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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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Beata María del Tránsito Cabanillas,
la “Santa de la Canastita”

El 15 de agosto de 1821 nació cerca de la actual Villa Carlos Paz, provincia de Córdoba, María del Tránsito Eugenia de los Dolores Cabanillas, que pasaría a la historia como “la santa de la canastita”, por sus constantes pedidos de limosnas. Fueron sus padres don Felipe Cabanillas y Toranzo y doña Francisca Antonia Sánchez, descendientes ambos de antiguas familias de colonos españoles

La Beata María del Tránsito Cabanillas y sus monjas salían a recorrer los alrededores, canasta en mano, solicitando limosnas para alimentar a los desvalidos. De ahí el apodo con el que pasaría a la posteridad: la “Santa de la Canastita”. Debió por ello afrontar malos tratos y hasta el desprecio de muchos de los vecinos que las trataban de “pordioseras” que deshonraban el hábito que vestían

 

La estancia en la que María del Tránsito vino al mundo, Santa Leocadia, propiedad de sus ancestros desde tiempos inmemoriales, se hallaba ubicada en la confluencia de los ríos San Antonio y Cosquín, junto al pequeño caserío de San Roque, en cuya capilla recibió el sacramento del bautismo de manos del Pbro. Dr. D. Mariano Aguilar (10 de enero de 1822). Estancia, aldea e iglesia quedaron sumergidas bajo las aguas del lago San Roque cuando en 1890 se construyó la gran represa, hoy importante atractivo turístico.

El hogar paterno

De los diez hermanos de la beata, tres fallecieron prematuramente, cuatro contrajeron matrimonio y los otros cinco se consagraron al Señor, lo que habla a las claras de la piedad y el fervor religioso de aquel añejo hogar de cuño hispánico.

María del Tránsito fue testigo en su infancia de las guerras civiles que asolaron a la nación hasta mediados del siglo XIX. Tomó su primera comunión en la capilla de la estancia, a los doce años de edad y tres años después se confirmó mientras se preparaba para viajar a Córdoba a completar sus estudios.

Una vida al servicio del prójimo

Muerto su padre en 1850, la familia Cabanillas se radicó definitivamente en Córdoba. Ya en la capital provincial, mientas se abocaba de lleno a sus estudios, María del Tránsito se dedicó a atender a un hermano que por aquellos años se hallaba en el seminario preparándose para la vida sacerdotal.

Inclinada siempre a la oración y la caridad, integró las Conferencias Vicentinas de la capital provincial mientras cuidaba a sus hermanos menores, para los que fue una verdadera madre. Y hasta tal punto llegó su dedicación en pro de los enfermos que, en 1867, contrajo cólera durante la terrible epidemia que aquel año azotó la región, haciendo peligrar su vida.

Su vocación religiosa

Tras el deceso de su madre, acaecido el 13 de abril de 1858, la devota Tránsito ingresó en la Tercera Orden Franciscana para intensificar su vida de oración y hacer penitencia, adoptando el nombre de María del Tránsito de Jesús Sacramentado. Tuvo entonces, en el futuro obispo de Salta, R.P Buenaventura Rizo Patrón, a su confesor y guía espiritual, quien habría influido tan profundamente en su alma que menos de un año después hizo votos de virginidad perpetua e inició el servicio a Dios y los necesitados.

Su admiración por la figura de San Francisco de Asís la llevó a profundizar en su vida y a forjar su espíritu de consagración que habría de plasmar años después en importantes obras de caridad.

Sor María del Tránsito tomó contacto en 1871 con doña Isidora Ponce de León, notable benefactora interesada en erigir un monasterio carmelita en Buenos Aires. Inaugurado el 19 de marzo de 1873, la beata ingresó ese mismo día con la intención de hacer vida de clausura.

La voluntad de Dios

Sin embargo, su salud se resquebrajó. Por esa razón, en abril del siguiente año abandonó el convento pensando en su restablecimiento y cuando creyó haberse recuperado, ingresó en la residencia que las religiosas de la Visitación tenían en Montevideo, pero una recaída acaecida a los pocos meses, la obligó a regresar.

Era evidente que el Señor la quería para otra cosa y eso fue lo que, sin duda, interpretó, una vez de regreso en el país.

La estancia, Santa Leocadia, en cuya capilla María del Tránsito nació y                recibió el sacramento del bautismo se hallaba ubicada en la confluencia de los ríos San Antonio y Cosquín, junto al pequeño caserío de San Roque. Estancia, aldea e iglesia quedaron sumergidas bajo las aguas del lago San Roque cuando en 1890 se construyó la gran represa

Una nueva congregación

Fue entonces que retomó la idea de dedicarse a la enseñanza, a la asistencia de la infancia y a la ayuda del menesteroso. Y tras obtener la aprobación eclesiástica el 8 de diciembre de 1878, dio comienzo a su proyecto de dar forma a una congregación religiosa abocada de lleno a aquellas actividades.

Después de asistir a una serie de ejercicios espirituales predicados por el Padre Ciríaco Porrecas O.F.M. de Río Cuarto, a quien había conocido a través de D. Agustín Garzón, notable benefactor cordobés, sor María del Tránsito fundó la Congregación de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas de la Argentina, asistida por sus compañeras Brígida Moyano y Teresa Fronteras.

El 4 de diciembre fue para ella un día inolvidable y cada vez que cerraba los ojos rememoraba ese momento glorioso en el que, de rodillas frente al altar de la pequeña capilla, junto a sus compañeras Brígida y Teresa, recibió la bendición del Vicario Capitular, Monseñor Uladislao Castellanos, frente a numerosos sacerdotes, a las damas que oficiaban de madrinas y personalidades de la sociedad cordobesa.

El 2 de febrero de 1879 María del Tránsito y sus colaboradoras emitieron su profesión religiosa y el 27 del mismo mes solicitaron a fray Bernardino de Portogruaro, Ministro General de la Orden de los Frailes Menores, la incorporación de la recientemente fundada congregación a la Orden Franciscana, lo que fue aprobado de manera definitiva el 28 de enero de 1880.

La expansión de la obra

No tardó en crecer y multiplicarse aquella obra en la que sor María del Tránsito había invertido todo su capital. Al poco tiempo funcionaba un colegio adjunto, el Instituto Santa Margarita de Cortona, en el barrio de San Vicente, seguido por el de Nuestra Señora del Carmen, en Río Cuarto y el de la Inmaculada Concepción, en Villa Nueva, incorporándose el 18 de febrero de 1882 las Hermanitas Pobres de San Francisco. Por entonces, la fundadora mantenía una estrecha vinculación con fray Mamerto Esquiú, con quien tuvo largas pláticas, encuentros de oración y confesiones.

Acción apostólica

La fundadora y sus monjas se hicieron cargo de cuanta huérfana y anciano se les cruzó en el camino, razón por la cual salían a recorrer los alrededores, canasta en mano, solicitando limosnas para alimentarlos. De ahí el apodo con el que pasaría a la posteridad. La tarea no fue fácil pues debieron afrontar malos tratos y hasta el desprecio de muchos de los vecinos que las trataban de “verdadera molestia” y hasta de “pordioseras” que deshonraban el hábito que vestían.

Injusta persecución

Sin embargo, lo peor ocurrió cuando un emisario de la Iglesia, enviado especialmente a estudiar la situación, ordenó su encierro en una celda, donde fue recluida a pan y agua. Y en esa situación la sorprendió la muerte el 25 de agosto de 1885, cuando contaba 64 años de edad, cinco años después de aprobada su orden. La rodeaban sus religiosas y discípulas, todas ellas presas de vivo pesar y a ellas les dijo:“Yo ya no les hago falta, porque no puedo hacer nada. Pero cuando muera, desde el cielo les haré muchos bienes”. Esas fueron sus últimas palabras. Murió santamente, como santamente vivió, dejando impregnado en el espíritu de sus hermanas, su fervor por la niñez, los enfermos y los desposeídos.

Sus restos fueron depositados al pie del altar, en la capilla de la Casa Madre que las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas poseen en el Barrio San Vicente donde yacen hasta hoy.

La admiración de la Beata María del Tránsito por la figura de San Francisco de Asís la llevó a profundizar en su vida y a forjar su espíritu de consagración que habría de plasmar años después en la fundación de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas de la Argentina

Proceso de beatificación

El proceso de canonización de la Madre Tránsito comenzó en 1961 cuando, por sus virtudes heroicas, Mons. Ramón Castellanos otorgó el beneplácito diocesano. En 1974 se abrió en Roma el de beatificación que finalizó el 14 de abril de 2002 cuando S.S. el Papa Juan Pablo II la declaró Beata, convirtiéndola en la primera argentina en llegar a la gloria de los altares. La gran impulsora de la causa sería Aída Rojas Pérez, vicepostuladora de la Positio Super Virtudes y ferviente devota de la religiosa.

El milagro

Uno de los requisitos para ser declarado beato es la realización de un milagro. En el caso de María del Tránsito fue la prodigiosa curación de Roque Chielli, sacerdote italiano radicado en Salta, que logró recuperarse media hora antes de ser intervenido por un aneurisma cerebral, después de invocar a la religiosa. La sanación, que tuvo lugar en 1970, fue demostrada científicamente mediante estudios practicados al paciente, quedando comprobado que la afección había desaparecido completamente.

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