Ernesto Padilla, un señor
Pocos saben, y de estos cuántos se sorprenden al saber, que el gran historiador jesuita R.P. Guillermo Furlong, SJ dedicó un trabajo en tres tomos a uno de los personajes históricos más omitido, el Dr. Ernesto Padilla.
No pretendemos en estas páginas de Cruzada agotar la materia de esos tres tomos. Pero sí destacarlo cuando está por ser alcanzado con una nueva injusticia: el retiro de su nombre de la Escuela Nº 14 del D.E. 7, sita en la calle Felipe Vallese 835 y de la plazoleta delimitada por las calles General Enrique Martínez, Virrey Avilés y el Cano, de la Ciudad de Buenos Aires.
Esto por iniciativa del diputado porteño kirchnerista Juan Cabandié, quien propone crear una Comisión Especial de Nomenclatura Urbana y Democracia para modificar los nombres de los espacios públicos porteños que tengan denominaciones vinculadas con personajes (¿todos...?) de la historia que hayan “ocupado el poder de manera ilegal”.
La batalla del divorcio
Vamos a ubicar un poco su figura. Una copia de la persecución laicista que asola a la Iglesia en Europa hace introducir en el parlamento argentino proyectos de ley contrarios a la familia, estable e indisoluble; el año anterior ha fracasado una primera tentativa pero vuelven los laicistas a la carga.
Estamos en el año 1902 y el diputado por Buenos Aires Carlos Olivera presenta un proyecto que tenía todas las perspectivas de triunfo, dado el ambiente que se venía agitando y los esfuerzos de corrientes anticatólicas de todo tipo, así como de la prensa. Ya no se contaba con los grandes parlamentarios católicos del 80, los Avellaneda, Estrada, Goyena, Pizarro, Achával Rodríguez, Lamarca, vale decir que el panorama se presentaba sombrío.
Dos tucumanos de elite
En 1901, el flamante arzobispo de Buenos Aires, Mons. Mariano Antonio Espinosa, encarga al R.P. Angel María Boisdron, O.P., francés de origen pero tucumano honoris causa, una serie de conferencias sobre el matrimonio en la Catedral.
“Este dominico -escribe Carlos Dalmiro Viale en su libro “Buenos Aires, 1902. Batalla del divorcio”- era un fraile humilde, amigo del diputado Padilla, muy versado en teología, filosofía, ciencia bíblica, economía política, derecho canónico y civil, historia, literatura clásica y moderna, fue una revelación para los católicos porteños y trajo un esfuerzo positivo, mayor que el que pudo suponerse, a la defensa del matrimonio cristiano. Predica en Santo Domingo, y enseguida todas las parroquias lo disputan y no lo dejan descansar un solo domingo”.
En 1902 se incorpora como diputado tucumano al Parlamento Nacional un joven de 29 años, el Dr. Ernesto E. Padilla Nougués.
Su primer discurso
En el auge de la polémica, ante la expectativa general, el 25 de agosto toma la palabra. Como su intervención fue toda una revelación y cambió el rumbo de los acontecimientos, transcribimos algunas de sus ardientes frases:
“(...) La sociedad necesita una gran fuerza de cohesión que le asegure permanencia y encuentra en la indisolubilidad <del matrimonio> un poderoso factor que se la proporciona.
Al matrimonio se lleva junto con el afecto un espíritu de abnegación que lo penetra y es el que prepondera y hace posible la estabilidad de la unión. Es de él que nace, principalmente, esa comunidad sencilla y sin doblez que persiste y perdura entre los esposos, aún después que el amor físico ha podido pasar, sin dejar por eso disminuida ni alterada aquella. Y es aquí donde me encuentro con la errada apreciación que se ha sostenido, que sólo el amor físico el lazo que liga al marido y a la mujer, con las siguientes contingencias de aquella pasión cuando éste está por encima, no ya de la inclinación instintiva, sino del mismo amor en su expresión más elevada.
El amor es sólo un atractivo y un incentivo. Es el vínculo el que consagra el amor, sin ser el amor mismo; de manera que podrá pasar el amor físico, pero quedará siempre el concepto de la vinculación imponiéndose. (...).
Con el divorcio se abandona este alto criterio para reemplazarlo con egoísmo que habla al hombre con el eco de sus propias pasiones mostrándole fácil el triunfo de todos sus caprichos, de todas sus liviandades (...)”. [1]
Esa brillante actuación en la discusión del proyecto anticristiano llegará a convencer no sólo a los indiferentes, sino hasta a algunos de los más ardientes divorcistas y dará a la causa católica un triunfo que perdurará hasta 1954. Realizada la votación, resultó rechazado el proyecto por cincuenta votos contra cuarenta y ocho.
Grandes fueron las ovaciones y muchísimas las felicitaciones que recibió el joven diputado, llevado en andas a través de la Plaza de Mayo (adonde se encontraba entonces el Congreso) y por varias cuadras de la Avenida de Mayo.
Descollante e inagotable
El Padre Furlong tuvo que escribir tres tomos porque la personalidad del Dr. Ernesto Padilla era descollante e inagotable. Nació en Tucumán, el 5 de enero de 1873. Dueño del Ingenio Mercedes, se graduó de abogado en la Universidad de Buenos Aires con las más altas distinciones; fue legislador provincial en 1900 y legislador nacional entre 1902 y 1906.
Siempre defensor del federalismo, se lamentaba constantemente del centralismo porteño... y en sus tareas políticas siempre apoyó a las provincias del centro y norte argentino, considerando que eran las más auténticas en sus valores puramente argentinos
Reelecto parlamentario en 1911, fue en 1913 el último gobernador conservador de Tucumán provincia por cuyo desarrollo tuvo una gran pasión; auspició la fundación de la Universidad de Tucumán (obra de Juan B. Terán), volvió al Congreso entre 1918 y 1928, adonde intentó obtener fondos para construir el ferrocarril a Chile. Luego de la revolución de 1930, fue ministro de Educación e Instrucción Pública del presidente Uriburu, cargo al que renunció en 1931.
Mecenas del folklore nacional en una época en que mirar a Europa era un paradigma, puso su tiempo y capital para apoyar y difundir nuestro acervo cultural, escribiendo: Cancionero popular I y II; La condición, Huaytiquina; Otros libros versan sobre historia y religión: Apuntes sobre geografía histórica de Tucumán; San Francisco Solano en la Argentina; La vida y obra pictórica de Ignacio Baz y La iconografía tucumana. En 1958 publicó Historia del Folklore Argentino (una de las pocas ocasiones en que usó la palabra Folklore: prefería utilizar tradición). Sin su participación (colaborado por el Dr. Rougés) Andrés Chazarreta, Manuel Gómez Carrillo, Carlos Vega, Isabel Aretz o Juan Alfonso Carrizo nunca podrían haber llevado a cabo sus titánicas recopilaciones, ni divulgar el cancionero, la poesía y la danza autóctona; dio apoyo a su mujer Elvira Salvatierra, para recuperar en: La Mesa del Hogar. Recetas de Elvira, recetas de cocina centenarias.
Miembro de la Fundación Miguel Lillo, a su iniciativa se debe la creación de la Caja Popular de Ahorros, escuelas y museos.
Señorío...
Podríamos decir que el Padre Furlong resumió su biografía al anteponerle un prólogo del Dr. Gustavo Martínez Zuviría en el que leemos:
“Cuando muere uno de estos grandes señores se empobrece la patria de una riqueza que no temíamos perder nunca...
Uno de estos ‘grandes señores’, porque eso era especialmente el doctor Padilla: un gran señor, espléndidamente rico de esa rara cualidad que va desapareciendo, como muchas buenas cosas de antaño: el señorío....
¡Qué gran señor era el doctor Padilla! Su inimitable sencillez, su prestancia sin apresto, su equilibrio, su clarividencia, hasta su ingenio fácil y sin espinas, le conferían una indiscutible superioridad”.
Talis vita, finis ita
En la medianoche del 23 de agosto de 1951, empezó con su hijo el rezo del rosario. Al terminar las letanías, tomó una caja de música que apreciaba mucho y reproducía el Ave Maria del carillón de Lourdes. Antes de retirarse repitió una oración de San Francisco Solano: “Mi buen Jesús, mi Redentor y amigo: ¿Que tengo yo que Tu no me hayas dado? ¿Que se yo que Tu no me hayas enseñado? ¿Que valgo yo si no estoy contigo? ¿Que puedo yo si Tu no estas conmigo? Señor, mi Dios, sin vanidad me hiciste, en criarme y redimirme mucho hiciste, y menos obrarás de lo que obraste, en perdonar la obra que Tu hiciste”.
Luego se acostó en el tiempo y despertó para la eternidad.
1- R. P. Guillermo Furlong, SJ ; Ernesto Padilla. Su Vida. Su Obra; Tomo I; Pág. 158.- Universidad Nacional del Tucumán
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