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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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Salve Regina VI (fin)
¡Oh Clementísima!
¡Oh Piadosa!
¡Oh Dulce Virgen María!

Así expresa el autor de la Salve toda la efusión del más acendrado amor a la Reina del Cielo y de la Tierra; toda la confianza en su poder y en su misericordia; todos los anhelos de servirla y enaltecerla en este mundo, de verla y amarla en la Patria sempiterna 1

   
Sedes SapientiaeLlega la hora de la despedida que siempre despierta hondas emociones entre los que se aman, y entonces, como si se propusiese dedicar a la Virgen una nueva alabanza, resumen de todas las que le había tributado, el autor de la Salve trata de enaltecer las cualidades más eminentes que resplandecen en los títulos de Reina y Madre: su piedad, su dulzura y su clemencia.

Su clemencia con los súbditos ingratos y rebeldes como Reina; su piedad y dulzura como Madre; su clemencia con los indigentes; su piedad con los tristes, los infortunados y todos cuanto se acojan a su protección y amparo; su dulzura con los buenos hijos que la sirven y aman con devoción fervorosa.

Dulce confianza
Dulces son las oraciones por medio de las cuales se elevan al Cielo incesantemente innumerables votos, fervorosos afectos y confiadas súplicas a la excelsa Madre de Dios y de loshombres, de un modo especial el Ave María, el Acordaos y el A Vuestra Protección.

Dulces las prácticas de piedad con que se venera e invoca a la Santísima Virgen, porque exhalan aromas de suavidad, fortifican y elevan las almas, particularmente el Rosario y el rezo del Angelus.

El Rosario rezado en familia, congregada en torno del Crucifijo y de la imagen de María, que veneraron y amaron nuestros antepasados, como se hacía en los gloriosos tiempos de antaño y se practica todavía felizmente en los hogares verdaderamente católicos, ofrece además un gran valor moral y social, pues los afectos familiares en este acto tan íntimo de Religión y de piedad, se dilatan y elevan con las bendiciones del cielo, y con ese amor hondo y puro que inspira el santo temor de Dios, que tanto embellece el hogar cristiano y esparce en él una dulce y santa alegría.

Dulce confianza la que inspira a todos los corazones creyentes que la aman con fervor, la invocan en sus pruebas y tribulaciones y cantan sus alabanzas. Dulce protección porque a María se acude siempre, se acude para todo, se acude de todas partes. El enfermo acude a pedir la curación, el alma inquieta, la paz; el corazón angustiado, la resignación y la calma; el ánimo desfallecido, un poco de esperanza.

Es nuestro tesoro
María Santísima es nuestro tesoro.
Tesoro que jamás se agota porque la mirada humana se pierde en la abundancia de riquezas que Dios puso en Ella.

Tesoro que jamás se cierra, abierto a todas horas, a todas horas fácil de descubrir; ni las sombras lo envuelven, ni las barreras lo circundan.

Tesoro accesible a todos, que ningunaguardia custodia, ninguna fuerza protege y que a todos invita a que allí se lleguen y provean.

¡Gracias, Dios mío, por habernos dado a María! ¡Gracias, Santa Iglesia Católica, por haberme inspirado la dulce obligación de invocar, de acudir a María! ¡Gracias amada madre mía, por haberme enseñado en mi niñez a balbucear este dulce nombre!

Todos podemos gozar del consuelo, suavidad y fortaleza que la devoción a la Virgen infunde en las almas que practican su culto y alcanzar, cualquiera sea el estado o condición social, esa perfección que consiste en consagrarse del todo a Jesucristo.

Pues bien, sepan cuantos deseen hacer esta generosa consagración a nuestro adorable Redentor que la mejor manera de hacerlo es por medio de la Santísima Virgen. Así lo enseña el fervoroso campeón de la Esclavitud de amor a María, San Luis María Grignion de Montfort en el Tratado de la Verdadera Devoción: “cuanto más consagrada esté un alma a la Santísima Virgen, tanto más lo estará a Jesucristo; he aquí por qué la más perfecta consagración a Jesucristo no es otra cosa que una perfecta y entera consagración de sí mismo a la Santísima Virgen; y ésta es la devoción que yo enseño, o con otras palabras, una perfecta renovación de los votos y promesas del Bautismo”.2


Nota:
1- P. Manuel Vidal Rodríguez, La Salve Explicada, Tipografía de “El Eco Franciscano”, Santiago de Compostela, 1923.

2- Obras de San Luis María Grignion de Montfort, Tratado de la Verdadera Devoción,  BAC, Madrid, 1954, it. 120.

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