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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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Creo en el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.
Corte Celeste (siglo XVII) - Museo Nacional de Arte Angtigua de Lisboa

Hoy concluimos la publicación de los comentarios sobre el Credo o Símbolo de los Apóstoles, en cuyas verdades debemos creer con Fe sincera, no por la palabra de los hombres, sino porque han sido reveladas por Dios y nos son transmitidas por su Iglesia infalible.

El décimo artículo del Credo nos enseña que Jesucristo ha dejado a su Iglesia el poder de perdonar todos los pecados, por muchos y graves que sean, porque Él le ha dado plena potestad para atar y desatar.

Los que en la Iglesia ejercen la potestad de perdonar los pecados son, en primer lugar, elPapa, que es el único que posee la plenitud de ese poder; luego los Obispos y en la dependencia de éstos, los sacerdotes.

La Iglesia perdona los pecados por los méritos de Jesucristo, confiriendo los sacramentos instituidos por Él con este fin, principalmente el Bautismo y la Penitencia.

La resurrección de los muertos

El undécimo artículo del Credo nos enseña que todos los hombres resucitarán, volviendo a tomar cada alma el cuerpo que tuvo en esta vida.

La resurrección de los muertos sucederá por la virtud de Dios omnipotente, a quien nada esimposible. Ello acaecerá al fin del mundo y entonces seguirá el juicio universal.

Dios ha dispuesto la resurrección de los cuerpos para que, habiendo el alma obrado el bien o el mal junto con el cuerpo, sea también junto con el cuerpo premiada o castigada.
Habrá grandísima diferencia entre los cuerpos de los escogidos y los cuerpos de los condenados, porque sólo los cuerpos de los escogidos tendrán las dotes de los cuerpos gloriosos, a semejanza de Jesucristo resucitado.

Las dotes que adornarán los cuerpos gloriosos de los escogidos son: 1) la Impasibilidad, por la que no podrán ya estar sujetos a males y dolores de ningún género, ni a la necesidad de comer, descansar o de otra cosa; 2) la Claridad, con la que brillarán como el sol y como otras tantas estrellas; 3) la Agilidad con que podrán trasladarse en un momento y sin fatiga de un lugar a otro, y de la Tierra al Cielo; 4) la Sutileza con que sin obstáculo alguno podrán penetrar cualquier cuerpo, como lo hizo Jesucristo resucitado.

Los cuerpos de los condenados estarán privados de las dotes de los cuerpos gloriosos y llevarán la horrible marca de su eterna condenación.

La vida eterna

El último artículo del Credo nos enseña que, después de la vida presente, hay otra, eternamente bienaventurada para los escogidos en el Cielo o eternamente infeliz para los condenados al infierno.

No podemos comprender la bienaventuranza de la gloria, porque sobrepuja nuestro limitado entendimiento y porque los bienes del Cielo no pueden compararse con los bienes de este mundo.

La bienaventuranza de los escogidos consiste en ver, amar y poseer por siempre a Dios, fuente de todo bien.

La infelicidad de los condenados consiste en ser privados por siempre de la vista de Dios y castigados con eternos tormentos en el infierno.

Los bienes del Cielo y los males del infierno son ahora únicamente para las almas, porque solamente ellas están ahora en el cielo o en el infierno; pero después de la resurrección, los hombres serán felices o atormentados para siempre en alma y cuerpo.

Los bienes del Cielo para los bienaventurados y los males de infierno para los condenados serán iguales en la sustancia y en la duración eterna; pero en la medida o en los grados serán mayores o menores, según los méritos o deméritos de cada cual.

La palabra amén al fin de las oraciones significa: así sea; al fin del Credo significa: así es, que vale tanto como decir: creo que es la pura verdad cuanto en estos doce artículos se contiene y estoy más cierto de ello que si lo viese con mis propios ojos.


Catecismo Mayor de San Pío X, Editorial Magisterio Español,
Vitoria, 1973, p. 36.

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