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La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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El Libro de Job

El Libro de Job es de los más famosos del Antiguo Testamento y una verdadera obra maestra de la literatura universal. Escrito a comienzos del siglo V a.C., relata las desventuras y sufrimientos de un hombre justo, que superó los trances más duros sin perder su Fe y Amor por Dios. Por esa razón, el Todopoderoso, viendo en él a un modelo de obediencia y devoción, correspondió esa fidelidad con magníficas recompensas.

 Job era un hombre recto y misericordioso que moraba en el país de Us, una tierra que se extendía hacia sur, desde el Mar Muerto hasta la Arabia Petra, donde vivía con su esposa y sus diez hijos (siete varones y tres mujeres) dedicado a la cría de sus rebaños, sietemil ovejas, tresmil camellos, quinientas yuntas de bueyes e igual número de asnos, siendo por ello, uno de los hombres más ricos de la región, con gran número de siervos a su servicio.

Acostumbraban sus hijos varones a ofrecer un banquete en sus respectivas casas, turnándose entre todos para ello, invitando siempre a sus hermanas. Finalizados los mismos, llamábalos Job ante su presencia para bendecirlos y purificarlos, ofreciendo de madrugada un sacrificio por cada uno de ellos pues temía que hubiesen pecado o involuntariamente ofendido a Dios.
En esa prosperidad vivía aquel hombre santo cuando Satanás reparó en él y pidió al Todopoderoso poner a prueba su fe.

“...cierto día, cuando los hijos de Dios concurrieron delante del Señor, compareció también, entre ellos, Satanás, al cual dijo el Señor: ...Has parado atención en mi siervo Job, que no hay otro como él en la Tierra, varón sencillo y recto, y temeroso de Dios, y ajeno de todo mal obrar? A lo que Satanás respondió: ¿Acaso Job teme a Dios de balde? ¿No le tienes Tú a cubierto por todas partes, así a él como a su casa, y a toda su hacienda? ¿No has echado la bendición sobre las obras de sus manos, con lo que se han multiplicados sus bienes en la Tierra? Más extiende un poquito Tu mano y toca sus bienes, y verás cómo te desprecia en Tu cara. Dijo, pues, el Señor a Satanás: Ahora bien, todo cuanto posee lo dejo a tu disposición; sólo que no extiendas tu mano contra su persona” 1.

Retiróse el demonio y lo primero que hizo fue herir a Job en sus bienes más preciados. “En efecto, mientras los hijos e hijas de Job se hallaban comiendo y bebiendo vino en casa del hermano primogénito, llegó a Job un mensajero que le dijo: Estaban los bueyes arando, y las asnas paciendo cerca de ellos, cuando he aquí que han hecho una incursión los sabeos y lo han robado todo, y han pasado a cuchillo los mozos y he escapado solamente yo para darte la noticia” 2.

Estaba aquel servidor todavía hablando cuando llegó otro hombre sumamente agitado para informar que el rebaño había sido aniquilado. “Fuego de Dios ha caído del cielo, y ha reducido a cenizas las ovejas y los pastores, y he escapado solo yo para traerte la noticia” 3. Luego llegó otros sirviente para anunciar más catástrofes. “Los caldeos, divididos en tres cuadrillas, se han arrojado sobre los camellos, y se los han llevado, después de pasar a cuchillo a los cuidadores, y he escapado solo yo para darte aviso” 4.

Lo peor ocurrió a continuación cuando un nuevo mensajero entró corriendo en su morada para anunciar que estaban comiendo sus hijos e hijas cuando llegó desde el desierto un feroz huracán que arrojó la casa sobre aquellos sepultándolos por completo 5.

Entonces Job se puso en pie y se rasgó las vestiduras, gimiendo y llorando de pena y dolor. Y haciéndose cortar los cabellos desde la raíz, se postró en tierra y adoró al Señor diciendo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré a ella. El Señor todo lo dio; el Señor lo ha quitado. Se ha hecho lo que es de su agrado. Bendito sea el nombre del Señor” 6.

Estando los hijos de Dios reunidos en su presencia, volvió Satanás a sugerir al Señor que Job renegaría de El. Llagas ardientes cubrieron al buen hombre desde la planta de sus pies hasta la cabeza, provocándole con ello gran sufrimiento. Y aún así, rascándose la piel con un trozo de teja en medio de un chiquero, Job volvió a alabar al Creador cuando su esposa, viendo tanta tribulación, lo instigó a maldecir al Altísimo y morir de una vez. “Has hablado como una mujer necia. Si recibimos nuestros bienes de mano de Dios, ¿porqué no recibiremos también los males?” 7.

Tenía el buen Job tres amigos, Elifaz, Baldad y Sofar quienes, sabiendo de sus males, partieron de sus casas en Temán, Suhá y Naamat para visitarle y consolarle. Y fue cuando vieron a Job que al principio no le reconocieron y cuando finalmente lo hicieron, lloraron de pena, se rasgaron las vestiduras y arrojaron cenizas sobre sus cabellos. Y se sentaron junto a él y permanecieron siete días y siete noches en el más completo silencio porque veían que su dolor era muy grande.

Entonces Job maldijo el día de su nacimiento y después de escuchar sus palabras, sus amigos le hablaron y le reprendieron con duros términos haciendo hincapié en la felicidad de los justos, en la triste suerte de los impíos y en la sumisión al juicio de Dios, insinuando que todos sus sufrimientos eran a causa de algún grave pecado que había cometido.

Entró entonces en escena Eliú para incrementar con sus palabras el pesar del patriarca quien intensificó sus lamentos, revelando su profunda amargura y su desazón, preguntándose más de una vez, porqué siendo tan buen servidor, Dios lo había abandonado. Y es que el recién llegado, aunque con altanería y soberbia, le hizo ver varias cosas, entre ellas, la justicia, la sabiduría, la santidad y la grandeza del Altísimo, poniendo especial acento en el valor que significaba el dolor humano ya que, a través de él, el Todopoderoso puede llevar al pecador a la conversión y a la salvación.

A la sazón, desde lo alto de un torbellino, la voz de Dios rompió el silencio y con el retumbar del trueno exclamó “¿Quién es ése que envuelve sentencias con palabra de ignorante? 8 con lo que toda la tierra se estremeció. Y así fue que habló de su grandeza, de la mismísima Creación, de su poder y su sabiduría, demostrando con ello cuán elevada es su Majestad y cuán pequeña es la de los hombres. Y entonces Job le respondió con humildad, confesando su ignorancia, aborreciendo de sí mismo y arrepintiéndose de sus lamentaciones: “Yo he hablado inconsiderablemente, ¿qué es lo que puedo responder? Cerraré mi boca con mi mano. Una cosa he dicho, que ojalá nunca la hubiera dicho, y aún otra todavía, a las cuales no añadiré más palabra” 9. Y después de escuchar con humildad un segundo discurso del Creador, se humilló ante El exclamando: “Yo sé todo lo que puedes, y que no se te oculta ningún pensamiento... Por tanto, he hablado indiscretamente, y de cosas que mucho exceden mi saber. ¡Más escucha y hablaré... Te conocía de oídas, pero ahora te veo con mis propios ojos. Por eso yo me acuso a mí mismo, y hago penitencia envuelto en polvo y cenizas” 10.

Así quedó demostrado su amor incondicional y su sumisión a Dios; y Dios decidió premiar su fidelidad, no sin antes reprender a sus amigos por la dureza de su postura y la inflexibilidad de sus palabras. De ese modo les ordenó presentarse ante aquel hombre justo al que habían atormentado con sus reproches, llevando consigo siete toros y siete carneros para hacer con ellos un sacrificio.

Así fue como el Señor curó a Job de sus llagas y después de bendecirlo, le colmó de bienes duplicando la fortuna que alguna vez tuvo y devolviéndole sus hijos e hijas a quienes puso por nombre Jemimá, Kesiá y Keren-Happuk quienes, en los años posteriores, serían recordadas como las mujeres más bellas de toda la Tierra. Y así fue como sus catorcemil ovejas, seismil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas pastaron por todo Us en tanto su casa se convertía en punto de encuentro de hermanos, parientes y amigos.

Vivió feliz Job hasta los ciento cuarenta años de edad, rodeado de sus hijos y nietos hasta que siendo muy viejo y cargado de días, fue llamado a la morada del Señor. Hoy se lo recuerda por su sabiduría, paciencia y perseverancia aún ante las peores fatalidades, virtudes que lo llevaron a convertirse en modelo de santidad.
 
Notas
1- Job 1, 6-12
2- Job 1, 13-15
3- Job 1, 16
4- Job 1, 17
5- Job 1, 18-19
6- Job 1, 20-22
7- Job 2, 10
8- Job 38, 2
9- Job 39, 34-35
10- Job 42, 2-6

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