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San Francisco Solano,
apóstol del norte argentino
El 9 de marzo de 1549 nació en Montilla, Andalucía, San Francisco Solano, apóstol de las tierras del Tucumán y “taumaturgo del Nuevo Mundo”, tal como lo llamaron quienes estudiaron su vida y sus milagros
San Francisco Solano fue criado en el elevado ambiente social al que pertenecían sus progenitores, don Mateo Sánchez Solano y doña Ana Jiménez, apodada “la Hidalga”. Francisco fue el hijo menor del matrimonio, siendo sus hermanos Diego e Inés.
Su padre fue alcalde de Montilla y su abuelo un importante médico de la ciudad, en la que Francisco cursó sus estudios, demostrando desde pequeño una especial habilidad para imponer paz entre los contendientes. Se dice que bastaba que corriera hasta donde había pelea para que la misma finalizara.
Su vocación sacerdotal
Francisco ingresó en el Colegio de los Jesuitas a los cuatro años de edad y desde entonces comenzó a frecuentar la iglesia de San José, donde gustaba dar limosnas y enseñar el catecismo a los niños pobres del lugar.
Sus biógrafos suponen que en su adolescencia ciertamente conoció a San Juan de Ávila, fallecido en Montilla cuando Francisco tenía 20 años. Por entonces, estudiaba en el Colegio Jesuita de Córdoba, asombrando a todo el mundo al preferir las oraciones antes que fiestas y tabernas.
Nuestro santo inició estudios de Medicina pero al poco tiempo, desencantado, ingresó en el convento franciscano de San Lorenzo, próximo a la Huerta del Adalid, en las afueras de Montilla.
El 25 de abril de 1570 hizo profesión de fraile. Fue destinado al convento de Nuestra Señora de Loreto, en el Aljarafe, donde estudió Filosofía y Teología hasta 1576, cuando se ordenó. Maestro de novicios en San Francisco del Monte y Azurrafa, partiendo luego a predicar por tierras de Andalucía. Al estallar la fiebre tifoidea, se dedicó junto a Fray Buenaventura a socorrer a los enfermos con tanto fervor, que despertó la admiración de cuantos le conocieron.
Rumbo a América
Pasado el flagelo solicitó misionar en África pero el permiso le fue denegado. Sin embargo, poco después Felipe II solicitó a su orden el envío de sacerdotes a América del Sur y hacia ese destino fue enviado Francisco, para bien de los pueblos incultos y paganos de aquella apartada región del Imperio.
En febrero de 1589 partió de San Lucar de Barrameda, en una gran expedición compuesta por 36 embarcaciones a bordo de las cuales viajaban 300 efectivos de infantería y 70 misioneros.
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"Vida, virtudes y milagros del apóstol del Perú, el venerable padre Fray Francisco Solano"
Imp. Real. Madrid. 1643 |
Naufragio en el Pacífico
Desde Panamá pasó Solano al Pacífico a través de la selva, en una penosa travesía por tierra, embarcando nuevamente hacia el Perú. Y fue en pleno océano que lo sorprendió una terrible tormenta, zozobrando su nave a la altura de la isla Gorgona, frente a Colombia y Ecuador. En medio del pánico general Solano subió a cubierta, crucifijo en mano, para infundir ánimo a los aterrorizados pasajeros, muchos de ellos esclavos negros que viajaban encadenados. El barco encalló y Francisco, despojado de sus ropas, debió nadar un buen trecho hasta la costa. Las olas se encargaron de hacer llegara la isla su hábito y su cordón.
En aquel lugar pasaron muchas penalidades y la salud de Francisco comenzó a resentirse. Llovía casi permanentemente y había muchas tormentas. Pero el hambre fue el peor de los flagelos, obligando a los sobrevivientes a vivir de cangrejos, peces y culebras. Gran asombro causó a todos que los cangrejos acudiesen a la choza del santo, como obedeciendo algún llamado.
Del naufragio rescataron los marinos un cuadro de la Virgen, construyendo para ella una pequeña capilla en la que Solano predicó en Navidad prometiendo que pronto llegaría el socorro esperado. Y así ocurrió.
Apóstol del Tucumán y Paraguay
Un día llegó un barco que recogió a los sobrevivientes y los condujo al puerto peruano de Payta, desde donde Francisco emprendió viaje a pie hasta el Tucumán, atravesando Jauja, Ayacucho, Cuzco, el Titicaca, La Paz, Potosí, Humahuaca, Jujuy, Salta y Esteco, punto final de su travesía. Una verdadera epopeya.
San Francisco Solano recorrió el continente durante veinte años predicando, evangelizando y bautizando a los indios, siendo célebre su facilidad para aprender los dialectos aborígenes. Pero lo más admirable fue la rapidez con la que se hizo entender.
Desde Esteco San Francisco partió al Paraguay, penetrando las exuberantes selvas del Chaco y atrayendo con su violín a las tribus más sanguinarias y hostiles. Era increíble ver como salvajes que no habían dudado en masacrar y martirizar a poblaciones enteras, se sentaban a los pies del santo para escuchar primero su música y luego la palabra del Señor.
Solano recorrió el Gran Chaco, el Paraguay, Santa Fe, la Banda Oriental y Córdoba, siempre a pie y solo, convirtiendo a los indios y apaciguando a los colonos españoles. Recorrió también el Altiplano, Chile y Perú.
Hechos milagrosos
Ocurrió que un Jueves Santo, mientras predicaba en La Rioja, corrió la voz de que una horda de 9000 indígenas se disponía atacar la ciudad. Y mientras todo el mundo corría en pos de armas y tomaba posiciones para la defensa, San Francisco salió con su crucifijo en la mano y colocándose frente a los bárbaros les habló de manera clara y firme, como cuando predicaba. Y así fue que aquellos desistieron y aceptaron el bautismo. En señal de agradecimiento, San Francisco entronizó al Niño Dios como Alcalde de La Rioja, dando origen a la célebre fiesta del Tinkunaco.
Otro día, en San Miguel de Tucumán, un embravecido toro abandonó la arena y se abalanzó por las calles. Los pobladores desesperados llamaron al misionero y éste, enfrentando a la bestia alzó un brazo y la apaciguó, logrando que se le acercara y le lamiera las manos mientras se dejaba conducir de regreso al corral.
Después de muerto, San Francisco regresó al mundo (1692) para advertir a los pobladores de Esteco que, de persistir en el pecado, su ciudad sería destruida, tal como ocurrió.
Después de más de una década de apostolado, San Francisco fue llamado a Lima, centro del poder español, sede de los virreyes del Perú y asiento del Arzobispado y de la Real Audiencia, en la que destacaban su elevado número de palacios, colegios, conventos, hospitales y la famosa Universidad de San Marcos. Cuando San Francisco llegó, vivían allíhombres de inmensa fe como San Martín de Porres, el arzobispo Santo Toribio Mogrovejo y Santa Rosa de Lima.
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Parroquia de San Francisco Solano (Montilla, Córdoba,1681) |
Su paso a la inmortalidad
En la Ciudad de los Reyes, San Francisco Solano fue designado guardián del Convento de la Recolección. Y en Trujillo tuvo la profética visión del terrible terremoto que sacudiría a la ciudad 15 años después (1619), vaticinando que la gran iglesia se hundiría pero que quedaría intacto el púlpito y debajo de éste una anciana mujer ilesa, tal como aconteció.
De regreso en Lima, enfermó gravemente (1605), quedando postrado en un hospital. En 1609 un sismo sacudió la ciudad tan violentamente que el agua se derramó de las fuentes y las campanas de los templos tocaron solas. Las iglesias se llenaron de gente y entonces Francisco salió a predicar, pese a que casi no podíatenerse en pie. Y siguiendo su costumbre, dio grandes voces invitando al arrepentimiento y la conversión.
San Francisco Solano falleció el 14 de junio de 1610, día en que centenares de pájaros se posaron en su ventana y las campanas de Nuestra Señora de Loreto tocaron solas.
Tras un magnífico funeral, al que asistieron mas de 5000 personas, su cuerpo fue depositado en la catedral de Lima donde descansa junto a Santo Toribio Mogrovejo. El convento franciscano de La Rioja conserva la celda que ocupó en 1592, junto al naranjo que ese mismo año plantó.
Fue canonizado el 27 de diciembre de 1726 y hoy se lo recuerda como patrono de las ciudades de Montilla, Lima, Panamá, Cartagena de Indias, La Habana, Ayacucho y La Plata y como protector de la Unión de Misioneros Franciscanos, de los terremotos y del folklore argentino.
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