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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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Octavo artículo del Credo
“Creo en el Espíritu Santo”

El Padre ama necesaria e infinitamente al Hijo, y el Hijo ama con esta misma intensidad al Padre, y el Padre y el Hijo amándose necesariamente sin poder dejar de amarse con este amor infinito, producen un término eterno de su amor, llamado Espíritu Santo, Espíritu Paráclito, la tercera Persona, distinta realmente de las dos primeras; pero inseparable de ellas, eterno, infinito. Dios como el Padre y el Hijo, de quienes procede por cierta espiración de la voluntad o del amor, de donde toma el nombre de Espíritu Santo (1)

El octavo artículo del Credo nos enseña que existe el Espíritu Santo, tercera Persona de la Santísima Trinidad, que es Dios eterno, infinito, omnipotente. Creador y Señor de todas las cosas, como el Padre y el Hijo.

El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, por vía de voluntad y de amor, como de un sólo principio. Se dice que las tres Personas son eternas porque el Padre desde toda la eternidad engendra al Hijo, y del Padre y del Hijo procede desde toda la eternidad el Espíritu Santo.

La tercera Persona de la Santísima Trinidad se llama particularmente con el nombre de Espíritu Santo porque procede del Padre y del Hijo por vía de espiración y de amor.
Al Espíritu Santo se atribuye especialmente la santificación de las almas [aunque] las tres Personas nos santifican igualmente. La santificación de las almas se atribuye en particular al Espíritu Santo porque es obra de amor y las obras de amor se atribuyen al Espíritu Santo.

Pentecostés

El Espíritu Santo bajó sobre los Apóstoles el día de Pentecostés; es decir cincuenta días después de la Resurrección de Jesucristo y diez después de su Ascensión.

Los Apóstoles estaban reunidos en el Cenáculo en compañía de la Virgen María y de otros discípulos, y perseveraban en oración esperando el Espíritu Santo que Jesucristo les había prometido.

El Espíritu Santo confirmó en la Fe a los Apóstoles, los llenó de luz, de fortaleza, de caridad y de la abundancia de todos sus dones. Fue enviado para toda la Iglesia y para todas las almas fieles.

El Espíritu Santo, como el alma en el cuerpo, vivifica con su gracia y dones a la Iglesia, establece en ella el reinado de la verdad y del amor y la asiste para que lleve con seguridad a sus hijos por el camino del Cielo.

Operaciones en las almas

El Espíritu Santo es la vida de cada alma en particular, como es la vida de la sociedad cristiana. Por eso se lo llama Espíritu vivificador. Habita en las almas en estado de gracia como en un templo y es para ellas el principio de la vida sobrenatural, casi como el alma es el principio de la vida corporal; por eso podría decirse que, si el hombre está compuesto de cuerpo y alma, el cristiano está compuesto de cuerpo, alma y Espíritu Santo.

El Espíritu Santo se da a los fieles, particularmente, por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación y a los sacerdotes por el de Orden. Comunica a las almas la vida sobrenatural, la desenvuelve, la perfecciona y lleva a los fieles a la práctica de las buenas obras. Con este fin, las enriquece con sus dones que, en número de siete, producen en el alma actos eminentes de virtud, llamados los doce frutos del Espíritu Santo.3


Notas:
1. Pbro. D. Eulogio Horcajo Monte, El Cristiano Instruido en su Ley, Librería de la Vda. De Hernando, Madrid, 1891, p. 40-41.

2. Catecismo Mayor de San Pío X, Editorial Magisterio Español, Vitoria, 1973, pp. 22-23.

3. La Religión demostrada, P. A. Hillaire, Luis Gili Editorial, Barcelona 1924, pp. 583-584

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