CRSR
CRSR
Busque en nuestros contenidos

Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
> Lea más

 
 

Germán Berdiales,
poeta de la infancia

Maestro, escritor, poeta y periodista, Germán Berdiales es recordado como autor de una fecunda serie de textos escolares que incentivaron el hábito de la lectura. Su biografía es ejemplo de que la nuestra fue tierra de grandes hombres

Germán Berdiales legó a la posteridad una obra de envergadura que se tradujo en verdaderos clásicos de la literatura juvenil. Nacido el 4 de septiembre de 1896 en el barrio porteño de La Concepción, su niñez transcurrió en aquel sector de Buenos Aires en el que todavía niños negros pululaban por sus calles. Ese recuerdo quedaría plasmado en una de sus poesías en la que dice: “Color a mi infancia, dieron niños negros, desde aquellos días, cariño les tengo”.

Temprana vocación
En 1912, siendo adolescente, mientras cursaba sus estudios secundarios, Berdiales se inició en el periodismo, colaborando con publicaciones de la época. Dos años después, al finalizar el magisterio, soñaba con enseñar. Así fue que dejó su ciudad encaminándose hacia la provincia de Chubut donde fue maestro de niños aborígenes durante varios años. Era su sueño hecho realidad y su vocación puesta a prueba. Y la desempeñó con esmero, ganándose el afecto de toda la población.

El campo de las letras
Allá en el lejano sur, Berdiales conoció a Pedro Inchauspe, un docente de su misma edad oriundo de Laboulaye, provincia de Córdoba, que por entonces ejercía las funciones de director de una escuela araucana. Inchauspe pasaría a la historia como un reconocido hombre de letras y con el corre de los años, Berdiales se convertiría en difusor de su obra.

Tras su paso por aulas de La Pampa, nuestro personaje regresó a Buenos Aires donde, al cabo de un tiempo, fue nombrado inspector de escuelas. Según la investigación realizada por la docente Elisa D’Andrea, co-autora junto a Elsa Plácida Vulovic de una interesante nota titulada “Un retazo perdido de la niñez: Berdiales, el maestro poeta”, en 1942 el gran escritor era vicedirector de la Escuela Nº 21 “Juan José Paso” (Distrito Escolar Nº 8), en la calle Beauchef 1869. Allí fue donde dio impulso a una de sus más interesantes iniciativas: imponer a las aulas los nombres de destacados personajes de nuestro pasado, oportunidad en la que escribió “El romance de los nombres de nuestras aulas”, que dedicó a sus alumnos. Fueron sus últimos años en la docencia ya que en 1946 renunció al cargo de inspector para dedicarse de lleno a su verdadera pasión: las letras.

Periodista
Hemos dicho que en 1912, a los 16 años, Berdiales se inició en el periodismo. Sin embargo, sería a su regreso de La Pampa y la Patagonia que desarrollaría esa actividad con mayor empeño, colaborando con publicaciones de prestigio como “La Prensa” de la Capital Federal, “El Día” de La Plata, “El Monitor de la Educación Común”, “El Hogar”, “Pampa Argentina”, “Ficción”, “Mundo Argentino”, “Vinos, Viñetas y Frutas” y otras. Elsa Vulovic y Elisa D’Andrea han relevado gran parte del material elaborado por Berdiales, rescatando entre los muchos artículos que publicó: “Un argentino visita al autor de Cuore”, (domingo 9 de marzo de 1958), en el que hace referencia a Edmundo de Amicis y su obra más renombrada; “Salvador de Madariaga, abuelo – juglar”, publicado el 14 de julio de 1957; “Cuando Sarmiento era Sarmientito. Episodio vuelto a contar para los niños” (7 de octubre de 1956) y “Su silla de inválido fue un carro de combate” (6 de abril de 1958) tributo a la figura de Franklin Delano Roosevelt, todos ellos aparecidos en “La Prensa”.

Su obra literaria
Pese a lo dicho, la obra de Berdiales fue principalmente escolar. Hoy se lo recuerda como el gran poeta de la infancia y autor de hermosos textos juveniles, muchos de ellos publicados por la legendaria Colección Robin Hood.

El primer libro de este gran escritor vio la luz en 1924 y se llamó Las fiestas de mi escuelita” con el subtítulo: Comedia. Diálogos, Monólogos y discursos. Para la escuela y el aula. Se trataba de teatro infantil y fue reeditado en veinte oportunidades. Le siguieron: Fábulas en acción (1927), Padrino (1929), El último castigo: cuentos para padres y maestros (1929), Fabulario (1933) y Maestros del idioma (1936).

1937 fue un año de intensa producción para Berdiales ya que, durante el mismo aparecieron La canción de cuna y Risa y sonrisa de la poesía niña,Cuentos dramatizados y Teatro cómico para niños, editados al año siguiente. En 1939 apareció El arte de escribir para los niños, seguido por Cielo pequeñito (1940), El teatro de los más chicos (1941), Coplas argentinas (1942), Nuevo ritmo de la poesía infantil (1943), Lecturas para la niña que se hace mujer (1944), Leyendas argentinas (1954), Los versos (1959) y Cien cuentos y leyendas en verso (1965).

Textos de lectura escolar
Gran parte de los libros de Berdiales estuvieron destinados a los escolares. Joyitas: recitados para los jardines de infantes (1930), Teatro histórico infantil. Leyendas americanas adaptadas para la escena (1931), Jugando: lecturas graduadas para 2º grado (1933), Tierra virgen: método gradual de lectura (1934), Nuevo teatro escolar (1937), Actividades y conocimientos: lecturas para 1ero. Superior (1938), Nuevo mundo: lecturas para 5º grado (1942) y Voces de hombres: lecturas para la 3ª sección de escuelas de adultos (1942) los tres últimos escritos en colaboración con Pedro Inchauspe, son algunos ejemplos de ellos.

Colección Robin Hood
Como a Eros Nicola Siri, de quien hicimos referencia en nuestra edición N°37, la recordada Colección Robin Hood, fundada por Modesto Ederra, publicó obras de Berdiales. Fueron ellas El hijo de Yapeyú (1952), Al maestro de América (1954), El primer soldado de la libertad (1950) y Teatro Robin Hood (1960), bellísimos exponentes de la literatura juvenil.

El ideal sanmartiniano
En el trabajo de Berdiales, eminentemente infantil, se nota claramente su admiración por el general José de San Martín. El hijo de Yapeyú es la vida anec-dótica del Libertador desde su cuna correntina hasta su llegada a Cuyo y en El primer soldado de la libertad, su derrotero desde el cruce de Los Andes hasta sus últimos días en Boulogne-Sur-Mer. Pero es en Habla San Martín: su vida y sus ideas (1940), donde su fascinación se percibe con mayor claridad. También Sarmiento acaparó su atención, dedicándole a su figura Al maestro de América y Antología total de Sarmiento.

Escritor católico
Berdiales fue un individuo profundamente católico devoción que quedó plasmada en algunos de sus escritos, dos de ellos Retablo Divino y El Divino Maestro. Además, libros como Cielo Pequeñito, bellamente ilustrado por Oscar Soldati, vieron la luz a través de conocidas editoriales religiosas como San Pablo y Ediciones Católicas Argentinas.

Difusor de cultura
Germán Berdiales se prodigó por entero a la infancia y la juventud estudiosa. Instruir, enseñar, inculcar cultura y conocimientos fueron sus objetivos primordiales. A él se deben una condensación escolar del Quijote y la traducción y adaptación de Corazón, de Edmundo de Amicis. En otro orden de cosas, escribió el prólogo y glosario para la edición del clásico de Fray Mocho, Un viaje al país de los matreros y de Juvenilia, de Miguel Cané (lo mismo sus notas), ambas de la Colección Robin Hood, el del libro Mosaico de José Martínez Jerez (Colección Biblioteca Manantial) y el de Santos Vega y otros poemas. Suya fue la selección Tierra Prometida en la que varios autores le cantan a los pueblos americanos y a su pluma se deben las versiones castellanas de Pinocho y Peter Pan y Wendy.

Reconocimientos
Berdiales fue un autor ampliamente reconocido en su tiempo, tanto en el país como en el exterior. Su amistad con Gabriela Mistral fue conocida y la valoración que de su obra hicieron el español José Luis Sánchez Trincado y la educadora Fryda Schultz de Mantovani fueron dignas de mención. En la actualidad, un jardín de infantes de la ciudad de Santa Fe lleva su nombre.
Este gran escritor argentino falleció el 17 de mayo de 1975 en su departamento de Parque Patricios sito en Av. Caseros 2695, esquina Catamarca, donde funcionó mucho tiempo una juguetería. Hoy su legado y su nombre van cayendo en el olvido, algo que esta sencilla evocación pretende evitar.

Los contenidos son marca registrada © 1991 - 2010 de la Fundación Argentina del Mañana
diseño web:
::..