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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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San Vicente de Paul,
fundador de la Congregación de las
Misiones y las Hermanas de la Caridad

El 2 de abril de 1581 la familia de Juan de Paul vio nacer en su humilde vivienda al tercero de sus nueve hijos, a quien sus padres, labriegos de Pouy, comarca próxima a Dax, en la región de Aquitania, bautizaron Vicente1.

En aquellos días, la vida no era fácil para las familias campesinas, ni siquiera para sus vástagos más pequeños. Vicente, despierto y vivaz, debía salir todas las mañanas llevando a pastar el ganado, por lo general descalzo y con escaso alimento y en el campo pasaba todo el día, regresando al anochecer.

La vocación religiosa
Desde pequeño Vicente dio muestras de inteligencia y vivacidad, por lo que sus padres decidieron enviarlo a Dax, 5 kms. al sudoeste de su aldea natal, para que cursase sus estudios primarios y secundarios en el colegio franciscano. Finalizados los mismos pasó a Toulouse, decidido a iniciar la carrera eclesiástica. Tenía 17 años y estaba feliz, sin embargo, esa felicidad desaparecería con la muerte de su padre en 1598. Atormentado por el remordimiento, debió haber orado mucho implorando perdón por la vergüenza que sus humildes orígenes y la figura de su padre le habían producido en sus años de estudiante. “Siendo un muchacho, cuando mi padre me llevaba a la ciudad, me daba vergüenza ir con él y reconocerle como padre, porque iba mal trajeado y era cojo. Recuerdo que en una ocasión, en le colegio donde estudiaba me avisaron que había venido y yo me negué a verle”. Sin embargo, habría de honrar con creces a aquel hombre trabajador y piadoso, llevando a cabo una obra titánica que inmortalizaría su nombre.

Rumbo a París
Aquel 1598, cuando tenía 17 años, Vicente recibió la tonsura y las órdenes menores y después de rechazar el dinero de la herencia que su progenitor le había dejado, por considerar que no lo merecía, comenzó a enseñar humanidades en el Colegio de Buzet. Dos años después, el 23 de septiembre de 1600, el anciano Obispo Périgueux de Chateau-l’Eveque, lo ordenó sacerdote y casi enseguida le confió una parroquia en la ciudad de Dax. Sin embargo, al cabo de un tiempo, después de obtener el doctorado en Teología (1604) viajó a Paris donde se estableció permanentemente y hasta logró el puesto de Capellán de la Reina, Margarita de Valois, lo cual, de acuerdo a la costumbre de la época, implicaba recibir las rentas de una pequeña abadía2. Las versiones de un viaje a Marsella y sus tribulaciones en Túnez, después de haber sido capturado por piratas berberiscos, no han podido ser comprobadas.

La casa natal del santo en las afueras de Pouy

El Conde de Gondi
En 1609 conoció al futuro Cardenal Pedro de Bérulle, por entonces un simple sacerdote, quien primero lo recomendó como sucesor del párroco de Clichy-la-Garenne, una aldea semirural de 600 habitantes, a una legua de París (1612) y después como tutor y director espiritual de los hijos del Conde Felipe de Gondi (1613). El P. Vicente aceptó y tres años después, cuando la familia se hallaba en su residencia de verano de Folleville, escuchó la confesión de un campesino gravemente enfermo que le relató numerosos actos sacrílegos que había cometido en su vida. Fue entonces que después de conversar el asunto con la Condesa de Gondi y viendo el abandono espiritual en el que había caído el campesinado francés, comenzó a predicar en la iglesia del lugar, instruyendo a la feligresía en el sacramento de la confesión.

Capellán de los galeotes
Ese mismo año, y siguiendo consejo de Bérulle, el P. Vicente dejó la tutoría de los Gondi para hacerse cargo de la parroquia de Chatillón-les-Dombes donde conseguiría la conversión del libertino Conde de Rougemont y otros individuos propensos a la vida licenciosa y el escándalo, algo que impresionó a las personas de la época. Sin embargo, sus destinos iban a ser otros. El P. Vicente regresó a París y al cabo de un tiempo, se hizo cargo del alma de los galeotes de la Conserjería, de quienes fue nombrado Capellán gracias a las influencias del Conde Gondi. Los condenados, abandonados y desamparados, encontraron en él un refugio espiritual que les devolvió las esperanzas de vivir. Incluso se ha dicho que en cierta oportunidad, tomó el lugar de uno de ellos para aliviar su dolor.

La Congregación de las Misiones
Corría 1622 cuando fue a predicar a Burdeos. Tres años después, la piadosa Condesa de Gondi le hizo jurar que siempre la asistiría espiritualmente y estaría junto a ella a la hora de su muerte. La noble dama, deseosa de ayudar a sus súbditos, pidió a su marido que intercediese ante su tío (según otras versiones era el hermano), el Arzobispo de París, para que el P. Vicente pudiese emprender una de sus obras más grandes: la Congregación de las Misiones. Y así fue como el alto dignatario puso a su disposición el Colegio de los Bons Enfants para alojar allí a la flamante comunidad. San Vicente tomó posesión del mismo en 1625 y después de poner en práctica sus votos simples de pobreza: obediencia, castidad y perseverancia, y de establecer las reglas de la congregación, a saberse, renunciar a las dignidades eclesiásticas, vivir de un fondo común y llevar la Palabra de Dios al campesinado, inició su titánica cruzada.

Las Hermanas de la Caridad
En 1633 recibió del superior de los Canónigos Regulares de San Víctor, el convento de San Lázaro y desde allí dio impulso a otra de sus grandes iniciativas, las cofradías de la caridad, antecedente inmediato de las Hermanas de la Caridad que fundaría junto a Santa Luisa de Marillac, la primera de las cuales se estableció en Chatillón, para socorro de los enfermos y menesterosos.

Con el objeto de apuntalar a la naciente congregación, el P. Vicente dio forma a las Damas de la Caridad reclutando para ello a las señoras más distinguidas y ricas de París, a quienes encomendaría las grandes obras de beneficencia que se emprendieron a partir de allí.

Socorro de los desvalidos
Habiendo estallado la guerra en la región de Lorena, San Vicente destinó a ella importantes sumas, despachando al mismo tiempo a doce de sus misioneros con precisas instrucciones de socorrer a heridos y enfermos. Mientras tanto, fundaba en París lazaretos, hospitales, asilos para ancianos y establecimientos para huérfanos. Entre tanto redactó una guía de retiros espirituales destinada a aquellos que deseasen abrazar el sacerdocio, dictando a la vez una serie de conferencias tendientes a evitar los abusos y la ignorancia dentro del clero.

Enemigo de los herejes
A los misioneros enviados a Lorena siguieron otros con destino a Polonia, Irlanda, Escocia y las islas Hébridas mientras se daba impulso a una colosal campaña que dio como resultado el rescate de 1200 prisioneros cristianos del norte de África. Dada su fama de santidad, el rey Luis XIII lo mandó llamar para que lo asistiese en sus últimos momentos de vida y su viuda, la regente Ana de Austria, para consultarlo acerca de asuntos inherentes a la Iglesia y la concesión de beneficios. En vista de ello, Vicente exigió a la soberana la renuncia del Cardenal Mazarino, ministro de la Corte, sucesor de Richelieu, a quien consideraba nefasto para el pueblo y responsable de las guerras de la Fronda, cosa que no logró. En 1652, las hermanas benedictinas de Gante establecieron con su ayuda el convento de Boulogne.

Otro asunto que preocupó notablemente a San Vicente fue la rápida difusión del jansenismo y, en ese sentido, dedicó largas horas de oración, predicó y fue tremendamente severo con aquellos religiosos que profesaban tal error. Abocado a esa lucha falleció el 27 de septiembre de 1660, a los 80 años de edad, después de una vida intensa, dedicada al bien y la caridad, siendo enterrado en el coro de la capilla de la iglesia de San Lázaro. En 1712 el Arzobispo de París hizo exhumar su cuerpo comprobando que se hallaba incorrupto y su sotana en perfecto estado.

Patrono de la caridad
El 13 de agosto de 1729 el Papa Benedicto XIII beatificó a San Vicente de Paul; el 16 de junio de 1737 Clemente XI lo canonizó y el 12 de mayo de 1885 León XIII lo proclamó “Patrono de todas las Instituciones dedicadas a la Caridad”. La Iglesia conmemora su fiesta el 27 de septiembre de cada año.


1- Versiones erróneas sostienen que nació en Ranquine y otras en la misma Dax
2- Alban Butler, Vida de los Santos, Vol. III, 1ª Edición, México, 1965, p. 141

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