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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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San Francisco de Paula:
Profeta, Taumaturgo y Fundador
San Francisco de Paula (siglo XVIII), autor desconocido- Museo de Arte Religioso, Popayán (Colombia)

La extraordinaria vida de San Francisco de Paula comprueba que la práctica heroica de la virtud puede, en algunos casos, suplir una ciencia humana defectuosa. Es lo que explica la aparente paradoja de la biografía de este Santo: un analfabeto dotado de alta sabiduría, que fue consejero de Papas y monarcas. Hizo grandes milagros y resucitó muertos. Difícilmente se forma un santo en un hogar poco cristiano, pues el ejemplo de los padres desempeña un papel muy importante en la formación de los hijos.

Lo vemos claramente en la vida de San Francisco de Paula, cuyos progenitores eran modestos agricultores de la pequeña ciudad de Paula, en la Calabria. Santiago, el padre, sustentaba a la familia con los frutos del campo, y se santificaba en la oración, el ayuno, la penitencia y las buenas obras. Su esposa, Viena, era también virtuosa, secundándolo en sus buenas disposiciones. No tenían hijos. Y, para obtenerlos, hacían "violencia" al Cielo, sobretodo pidiendo la intercesión de San Francisco, de quien eran muy devotos. Prometieron dar su nombre al primer hijo que tuviesen. El Poverello de Asís se dejó conmover y nació el niño tan deseado.

La alegría, sin embargo, duró poco. El recién nacido Francisco tuvo una infección en los ojos que amenazaba perturbarle la vista. Santiago y Viena recurrieron de nuevo al Santo: ¿sería posible que hubiese atendido sus ruegos por la mitad? Entonces prometieron, si el niño sanara y cuando la edad lo permitiera, vestirlo con el hábito franciscano y dejarlo durante un año en un convento de la Orden. La criatura sanó y creció en gracia y santidad, siguiendo el ejemplo paterno de oración y penitencia hasta llegar a los 12 años. Se le apareció entonces un fraile franciscano, recordándole que había llegado el momento en que sus padres deberían cumplir la promesa hecha. Los padres llevaron entonces al niño, con su pequeño hábito, al convento franciscano de San Marcos, en el cual era observado todo el rigor de las reglas.

Francisco, aunque no fuera obligado a ello, comenzó a observar la regla con tanta exactitud que fue un modelo hasta para los frailes más experimentados en las prácticas religiosas.

Algunos milagros marcaron la vida del niño-fraile en el convento. Un día el sacristán le ordenó precipitadamente buscar brasas para el turíbulo, aunque no indicó el modo como traerlas. Él, con total simplicidad, las llevó en su hábito, sin que éste se quemase. Otra vez, encargado de la cocina, olvidó de encender el fuego. Fue después a la iglesia a rezar y entró en éxtasis, olvidando la hora. Cuando alguien lo llamó y le preguntó si la comida estaba lista, Francisco, sin titubear, respondió que sí. Y llegando a la cocina, encontró el fuego encendido y los alimentos debidamente cocinados.

Al finalizar el año, se dirigió con los padres a Roma, Asís, Loreto y a Monte Casino.

En este último lugar, sabiendo que San Benito se había establecido a los 14 años para entregarse enteramente a Dios, se propuso hacer lo mismo. Pidió a los padres que lo dejaran vivir como eremita en la chacra que habitaban. Los padres no solo consintieron en ello, sino que diariamente pasaron a llevarle alimentos.

Pero Francisco quería más soledad. Por eso, un día desapareció y subió una montaña rocosa, donde encontró una pequeña gruta que transformó en su morada durante seis años. Vivía para Dios, en la contemplación y penitencia, se alimentaba de raíces y de hierbas silvestres. Según la tradición de su Orden, recibió allí el hábito monástico de las manos de un Ángel. Primeros discípulos, fundaciones Cuando surgieron jóvenes discípulos, ese eremita de 19 años obtuvo licencia del Obispo local para construir un monasterio en lo alto de un monte próximo a Paula.

Ese fue el origen de la Orden de los Mínimos, fundada por el Santo en 1435. Esa construcción, como otras posteriores, constituyó un continuo milagro. De él participaban los habitantes de la ciudad, ricos y pobres, nobles y plebeyos. Con su simple voz, movía enormes piedras, hacía livianos pesados árboles para ser removidos o transportados, aumentaba el número de alimentos y curaba a personas enfermas que iban a participar de las construcciones.

Entre los muchos muertos que resucitó, se destaca su sobrino Nicolás. Deseaba ardientemente hacerse monje en la Orden que su tío acababa de fundar. Pero su madre, por apego humano, se oponía tenazmente. El niño se enfermó y murió. El cuerpo fue llevado a la iglesia del convento. Francisco pidió que lo condujeran a su celda. Pasó la noche en lágrimas y oraciones, obteniendo así la resurrección del niño. Al día siguiente, de mañana, cuando su hermana fue a asistir al sepelio de su hijo, Francisco le preguntó si todavía se oponía a que él se hiciese religioso. "Ah!" - dijo ella en lágrimas-"si no me hubiese opuesto, tal vez él todavía viviría". -"¿Entonces usted está arrepentida?" -insistió el Santo. -"Ah, sí!". Francisco le trajo entonces a su hijo sano y salvo, que la madre abrazó en llantos y le dio el permiso que antes le había negado.

Pero el hecho más extraordinario, y que según se sabe solo ocurrió con Francisco, fue el de haber resucitado dos veces a una misma persona. Un cierto Tomás de Yvre, habitante de Paterne fue aplastado por un árbol mientras trabajaba en la construcción del convento de esa ciudad. Llevado al Santo, este le restituyó la vida. Tiempo después, se cayó de lo alto del campanario, haciéndose trizas contra el suelo. El Santo le restituyó nuevamente la vida.

En esa época se le apareció el Arcángel San Miguel, su protector y el de la naciente Orden, trayéndole una especie de ostensorio en el que aparecía el sol sobre un fondo azul con la palabra Caridad, que el Arcángel le recomendó que lo tomara como emblema de su Orden. Francisco pasaba las noches en plegarias, durmiendo mal sobre unas tablas. Observaba una cuaresma perpetua, a veces comiendo cada ocho días y una vez, a imitación de Nuestro Señor, sin alimento alguno. Su hábito era de una tela rústica que exhalaba un agradable perfume aunque la usaba de día y de noche. Su rostro, siempre tranquilo y ameno, parecía no sentir las austeridades que practicaba ni los efectos de la edad, pues era sereno y rozagante. El coronamiento de todas sus virtudes consistía en una admirable simplicidad.

Él era bueno, franco, cándido, servicial, siempre dispuesto a hacer el bien a cualquiera. Fue ese el espíritu que comunicó a sus hijos espirituales. Estaba dotado del don de profecía. Así, profetizó que los turcos invadirían Italia, como ya había predicho que tomarían Constantinopla. Aunque analfabeto, predicaba con tanta sabiduría que asombraba a quien lo oía. La virtud de la sabiduría y las virtudes cardenales - prudencia, justicia, temperancia y fortaleza- brillaban en su modo de ser y de actuar, como también en sus palabras. De ahí que, sin la menor cohibición, podía conversar y dar consejos a Papas, Reyes y grandes de este mundo.

En Francia

La fama de sus virtudes había llegado hasta Francia, donde Luis XI fue atacado por una enfermedad mortal. Por eso, le pidió al Santo que fuese a curarlo. Pero Francisco solo partió después de haber recibido orden formal del Papa. Eso sería providencial para la expansión de su Orden en Francia y en otros países de Europa, como Alemania y España.

Apenas estuvo con el Rey, San Francisco de Paula discernió que la voluntad de Dios no era la de curarlo sino la de llevarlo de esta vida. Y se lo dice claramente al soberano, a quien prepara para la muerte. El monarca le confió sus hijos, principalmente al Delfín, entonces con 14 años. Francisco fue confesor de la Princesa Juana, que después de ser repudiada por su marido, el futuro Luis XII, se hizo religiosa y mereció la honra de los altares. Sus devociones particulares consistían en rendir culto al misterio de la Santísima Trinidad, de la Anunciación de la Virgen, de la Pasión de Nuestro Señor, así como a los santísimos nombres de Jesús y Maria.

La "segunda muerte" de San Francisco de Paula

El Santo falleció el Sábado Santo del año 1507, a los 91 años de edad. Su cuerpo permaneció incorrupto hasta 1562. En ese año, durante las Guerras de Religión, los protestantes calvinistas - como el Santo había predicho- invadieron el convento de Plessis, donde estaba enterrado, sacaron su cuerpo del sepulcro y, sin conmoverse de verlo en tan buen estado, lo quemaron con la madera de un gran crucifijo de la iglesia. Así, el Santo fue prácticamente martirizado después de su muerte. Sin embargo, pese al odio de los enemigos de la fe, su gloria permanece para siempre.


Obras consultadas:
-Les Petits Bollandistes, Vies des Saints, d'aprés le P. Giry, Bloud et Barral, Paris, 1882, tomo IV, p. 143.
-Edelvives, EI Santo de Cada Día, Editorial Luis Vives, S.A., Zaragoza, 1947, tomo II, pp. 333 y ss.
-Pe. José Leite S.J., Santos de Cada Día, Editorial A. O., Braga, 1993, pp. 412-413.
-Fr. Justo Pérez de Urbel. O.S.B., Año Cristiano, Ediciones Fax, Madrid, 1945, 3era.. edición, pp. 20 e ss.

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