|
Los
mártires de Barbastro, España
La
historia de España, épica y colosal, grandiosa
y dramática, sobrecargada de heroísmo,
tragedia, epopeya y dolor, nos ofrece centenares, por
no decir miles, de ejemplos de hazaña, sacrificio,
honor y fortaleza espiritual como el que a continuación
narraremos
 |
Seminaristas
del Seminario de Cervera. Muchos de ellos fueron
trasladados a Barbastro en Julio de ese año
y fueron fusilados en Agosto |
El 18 de julio de 1936, habiéndose producido
el Alzamiento Nacional, estalló en España
la feroz guerra que iba a azotar su suelo por casi tres
años. Las medidas adoptadas por el gobierno republicano
de Madrid, entregando indiscriminadamente armas al pueblo
e iniciando una feroz persecución desde el día
19, dividieron a la nación en dos, pronunciándose
las autoridades de la ciudad de Barbastro, en el corazón
de Huesca (Aragón), partidarias de las fuerzas
comunistas, lo que equivalía a declararse acérrimas
enemigas de la Iglesia Católica.
Destacaba en el centro de la urbe, frente a la plaza,
el Colegio de los Escolapios y algo más allá,
la casa de los misioneros claretianos, a cuyo frente
se hallaba el P. Felipe de JesúsMunárriz,
a quien asistían el consultor primero y prefecto
de teólogos Juan Díaz Nosti, el consultor
segundo Nicasio Sierra y el ministro Leoncio Pérez.
La comunidad religiosa totalizaba 59 misioneros, algunos
de ellos estudiantes seminaristas y profesores.
Acusaciones infundadas
Se hallaban los religiosos reunidos en la casa cuando
el 20 de julio, es decir, dos días después
de estallado el conflicto, se presentaron vociferando
60 individuos fuertemente armados, todos del comité
local, con la orden de efectuar una violenta requisa
y detener a los hermanos, a quienes acusaban de esconder
armas y planear un complot antigubernamental. De nada
valieron las explicaciones del superior en el patio,
donde la comunidad se había reunido.
–¡Aquí no hay armas ni política.
Somos simples religiosos!
Los comunistas lo insultaron y a empellones y culatazos
condujeron a los religiosos hasta el colegio, donde
quedaron alojados en un salón, sin acceso al
agua, sin posibilidades de aseo, sin colchones y con
escaso alimento. El hermano Jaime Falgarona, enfermo
en cama con 39 grados de fiebre, fue sacado de su habitación
a la rastra y arrojado con el resto en prisión.
Se les prohibió hablar en voz alta y reunirse
en grupos y así permanecieron encerrados durante
casi un mes, en un lugar inhabitable y con un calor
cada vez más sofocante. En ese lapso, cuatro
veces se les anunció que se los iba a fusilar,
como parte de la tortura psicológica a la que
fueron sometidos. Mientras tanto, afuera, el pueblo
gritaba enardecido exigiendo a los captores que asesinasen
a los religiosos ahí mismo, insultando y blasfemando
como poseídos.
 |
| Mons.
Florentino Asensio Barroso, también fue
ejecutado por los comunistas |
Los primeros mártires
Los comunistas se presentaron nuevamente el 21 de julio
para llevarse a la cárcel municipal al Padre
Superior Felipe de Jesús Munarriz, al Prefecto
Juan Díaz Nosti, al P. Leoncio Pérez,
al sacerdote escolapio
P. Crisantos Domínguez y a otros religiosos con
grado jerárquico y el 2 de agosto, los sacaron
con las manos atadas por la espalda, en compañía
de un grupo de seglares, rumbo al cementerio donde los
fusilaron a mansalva. También ejecutaron al Obispo
de Barbastro, D. Asensio Barroso a quien los rojos tenían
un encono terrible.
La fuerza de la Fe
El 12 de agosto fue un día inolvidable para los
valerosos hombres de Dios. Eran las siete de la mañana
cuando un representante del comité irrumpió
en el salón pidiendo sus nombres y, acto seguido,
separaron a dos estudiantes argentinos, Hall y Parussini,
quienes salvaron sus vidas por su condición de
extranjeros. Según el relato de uno de ellos:
“Todos se confesaron por última vez
y pasaron el día en oración. Todos estaban
contentos de sufrir algo por la causa de Dios. Todos
perdonaban a sus verdugos y prometían rogar por
ellos en el cielo”. Las palabras escritas
por uno de los condenados, antes de ser conducido al
cadalso, producen escalofríosaunque también
una enorme emoción: “Con el corazón
henchido de alegría santa, espero confiado el
momento cumbre de mi vida: el martirio. No se nos ha
encontrado ninguna causa política. No se nos
ha habido ningún juicio. Morimos todos contentos
por Cristo, por su Iglesia y por la fe de España”.
“Queridos padres: muero mártir por
Cristo y por la Iglesia. Muero tranquilo cumpliendo
mi sagrado deber. Adiós, hasta el cielo”.
En una envoltura de chocolate, el P Faustino Pérez
apuntó: “Agosto, 12 de 1936, en Barbastro.
Seis de nuestros compañeros son ya mártires:
Pronto esperamos serlo nosotros también. Pero
antes queremos hacer constar que morimos perdonando
a los que nos quitan la vida y ofreciéndola por
la ordenación cristiana del mundo obrero, el
reinado definitivo de la Iglesia Católica, por
nuestra querida Congregación y por nuestras queridas
familias” y finaliza diciendo: “Vive inmortal,
Congregación querida. Mientras tengas en las
cárceles hijos como los que tienes en Barbastro,
no dudes que tus destinos son eternos. ¡Quisiera
haber luchado en tus filas: Bendito sea Dios!”.
 |
Grupo
de soldados el 28 de Marzo de 1938 con la
Custodia de la Catedral de Barbastro, que logró
salvarse y todavía se conserva (foto Heraldo
de Aragón) |
Ninguno mostró cobardía
Esa noche irrumpieron una vez más en el salón
los emisarios de la muerte para llevar al patíbulo
a un nuevo grupo de mártires. Para entonces se
habían confesado todos y después de rezar
se acostaron. No habían pasado dos horas cuando,
a media noche, se abrieron las puertas y entraron los
comunistas con cuerdas ensangrentadas en sus manos.
“Bajen del escenario los que tengan más
de 26 años!”. Como nadie los tenía
nada pasó. Entonces se encendieron las luces
y se leyeron los primeros veinte nombres a los que,
con voz firme se respondió: “¡Presente!”.
Los milicianos hicieron formar a los detenidos contra
la pared mientras les ataban las manos a la espalda
y los codos de dos en dos. “Todos estaban
tranquilos y resignados: sus rostros tenían algo
de sobrenatural que no es posible describir. En todos
se notaba el mismo valor, el mismo entusiasmo; ninguno
desfalleció ni mostró cobardía”.
Los que quedaron en el escenario contemplaban resignados
aunque doloridos la espantosa escena. Oyeron a algunos
perdonar a los que los ataban y a otros recoger del
suelo las cuerdas, besarlas y dárselas a sus
verdugos. Alguno gritó: “Adiós
hermanos, hasta el cielo”. Uno de los guardias
comentó dirigiéndose a los que quedaban
en el escenario: “Vosotros todavía
tenéis un día más para comer, reír,
divertiros, bailar y hacer lo que queráis. Mañana
a esta misma hora vendremos a buscaros como a esos y
os daremos unpaseíto a la fresca hasta el cementerio”.
Poco después, el siniestro sonido de las descargas
indicó a los que aún permanecían
con vida que sus hermanos ya se hallaban junto a Cristo
Rey y su Santa Madre.
 |
| D.
Antonio Pueyo, testigo de los fusilamientos desde
la Torre La Jaqueta, y D. Gabriel Campo Villegas,
autor del libro “Esta es nuestra sangre”
junto al monolito erigido en memoria de los Misioneros
Claretianos martirizados en Barbastro |
“Por ti, mi Reina,
la sangre dar”
Cuando todos dormían, la noche del 14 al 15 de
agosto, un nuevo grupo armado irrumpió en el
salón gritando como demonios. Los religiosos
se levantaron y aguardaron, viendo con sorpresa que
los facinerosos excluían al Hermano Ramón,
cocinero de la comunidad a quienle dijeron que se apartase
a un costado. Comprendiendo que aquello era el fin,
se abrazaron mientras los ataban y los golpeaban. Salieron
en plena noche los 17 estudiantes, cantando con valentía
increíble mientras subían al camión.
Semejaban los mártires cristianos cuando, arrojados
a los leones en presencia de Nerón, entonaban
himnos al Señor, felices por saber que en breve
estarían con Él.
Ya en el cementerio, los bajaron y colocados junto
a sus fosas de pie o de rodillas, unos con los brazos
en cruz, otros con el rosario o un crucifijo entre las
manos, escucharon la última proposición:
“Aún estáis a tiempo. ¿Qué
preferís: ir en libertad al frente o morir?”.
La respuesta fue terminante y no se hizo esperar:
“¡Morir!, ¡Viva Cristo Rey!”.
Las detonaciones sacudieron los alrededores mientras
en el cercano santuario del Pueyo, la Virgen abría
los brazos con infinita ternura para recibir en su regazo
a ese nuevo batallón de mártires de nuestra
sagrada Fe.
Hoy el lugar se halla marcado por un sencillo monumento
que recuerda aquel horror y los restos de los 51 mártires
yacen en la iglesia de Barbastro, en un bello mausoleo
visitado por los viajeros que atraviesan la región.
El 25 de octubre de 1992 el Papa Juan Pablo II beatificó
a aquellos héroes, pronunciando en su alocución,
emotivas palabras que inflamaron los corazones de quienes
se hallaban presentes en la ceremonia. Dijo el Santo
Padre: “Los mártires de Barbastro,
siguiendo a su fundador San Antonio María Claret,
que también sufrió un atentado en su vida,
sentían el mismo deseo de derramar la sangre
por amor de Jesús y de María, expresada
con esta exclamación tantas veces cantada: ‘Por
ti, mi Reina, la sangre dar’”.
Las fotos son gentileza de: www.barranque.com/imagenes/guerra.htm
|