Sodoma y Gomorra
Hace cuatromil años se alzaban cerca del Mar Muerto cinco ciudades
cananeas que fueron célebres por sus pecados y las abominaciones.
Perversiones de todo tipo, como la sodomía, la pedofilia y los
sacrificios humanos eran cosa común entre sus habitantes razón por
la cual el Señor decidió destruirlas por medio del fuego y el azufre
Según refiere el Génesis, después que Abraham salió de Egipto, su sobrino Lot, que le acompañaba se estableció en Sodoma, una de las cinco ciudades del Valle de Sidim célebre y estratégica encrucijada entre los pueblos de Moab y Edom. Las ciudades eran paso y escala de largas caravanas que repletas de mercaderías, iban y venían desde Siria a Madian y de Caldea al Nilo.
Antros de perversión
Sodoma y Gomorra, como Adama, Seboím y Segor fueron célebres en su tiempo por la bajeza y los vicios de sus habitantes. Allí se practicaban depravaciones tales como la homosexualidad, la sodomía, el lesbianismo, la zoofilia, la necrofilia y hasta los sacrificios humanos, el sadomasoquismo y las torturas por mero placer.
Resulta extraño que Lot hubiese escogido ese lugar para establecerse con su familia pero esa fue la voluntad de Dios y allí vivió con los suyos, prácticamente aislado del resto de la población.
Dios anuncia la destrucción
de Sodoma y Gomorra
Tan graves eran el vicio y la corrupción en las ciudades de Sidim, que el Señor decidió castigarlas, haciéndolas desaparecer de la faz de la Tierra. Y mandando llamar a Abraham le dijo: “El clamor de Sodoma y de Gomorra aumenta [...] y la gravedad de sus pecados ha subido hasta lo sumo. Quiero ir y ver si sus obras igualan al clamor que ha llegado a mis oídos, para saber si es así o no”1.
Y vio el Altísimo lo que allí ocurría y decidió castigar a esas ciudades borrándolas de la superficie con todos sus habitantes.
Abraham intercede por Sodoma
Al conocer Abraham las intenciones de Dios, clamó suplicando por los justos que allí vivían. ¿Por ventura, destruirías al justo por el impío? Si se hallaren cincuenta justos en esa ciudad, ¿han de perecer ellos también?. A lo que respondió el Creador: “Si Yo hallare cincuenta justos en medio de la ciudad de Sodoma, perdonaré a todo el pueblo por amor a ellos”.
Al no encontrar esa cifra, cuatro veces más insistió el patriarca, reduciendo el número de personas a diez.“Ruégote Señor... no te irrites, si aún hablare esta sola vez: ¿y si se hallaren allí diez? A lo que respondió [Dios]: No la destruiré por amor a esos diez”3.
Enviados de Dios
Pero a excepción de Lot y su familia, no había una sola persona digna en ninguna de aquellas ciudades, por lo que Dios Todopoderoso envió a la casa de aquel a dos de sus ángeles con la advertencia de que debía abandonar la ciudad lo antes posible porque la misma iba a ser destruida.
Los dos enviados llegaron al atardecer, cuando Lot se hallaba sentado a las puertas de la ciudad. Cuando los vio venir, se levantó y se dirigió hacia ellos, postrándose a sus pies en señal de adoración. “Os ruego señores que vengais a la casa de vuestro siervo, y os hospedéis en ella. Lavareis vuestros pies y de madrugada proseguiréis vuestro viaje”. Pero ellos le respondieron: “No, pues nos quedaremos en la plaza”4.
Lot condujo a los ángeles hasta su morada y allí los alojó, disponiendo un banquete y cocinando panes sin levadura. Esa noche cenaron, después de orar y agradecer al Señor todas sus bondades.
La salvación de Lot
Ocurrió que los habitantes de Sodoma, desde el más joven al mas anciano, supieron que en casa de Lot se alojaban dos extranjeros y se encaminaron a ella con aviesas intenciones. Una vez frente a su puerta, la turba, que deseaba practicar abominaciones con los recién llegados, exigió a Lot la entrega de los mismos. “¿En donde están aquellos hombres que al anochecer han entrado a tu casa? Sácalos acá afuera para que los conozcamos”. Al escucharlos salió Lot y cerrando detrás suyo la puerta, le habló a la multitud. “No queráis, os ruego, hermanos míos, no queráis cometer esta maldad. Dos hijas tengo, que todavía son doncellas; las sacaré afuera, y haced con ellas lo que gustareis, con tal que no hagáis mal alguno a estos hombres, ya que se acogieron a la sombra de mi techo”5. Pero aquellos perversos, movidos por sus instintos, respondieron: “Vinisteis a vivir entre nosotros como extranjero, ¿y queréis ya gobernar?, pues a ti te trataremos peor que a ellos”6. Y se arrojaron sobre Lot con gran violencia, forcejeándolo y golpeándolo con furia. Entonces, los ángeles del Señor abrieron la puerta, extendieron sus brazos e introdujeron a su anfitrión dentro, preservándolo de la violencia de la turba. Y entonces hirieron a los de afuera con un fortísimo rayo de luz que los dejó ciegos.
“¿Tienes aquí a alguno de los vuestros? –le preguntaron a Lot- Yernos, hijos o hijas, a todos sácalos de esta ciudad; porque vamos a arrasar este lugar, por cuanto su clamor ha subido de punto en la presencia del Señor, el cual nos ha enviado a exterminarlos”7.
La destrucción de Sodoma y Gomorra
Se apresuró Lot a advertir a los suyos de lo que iba a ocurrir, instándolos a abandonar la ciudad. Pero los prometidos de sus hijas no le creyeron y se quedaron. Y entonces, al despuntar el alba, los ángeles le volvieron a hablar: “Apresúrate, toma a tu mujer y a las dos hijas que tenéis; no sea que tu también perezcas en esta ciudad malvada”8 y viendo que se demoraba, lo tomaron de la mano tanto a él como a su esposa y las dos muchachas y los sacaron de la ciudad porque era un hecho que el Todopoderoso quería salvarles.
“Salva tu vida; no mires hacia atrás ni te pares en toda la región circunvecina, sino ponte a salvo en el monte, no sea que también tú perezcas juntamente con los otros”9.
Corrió presurosa la familia de Lot en dirección al monte indicado, mientras pensaba en la terrible advertencia que le habían dado los ángeles: bajo ningún punto de vista mirar hacia atrás. Y al ver que no llegarían, Lot alzó los brazos y exclamó: “Ruégote, Señor mío, pues tu siervo ha encontrado gracia en tus ojos, y has mostrado conmigo tan gran misericordia, poniendo a salvo mi vida, ya que no puedo arribar al monte, antes que quizá me alcance el azote,y muera: Ahí cerca está una ciudad pequeña donde podré refugiarme y en ella me salvaré”10.
La ciudad en cuestión era la pecadora Segor a la que Dios también pensaba destruir pero al pedírsela Lot como refugio y ser aquella extremadamente pequeña y de poca importancia, accedió. “Mira, aún en esto te otorgo la súplica: no destruiré la ciudad por la cual me has hablado. Date prisa, y sálvate allí; pues nada podré hacer hasta que tú entres en ella11.
Echaron a andar Lot y su familia en dirección a Segor y transitaban ya dentro de la comarca que circundaba la ciudad cuando un pavoroso estruendo sacudió la tierra. Fue entonces que de los cielos llovieron fuego y azufre y escalofriantes estallidos retumbaron por todo Sidim. Entonces, la esposa de Lot volvió su vista hacia Sodoma y al hacerlo, quedó convertida en estatua de sal.
Vestigios de la catástrofe
Al día siguiente, muy de mañana, fue Abraham al sitio donde había intercedido ante el Señor y miró hacia el valle donde habían estado Sodoma y Gomorra y vio que desde ellas se alzaban hacia el firmamento siniestras llamas y negras columnas de humo, lo mismo que en Adama y Seboím. Y solo Segor se salvó por haberse refugiado allí Lot con sus hijas. Y ocurrió entonces que las aguas del Mar Muerto crecieron y cubrieron para siempre el valle de Sidim, desapareciendo con ellas todo vestigio de tan perversos y pecaminosos lugares.
Justicia Divina
Hoy yacen bajo las aguas del sector meridional del Mar Muerto, las huellas de lo que alguna vez fueron el epicentro de la bajeza, la lujuria y el pecado; donde se practicaron aberraciones como el aborto, la sodomía y las uniones entre personas del mismo sexo, ofensas que el Señor castigó no sin antes salvar a los justos y a aquellos que transitan el camino del bien.

Notas:
1- Gn. 18, 20-21
2- Gn. 18, 24-26
3- Gn. 18, 32-33
4- Gn. 19, 1-2
5- Gn. 19, 4-8
6- Gn. 19, 9
7- Gn. 19, 12-13
8- Gn. 19, 15
9- Gn. 19, 9
10- Gn. 19, 18-20
11- Gn. 19, 21-22
|