Ingeniero aeronáutico Aldo Zeoli, impulsor continental de
la exploración espacial
Pocas personas saben que la Argentina fue pionera en el desarrollo de la tecnología espacial. En los años sesenta y setenta, nuestro país trabajó exitosamente en ese campo, siguiendo los pasos de las grandes potencias
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Ing. Aldo Zeoli |
En la década del cuarenta, cuando los ingenieros del Instituto de Investigaciones Científicas de la Fuerza Aérea Argentina trabajaban en el proyecto de un motor cohete de combustible líquido destinado a vectores científicos y militares, ningún país de Latinoamérica soñaba siquiera con proyectos espaciales, ni siquiera Brasil, que daría sus primeros pasos algunas décadas después.
La Argentina de entonces era una nación diferente que, al margen de los gobiernos de turno, trabajaba en pos del desarrollo científico, que desarrollaba su propia tecnología y producía cultura.
Primeros años
El comodoro Aldo Zeoli nació en Rosario, provincia de Santa Fe, el 3 de junio de 1916. Tras cursar sus estudios primarios en su ciudad natal, ingresó en la Escuela Industrial de la Nación de la que egresó con el título de electrotécnico. En 1939 se trasladó a la ciudad de Córdoba para estudiar en su Universidad Nacional en la que, al cabo de cinco años, se recibió de ingeniero aeronáutico.
Carrera ascendente
Con su flamante diploma en la mano, (1943) el ingeniero Zeoli ingresó en el Instituto Aerotécnico donde trabajó como calculista y proyectista. Su desempeño fue tan eficaz que el brigadier Juan Ignacio San Martín le propuso asimilarse como oficial a la Fuerza Aérea Argentina, creada como arma independiente el 4 de enero de 1945.
Incorporado al organismo, fue enviado a Inglaterra para perfeccionar sus conocimientos en el Jet Power Laboratory de Lutteworth, en la ciudad de Rugby y a su regreso, ingresó en el Cuartel General de Aeronáutica, donde alcanzó el grado de mayor y fue designado jefe del Grupo Técnico de la Segunda Brigada Aérea, con asiento en Paraná.
En ese nuevo destino alcanzó el grado de vicecomodoro incorporándose, poco después, a la Fábrica Militar de Aviones, en Córdoba en pleno auge entonces.
El proyecto espacial argentino
El 20 de octubre de 1949, ingenieros aeronáuticos argentinos probaron exitosamente el motor AN-1, cuyo empuje de 320 kg y su tiempo de combustión de 40 segundos, lo convertían en uno de los impulsores más eficientes de la época y ponía a nuestro país a la cabeza del continente en materia tecnológica. En 1956 técnicos del Instituto de Experimentaciones Espaciales dispararon desde la provincia de Buenos Aires un pequeño cohete Martín Fierro de combustible sólido, con el que alcanzaron una altura de 1700 y demostraron que estaban en marcha emprendimientos particulares con el mismo fin.
Cuando en octubre de 1957 los rusos colocaron en órbita el primer satélite artificial el mundo se conmocionó y fue testigo de una vertiginosa carrera en la que EE.UU. y Francia pusieron en marcha sus propios emprendimientos.
El 28 de enero de 1960 el Poder Ejecutivo Nacional creó por decreto la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), dependiente de la Fuerza Aérea Argentina, colocando a su frente al ingeniero Teófilo M. Tabanera, infatigable impulsor del programa espacial argentino.
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Cohete Orion |
La Argentina lanza sus primeros cohetes
El pequeño misil Martín Fierro había sido un emprendimiento particular a través del cual, un grupo de científicos había intentado demostrar que en la Argentina había capacidad e interés para iniciar emprendimientos de ese tipo. Sin embargo, la verdadera carrera espacial nacional comenzó en 2 de febrero de 1961 cuando técnicos y científicos dirigidos por el ingeniero Zeoli, lanzaron desde Pampa de Achala, provincia de Córdoba, el primer cohete APEX-A1-02 de la serie Alfa Centauro, para el estudio de la alta atmósfera y el comportamiento de vectores en vuelo.
El proyectil diseñado y construido por el equipo que dirigía el comodoro Zeoli, constaba de una sola etapa, 2,70 metros de largo, 9,4 centímetros de diámetro y 28 kilogramos de peso, elevándose a una altura cercana a los 21 kms, lo que constituyó todo un éxito para la época. Antes de despegar, vector y equipo de operadores recibieron la bendición del RP López, presente en el lugar y a poco de finalizado el vuelo, le fue comunicado al Dr. Arturo Frondizi, presidente de la nación, por vía telefónica.
Otros proyectos
A los Alfa Centauro le siguieron nuevos emprendimientos, entre ellos los Beta Centauro, de dos etapas y los mucho más sofisticados Gamma Centauro, con los que se puso a prueba el instrumental telemétrico de a bordo y se experimentó exitosamente la separación de etapas para encarar, en el futuro, proyectos más ambiciosos. El primer lanzamiento de un Beta Centauro tuvo lugar el 30 de septiembre de 1961 a las 14.30, desde Pampa de Achala, provincia de Córdoba y el de un Gamma Centauro el 15 de noviembre de 1962, desde la Base Aeroespacial de Chamical, provincia de La Rioja.
El cohete Orión
Al menos unos treinta cohetes, Alfa, Beta y Gamma Centauro, se dispararon desde Pampa de Achala, Chamical y Puente del Inca, provincia de Mendoza, entre 1961 y 1965, llevando a bordo cargas telemétricas y otro tipo de instrumental hasta 35.000 pies de altura.
El siguiente proyecto del ingeniero Zeoli, fue el cohete Orión, de 3 metros de longitud por 0,206 de diámetro. Se trataba de un proyectil mucho más poderos capaz de llevar hasta los 114 kms. de altitud instrumentos mucho más sofisticados para efectuar mediciones atmosféricas, determinar la velocidad de los vientos y evaluar el comportamiento del complejo durante el vuelo.
El primer Orión partió desde Chamical, en octubre de 1965, seguido por otro el 1 de julio de 1966 y un Orión II el 13 de agosto del mismo año. Siguieron a ello, experiencias conjuntas con científicos de Francia y los EE.UU.
Experiencias biológicas
La Argentina fue, después de Rusia, EE.UU. y Francia el cuarto país comprometido en el lanzamiento de seres vivos al espacio.
Técnicos del ICTE lanzaron dos ratas de laboratorio, Alfa y Beta, cada una en su propio cohete que, tras sus respectivos vuelos (8000 metros de altitud), aterrizaron suavemente a bordo de sus cápsulas, sostenidas por paracaídas.
En abril de 1967 fue concebido el Proyecto “BIO” con el lanzamiento de un cohete Orión II desde la Escuela de Tropas Aerotransportadas de Córdoba, el 11 de ese mes, a bordo del cual viajaba el ratón Belisario, que aterrizó exitosamente dentro de su cápsula, varios minutos después. Sin embargo, al mes siguiente, la Argentina tuvo su primera víctima espacial cuando el ratón Celedonio, tras un vuelo impecable, se estrelló en Chamical al enredarse su paracaídas en el motor.
Los científicos nacionales no se amilanaron y a otros roedores, entre ellos Dalila, que el 30 de agosto de 1969 llevó a cabo otro vuelo exitoso, le siguieron simios misioneros de especie caí, especialmente capturados por la Gendarmería Nacional para estas experiencias. El primero de ello fue Juan que despegó desde Chamical el 23 de diciembre de 1969 (Operación Navidad) a bordo de un poderoso Rigel 04 de dos etapas, nuevo proyecto del ingeniero Zeoli, que llevó a nuestro pequeño astronauta, hasta los 60 kms. de altura trayéndolo de vuelta sano y salvo. Una segunda víctima de aquellas experiencias fue una monita caí lanzada el 1 de febrero de 1970 desde Coronel Brandsen en un cohete Pantera X-1, que pereció al estrellarse en tierra al fallar sus paracaídas.
Hacia el espacio exterior
Proyectos más sofisticados siguieron al Orión, entre ellos, el mencionado Rigel, el Canopus y el Castor.
Las experiencias biológicas también continuaron, siempre experimentando con roedores y simios misioneros, en todos los casos, exitosamente.
El proyecto argentino más ambicioso, antes del Alacrán y el Cóndor, fue el Castor, poderoso vector de dos etapas, 9 metros de longitud, 3,36 centímetros de diámetro en la primera etapa y 0,69 en la segunda, con el que la Argentina alcanzó los límites del espacio exterior, 500 kms. de altitud.
El ingeniero Aldo Zeóli es otro ejemplo de aquellos individuos visionarios que supo dar nuestro país cuando el progreso y desarrollo eran sus metas principales*.
* Para mayor información ver www.reconquistaydefensa.org.ar “Argentina y la conquista del Espacio” y www.jpcoheteria.com.ar
Fotografías de Adrián Aldo Zeóli, gentileza de Juan Parczewski.
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