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Los Sacramentos, sexta parte

Sacramento del Matrimonio

El Matrimonio es un sacramento que santifica la alianza del hombre con la mujer y le da las gracias necesarias para llenar sus deberes de esposos y de padres cristianos.

La señal sensible del Matrimonio representa la unión indisoluble de Jesucristo con su Iglesia. Y esta es la razón por la cual San Pablo dijo: “Este sacramento es grande en Jesucristo y en su Iglesia”. Deduce ahí el Apóstol que las mujeres deben estar sujetas a sus esposos, como la Iglesia está sujeta a Jesucristo, y que los maridos deben amar a sus esposas, como Jesucristo ama a la Iglesia (Ef. 5, 22-25).

1º Como unión natural del hombre y de la mujer, el Matrimonio existe desde el principio del mundo. Dios mismo lo estableció en el Paraíso Terrenal cuando bendijo a Adán y a Eva, diciéndoles: “Creced y Multiplicaos sobre la Tierra”.

2º Como Sacramento ha sido constituido por Nuestro Señor Jesucristo, que elevó el contrato natural a la dignidad de Sacramento, dándole la virtud de producir la gracia.

3º En virtud de esta institución, el Matrimonio entre esposos cristianos debe ser un sacramento, o si no, no es contrato válido, ni verdadero matrimonio. El contrato puramente natural no existe más que para aquellos que no han recibido el Bautismo.

Propiedades del Matrimonio
La unidad: consiste en la unión de un solo hombre con una sola mujer. Es necesaria para asegurar el afecto conyugal, la paz del hogar y la buena educación de los hijos. Dios la establecido desde el principio y N. S. Jesucristo la renovó.

La indisolubilidad: consiste en que los esposos no pueden romper su unión para contraer otra. El divorcio está formalmente condenado por Nuestro Señor y por la Iglesia. “Lo que Dios unió, el hombre no lo separe” (Mt. 19,6.)

Matrimonio civil
No es más que una simple formalidad legal, que solamente cubre los derechos establecidos por las leyes civiles. Sin el matrimonio religioso, el matrimonio civil es un vergonzoso concubinato. Los dos pseudo-cónyuges viven virtualmente en pecado mortal; son indignos de los sacramentos, sus hijos son ilegítimos ante la Iglesia, y Dios los libre de morir en este estado, privado de sepultura eclesiástica.

Materia y forma
La materia del sacramento del Matrimonio consiste en la mutua entrega de sí mismo que los dos contrayentes –ministros de este sacramento– hacen el uno al otro. Para ser válido este mutuo consentimiento contraído ante Dios y ante los hombres debe ser formalmente expresado ante el propio Párroco (o un sacerdote por él delegado) y dos testigos.

Efectos del Sacramento del Matrimonio
Este sacramento da a los esposos:
a) un aumento de la Gracia santificante;
b) las gracias sacramentales para cumplir debidamente los deberes de padres y esposos cristianos.
Obligaciones de los esposos:
Los esposos deben:
a) guardarse una fidelidad inviolable. Faltar a ese deber es una vergüenza, una injusticia, un perjurio.
b) amarse mutuamente como Jesucristo ama a su Iglesia y como la Iglesia ama a Jesucristo.
c) ayudarse en sus necesidades espirituales y corporales, asistirse en sus enfermedades, estimularse en la virtud, consolarse en sus penas, orar el uno por el otro y procurarse los últimos sacramentos.
Condiciones requeridas
1.- Para recibir válidamente el sacramento del Matrimonio es necesario: a) estar bautizado; b) carecer de todo impedimento dirimente; c) tener la intención de contraer realmente un verdadero matrimonio; d) verificar el contrato matrimonial ante el cura párroco, o ante un sacerdote autorizado por él y dos testigos. Sin estas cuatro condiciones es nulo el matrimonio.
2.- Para casarse lícitamente se requiere: a) Conocer suficientemente las verdades de la Fe, a fin de poderlas enseñar a los hijos; b) Conformarse con las prescripciones de la Iglesia relativas a las proclamas, al tiempo y a las personas; c) Recibir este sacramento en estado de gracia con recta intención.

Impedimentos del Matrimonio
Son obstáculos que se ponen a que el mismo sea legítimo, los impedientes, lo hacen ilícito; los otros, dirimentes, lo hacen nulo. Algunos impedimentos existen de derecho natural, y otros, de derecho eclesiástico. La Iglesia, establecida por Jesucristo, tiene el doble poder de decretar impedimentos y dispensar de los que ha establecido cuando lo juzga conveniente. La iglesia no puede dispensar de los impedimentos que son de derecho natural o divino como los de parentesco en primeros grados.

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