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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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El Patriarca Abraham

Abraham, cuyo nombre significa “Padre de Muchos”, era hijo de Tareh. Junto a su progenitor abandonó Caldea para establecerse en Harán. Allí vivía cuando el Señor forjó con él una Alianza, ordenándole bajar hasta Canáan donde sus descendientes, tan numerosos “como el polvo de la tierra”, darían origen, entre varias naciones, al Pueblo Elegido

En el año 2266 a.C. las milenarias ciudades sumerias todavía se alzaban en Caldea, con los imponentes edificios de sus zigurat en su centro y elevadas murallas protegiéndolas de ataque externos.

Regía sobre esas tierras el imperio de Akkad que desde los tiempos de Sargón (2350 a.C.) era la potencia del momento, rival de Egipto en cuanto a poder y esplendor y amenaza militar para toda la región. Por entonces Babilonia no era más que una aldea; Asiria una nación de montañeses y pastores que como aquella, se hallaba subyugada y Jericó un reino perverso al que le faltaban mil años para sucumbir ante el ejército de Josué. Ni Media ni Persia existían y Mari era un reino menor.

En una de aquellas ciudades, en la antigua Ur, sobre la margen derecha el río Eufrates, vino al mundo Abram, padre de naciones y patriarca del pueblo de Dios.

El padre de Abram, Tareh, descendía de Sem, hijo de Noé y tenía otros dos hijos, Nacor y Aram, padre de Lot, aquel que vivía en Sodoma cuando el Señor decidió su destrucción.

La Tierra Prometida

A poco de la muerte de Aram, Abram y Nacor tomaron mujeres, siendo la del primero Sarai y la del segundo, Melcá. Entonces, Tareh junto a su hijo Abram, su nuera Sarai y su nieto Lot, partió hacia el norte, siguiendo el curso del Eufrates hasta Harán, al este de Siria, donde se detuvo y murió al cabo de unos años, a avanzada edad.

“Sal de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre y ven a la tierra que te mostraré –le dijo Dios a Abram– Y yo te haré cabeza de una gran nación, y te bendeciré, y ensalzaré tu nombre” 1.

Obedeciendo el mandato, abandonó el patriarca Harán, llevando consigo a Sarai, a su sobrino Lot, a sus siervos, esclavos y ganado en dirección a Canáan, pasando por Karkemish, Halab, Hamath y Damasco. Y dejando Siria a sus espaldas, se internó en la tierra señalada, por el valle de Siquem, donde edificó un altar al Señor, quien le dijo: “Esta tierra la daré a tu descendencia”. Y Abram se complació mucho.

Abraham en Egipto

Desde ese lugar siguió la inmensa caravana hasta un monte en el que acampó, con Betel al occidente y Hai al oriente, donde construyó un segundo altar y oró. Y desde allí siguió a Hebrón, donde se detuvo. Pero una hambruna asoló la tierra, por lo que la tribu entera bajó hasta Egipto donde, dada la hermosura de Sarai, Abram y los suyos fueron recibidos con respeto.

Establecidos a orillas del Nilo, la gente de Abram adquirió cabras, ovejas y objetos preciosos y tras una serie de vicisitudes, regresó a Canaán, estableciéndose junto al altar que habían edificado entre Betel y Hai.

En ese punto, Abram y Lot se separaron

Alianza con el Señor

Ruinas de Ur, en Irak. En dicha ciudad vino al mundo el Patriarca Abraham, padre de naciones

Fue en ese momento que el Todopoderoso se dirigió a su siervo y le dijo: “Toda esa tierra que ves. Yo te la daré a ti y a tu posteridad para siempre. Y multiplicaré tu descendencia como el polvo de la tierra [...] Levántate, y ve corriendo a ese país a lo largo y a lo ancho, porque te lo daré a ti” 2.

Y sobrevino la invasión de los reyes de oriente, que derrotaron a Sodoma y Gomorra y arrasaron la región, y la posterior victoria de Abram sobre aquellos que habían secuestrado a Lot. Y tras la bendición de Melquisedec, rey de Salem, el Señor volvió a hablar con él para prometerle toda la tierra “Desde el río de Egipto hasta el gran río Eufrates” 3.

La descendencia de Abraham

“Ni de hoy más será tu nombre Abram, sino que serás llamado Abraham, porque te tengo destinado por padre de muchas naciones” 4. Así le refirió el señor al patriarca la numerosa descendencia que habría de tener. Y tras ordenarle que todo varón después de él debía circuncidarse en señal de alianza con Dios, le anunció el nacimiento de un hijo de Sarai, su esposa estéril, a quien el Creador cambió su nombre por el de Sara. Al oír aquello, ordenó el patriarca a todos los hombres de su tribu, incluyendo a Ismael, el hijo que había tenido de su esclava Agar, que hiciesen la voluntad de Dios y todos ellos se circuncidaron.

“Sara te ha de parir un hijo, y le pondrás por nombre Isaac, y con él confirmaré mi pacto en alianza sempiterna, y con su descendencia después de él”5.

El nacimiento de Isaac

Tras la destrucción de Sodoma y Gomorra, levantó Abraham sus tiendas y pasó a Gerara donde Dios puso a prueba la entereza de su rey, Abimelec, por la hermosura de Sara. Fue así que nació de aquella un niño a quien Abraham puso por nombre Isaac, circuncidándole al octavo día, de acuerdo al pacto de alianza que había establecido con el Todopoderoso. Y como Agar, la esclava egipcia se burlaba de su mujer, la expulsó de la tribu junto a su hijo Ismael que con el paso del tiempo se convirtió en padre de los pueblos árabes.

El sacrificio de Isaac

Después de establecer alianza con Abimelec en Bersheba, Abraham y su tribu habitaron la región pacíficamente, plantando un bosque en aquella ciudad e invocando el nombre del Señor. Fue entonces que Dios decidió poner a prueba a su siervo, ordenándole que sacrificara a su hijo: “Toma a Isaac, tu hijo único, a quien amas, y ve a la tierra de visión; y allí me lo ofrecerás en holocausto, sobre uno de los montes que Yo te mostraré”6.

Llorando de pena y abatido por la congoja, tomó el patriarca a su hijo, aparejó un asno y en compañía de dos sirvientes, se encaminó antes del alba hasta una altura donde hoy está Jerusalén, distante a tres días de Bersheba. “Aguardad aquí con el jumento –les dijo a sus siervos- pues yo y mi hijo subiremos allá arriba...y acabada nuestra oración, volveremos a vosotros”.

Tomando la leña que había cortado antes de partir, subieron padre e hijo la loma y al llegar a lo alto, Isaac habló: “Padre mío”, dijo. “¿Qué quieres, hijo?”, respondió el patriarca; “Veo el fuego y la leña;¿dónde está la víctima del holocausto?. A lo que respondió aquel: “Hijo mío, Dios sabrá proveerse de víctima para el holocausto”. Fue entonces que el padre, después de acomodar la leña sobre el altar que había erigido, ató a su hijo y lo colocó sobre él y alzando sobre su pecho el cuchillo, a punto estaba de descargarlo cuando apareció súbitamente un ángel que contuvo su brazo mientras decía: “Abraham, Abraham. No extiendas tu mano sobre el muchacho ni le hagas daño alguno. Ahora conozco que temes a Dios, pues no has perdonado a tu hijo único por amor a Mí”7.

Premio a la obediencia

Alzó la vista Abraham y vio detrás de sí al ángel y más allá a un carnero cuyas astas se habían enredado en un zarzal. Y tomándolo lo sacrificó a Dios y llamó al lugar “El Señor Ve”.

Colmó el Todopoderoso de bendiciones a su siervo prometiéndole multiplicar su descendencia y la posesión de todas las ciudades de sus enemigos y todas las naciones de la Tierra. Y descendiendo de aquella altura, se unieron ambos a sus criados y regresaron a Bershebá.

Muerte de Abraham

A poco de haber dado a luz las esposas de su hermano Nacor, murió Sara en la ciudad de Hebrón, donde fue enterrada en una cueva doble que le compró a Efrón, cuyos accesos daban a la región de Mamré. Y tiempo después su hijo Isaac tomó por esposa a Rebeca, que en el oasis de Beer-Lahai-Roi le dio por hijo a Jacob.

A poco de enviudar, Abraham desposó a Cetura y fue padre de Zamram, Jecsán, Madán, Jesboc y Sué. Y tras entregar toda su herencia a Isaac, falleció en buena vejez, tal como se le había anunciado, a la edad de 175 años, después de dedicar su vida a obedecer a Dios, sin dudar ni vacilar un instante. Sus hijos mayores, Ismael e Isaac, le sepultaron solemnemente ante todo su pueblo, en la cueva doble de los campos de Efrón, donde yacía Sara, su amada esposa.

Fue un hombre justo, recto y piadoso que alcanzó la gloria por hacer lo que es correcto a los ojos del Creador.


Notas
1- Gn. 12, 1-2
2- Gn. 13, 15-18
3- Gn. 15, 18
4- Gn. 17, 5
5- Gn. 17, 19
6- Gn. 22, 2
7- Gn. 22, 4-12

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