
es la Santa Iglesia Católica.
Las principales figuras del Redentor en el Antiguo Testamento
son el inocente Abel; el sumo sacerdote Melquisedec; el sacrificio
de Isaac; José, vendido por sus hermanos; el profeta
Jonás; el cordero pascual; y la serpiente de bronce,
levantada por Moisés en el desierto.
Sabemos que Jesucristo es verdaderamente Dios: 1° por
el testimonio del Padre cuando dice: "Tú eres
mi Hijo amado, en Ti me complazco” (Lc. 3, 22) 2°
por el testimonio del propio Jesucristo, confirmado por los
más estupendos milagros; 3° por la doctrina de
los Apóstoles; 4° por la tradición constante
de la Iglesia Católica.
Los principales milagros operados por Jesucristo son, además
de su resurrección, la salud restituida a los enfermos,
la vista a los ciegos, la audición a los sordos, la
vida a los muertos.
Notas:
1. Catecismo de los Párrocos, redactado por decreto
del Concilio Tridentino, publicado por orden del Papa San
Pío V, denominado vulgarmente CATECISMO ROMANO, versión
fiel de la edición auténtica de 1566, con noticia
histórica y análisis crítico por el P.
Valdomiro Pires Martins, Editora Vozes, Petrópolis,
1962, 2a. edición, p. 90.
2. Todos los textos sin comillas fueron sacados del Catecismo
Maggiore promulgado por San Pío X, Roma, Tipografía
Vaticana, 1905, Edizione Ares, Milán.
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