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San Martín de Tours,
Santo Patrono de la
Ciudad de Buenos Aires
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István
Dorffmaister -
San Martin en la Gloria -
Fine Arts in Hungary |
El Santo Obispo de Tours poseyó los tres modelos de
santidad conocidos en el Mundo Antiguo, la del asceta que
se despoja de todo lo mundano para entregarse por entero a
Dios, la del hombre de gobierno que ordena todo en procura
del reino de Cristo y lo demás lo recibe por añadidura,
y la del celo apostólico y misional. Todas sus obras
las realizó en permanente unión a los misterios
del Señor por medio de la vía más eficiente:
la oración.
Hijo de un tribuno romano, San Martín de Tours nació
en Sabaria, actual territorio de Hungría, hacia el
año 316. Siendo todavía niño, su familia
regresó a la península itálica para establecerse
en la ciudad de Pavía, donde fue inscripto como catecúmeno.
Sin embargo, al igual que su padre, sintió la vocación
militar, razón por la cual, a los 15 años de
edad se enroló en el ejército de Roma, siendo
destinado a la caballería de la Guardia Imperial.
De soldado del César a soldado de Cristo
Habiendo sido enviado su regimiento a la Galia, atravesaba
en una fría noche de invierno las puertas de la ciudad
de Amiens, cuando un individuo extremadamente pobre se acercó
a su caballo y le pidió una moneda. San Martínbuscó
en sus alforjas y al no encontrar ninguna, desmontó
y tomando su capa, la cortó en dos pedazos con su espada,
dándole uno al mendigo y quedándose el otro
para sí. Una vez en las barracas del cuartel romano,
Martín debió soportar las burlas de sus compañeros,
pero esa misma noche tuvo su recompensa: en sueños
se le apareció Nuestro Señor Jesucristo vistiendo
el trozo de capa que había entregado como limosna.
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El
Greco - San Martín y el Mendigo - 1597-99 - Galería
Nacional de arte, Wahington DC |
A los 18 años, el joven soldado sintió la necesidad
de ser bautizado y, poco después, un hecho asombroso
lo llevó a abandonar la milicia para abrazar la vida
religiosa.
Era emperador de Roma por esos días el césar
Juliano, conocido en la historia por el apodo de “Apóstata”,
ya que habiendo conocido el cristianismo por intermedio de
los herejes arrianos, intentó instaurar nuevamente
el culto pagano. Corría el año 356, cuando las
hordas bárbaras de salios y camavios penetraron en
territorio galo, arrasando todo a su paso. Los romanos concentraron
sus fuerzas en Worms y hasta allí se encaminó
Juliano, para entregar a sus tropas el incentivo en dinero
con el que las mismas eran animadas. Al llegar el turno de
San Martín, éste miró al emperador y
sin aceptar la dádiva exclamó: “Hasta
ahora, César, he luchado siempre a tu servicio, permíteme
hacerlo a partir de ahora por Dios. Quien desee continuar
a tu servicio acepte entonces tu donativo; yo soy soldado
de Cristo. No me es lícito seguir en el ejército.”
A ello respondió el emperador: “Tu actitud, mi
querido Martín, más parece miedo a la batalla
que convicción religiosa; tu sabes que los bárbaros
nos atacarán mañana. Sabes que debemos responder
con contundencia porque la seguridad del imperio peligra.
Dices ser cristiano, es decir que eres un cobarde. Tienes
miedo de enfrentar al enemigo.”
Martín sabía que además de buen comandante,
Juliano era enemigo del cristianismo y que si titubeaba, sus
compañeros no sólo se reirían de él
sino del mismo Cristo, razón porla cual, solicitó
que le permitiesen formar en la primera fila, sin armas ni
escudo ni yelmo. “... así mi internaré
tranquilo entre los bárbaros, demostrándote
mi valor y fidelidad y que lo único que temo es derramar
sangre de otros hombres.” Por la mañana, cuando
la batalla estaba a punto de comenzar, los bárbaros
enviaron un parlamentario y pidieron la paz. Los anales atribuyeron
la victoria a Juliano, pero algunos legionarios manifestaron
que el enemigo había entrado en pánico al enterarse
que, seguros del triunfo, había soldados que marcharían
a combatir sin armamentos.
Sus primeros pasos sacerdotales
Obtenida su licencia y liberado del ejército, Martín
se trasladó a Poitiers para unirse a losseguidores
de San Hilario, a quien ayudó a exorcizar a numerosos
poseídos en aquella ciudad. Fue el mismo Santo el que
le ordenó sacerdote y le indicó, con su ejemplo,
el camino a seguir.
San Martín regresó por un tiempo a su ciudad
natal y desde allí pasó a Milán primero,
y a una isla cercana a Génova después, para
llevar vida de ermitaño, en silencio y oración.
Al cabo de un tiempo, regresó a Poitiers llamado por
San Hilario. En la ciudad cercana de Ligugé fundó
el que sería el primer monasterio de Francia y un verdadero
semillero de obispos y sacerdotes defensores de la ortodoxia
católica, desde donde su fama comenzó a extenderse
por toda la Galia mientras se le unían los primeros
discípulos.
Apóstol y misionero de las Galias
Ordenado Obispo de Tours en el año 371, fijo allí
su residencia fundando el monasterio Marmontier, al tiempo
que emprendía numerosos viajes misionales evangelizando
la regióny poniendo en funciones las primeras parroquias
rurales. Simultáneamente emprendió una ardua
lucha contra el paganismo, la adoración de símbolos
falsos y los cultos druídicos, sumamente extendidos
por aquellas comarcas. En su afán de difundir el Cristianismo
debió enfrentar a numerosos enemigos que intentaron
obstaculizar su accionar, en especial los amantes de las riquezas
y el lujo, que no veían con buenos ojos su ejemplo
de austeridad.
Al ser nombrado obispo de Tours, San Martín intentó
rechazar el nombramiento por considerarse indigno, escondiéndose
de quienes lo buscaban en el interior de un granero. Ocurrió
que un ganso comenzó a dar fuertes graznidos, delatando
la presencia del Santo. Otro día intentó cortar
una encina adorada por los paganos y estos le dijeron que
se lo permitirían siempre y cuando el árbol
cayese sobre él. Así lo hizo el sacerdote y
cuando hubo terminado de cortar, viendo que la encina se le
venía encima, alzó su brazo, hizo la señal
de la cruz y el árbol cayó sin tocarlo.
Su muerte, veneración y culto
San Martín de Tours falleció el 8 de Noviembre
en Candes, Turena, en el año 397, a los 81 años
de edad. Murió apaciblemente, recostado en el suelo
sobre cenizas, confortable cama ante los ojos del Altísimo,
y supo rechazar violentamente al demonio que intentó
en aquel trance tentar su trasparente alma. Sus restos fueron
conducidos al sepulcro en solemne procesión, escoltados
por una guardia de honor de más de 2000 de sus monjes.
Suepiscopado marca el triunfo del cristianismo en el Oeste
de las Galias y su tumba no tardó en convertirse en
centro de peregrinación. Su fiesta se celebra el 11
de Noviembre. Es santo de los soldados, de los artistas, de
los tejedores y fabricantes textiles –junto a San Francisco
de Asís– y Patrono de Francia y Hungría,
además de varias ciudades, entre ellas Amiens, París,
Utrech, Aviñon y Buenos Aires.
Su biografía fue reseñada por su discípulo
Sulpicio Severo en su célebre “Vida de San Martín”.
Allí nos habla de su talla fuera de lo normal, de su
apostura marcial y su forma de predicar, que más perecían
arengas militares que homilías. Con ellas acusó
a emperadores, reprimió a herejes y defendió
a menesterosos, obrando varios milagros, entre ellos la resurrección
de algunos muertos. El propio San Martín solía
mostrar orgulloso las numerosasheridas adquiridas en el campo
de batalla durante sus veinticinco años de servicios
y ese temperamento militar fue el que le ganó el apodo
de “Apóstol de las Galias” ya que nadie
había hecho tanto por la Francia Católica hasta
entonces. Por esa causa San Gregorio de Tours lo invoco como
“Patrón especial del mundo entero”.
Patrono de Buenos Aires
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La
Iglesia de San Martín de Tours en Buenos Aires,
ubicada en la calle y al lado del colegio que llevan
su nombre |
Un hecho sumamente curioso llevó a que San Martín
fuera designado patrono de la capital argentina. En junio
de 1580, a poco de fundada la ciudad por segunda vez, sus
autoridades, encabezadas por los cabildantes, los alcaldes
de Hermandad, y los representantes del clero, se reunieron
en el Cabildo para designar al Santo bajo cuya protección
iban a colocar al incipiente poblado.
En la oportunidad, se pusieron los nombres de los “candidatos”
dentro de una galera y llamaron a un niño para que
extrajera uno. El nombre que salió fue el de San Martín
de Tours, a lo que las autoridades hispanas pusieron “peros”.
“¡Un santo francés jamás!”.
La operación se repitió y el nombre de Martín
volvió a salir consecutivamente dos veces más.
No quedaron dudas de que el Santo de las Galias debía
ser el patrono de Buenos Aires.
Como dice el poeta Francisco Luis Bernárdez en su
Oración a San Martín, éste, “no
teniendo con qué socorrer al mendigo, como aquella
causa era justa, desenvainó la espada que llevaba al
cinto, rasgó por el medio su capa, le alargó
la mitad y siguió su camino, llevando la otra mitad
para cubrir espiritualmente al pueblo argentino, que, con
el andar de los años, había de nacer aquí,
donde nacimos”.
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