La Torre de Babel
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“La Torre de Babel” (1563) - Bruegel el Viejo, Museo Kunsthistoriches, Viena, Austria |
Existe hoy en día una predisposición anómala y naturalista a poner en duda casi todos los relatos de las Sagradas Escrituras. Según la misma, los hechos narrados en la Revelación por la Biblia son simples fábulas que tienen por objeto explicar con sencillez y claridad, ciertas enseñanzas del Evangelio. Sin embargo, excavaciones arqueológicas e investigaciones historiográficas están demostrando que aquellos acontecimientos ocurrieron realmente
Alrededor del año 3000 a.C. el rey Nimrod fundó la ciudad de Babel, desde donde comenzó a gobernar la tierra en abierto desafío a Dios.
Nimrod era hijo de Kus, nieto de Cam y bisnieto de Noé y pasó a la historia como un célebre cazador, gran guerrero y despótico opresor.
La descendencia de Noé se había diseminado por lo que hoy es Armenia, en torno al monte Ararat, migrando hacia las despobladas regiones del sur y las que se sitúan al oeste del río Tigris.
La ciudad de Babel
En el país de Sinear destacaban las llanuras fértiles sobre las que Nimrod decidió edificar su ciudad; una simple población que, con el paso de los años, se convertiría en capital del imperio más poderoso del mundo, Babilonia, cruel y perversa metrópoli, desde la que gobernarían feroces tiranos como Nabonasar, Nabucodonosor, Nabopolasar y Nabonid.
El desafío de Nimrod
Según la tradición, Nimrod hizo la guerra a la descendencia de Jafet, la esclavizó y le arrebató todas sus tierras. Y desafiando con soberbia a Dios, ordenó construir una gran torre con el doble propósito de escapar de un segundo diluvio, en caso de que el Supremo Hacedor decidiese castigar nuevamente a la humanidad. Al mismo tiempo, pretendía alcanzar el Cielo, para invadir la propia morada del Creador.
“Venid, hagamos ladrillos, y cozámoslos al fuego. Y se sirvieron de ladrillos en lugar de piedras, y de betún en vez de argamasa; y dijeron: Vamos a edificar una ciudad y una torre, cuya cumbre llegue hasta el cielo; y hagamos célebre nuestro nombre antes de esparcirnos por toda la faz de la tierra” 1.
Es evidente que Nimrod pretendía llegar hasta la mismísima residencia de Dios, desplazar su autoridad y lanzarse a la conquista del mundo.
La destrucción de la torre
Y así fue que comenzaron los babilonios la colosal edificación, levantando una torre como jamás había visto el hombre.
Supo el Altísimo el desafío que se le hacía y decidió bajar a la tierra para castigar tanta insolencia.
“Y descendió el Señor a ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de Adán, y dijo. ‘He aquí, el pueblo es uno solo, y todos tienen un mismo lenguaje; y han empezado esta fábrica, y no desistirán de sus ideas, hasta llevarlas a cabo. Ea, pues, descendamos y confundamos allí mismo su lengua, de manera que el uno no entienda el habla del otro” 2.
Cayó la ira de Dios sobre Babel y se desplomó la gran torre provocando indescriptible espanto. Y ocurrió que la gente, dejó de entenderse y se dispersó por todas las regiones llena de espanto y temor.
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Edificaciones como el presente zigurat recuerdan vagamente lo que podrían haber sido la forma y el aspecto exterior de la Gran Torre, no sus dimensiones, que fueron colosales |
La cruel Babilonia
De esa manera, el Padre de todo lo Creado castigó la soberbia del hombre y su actitud desafiante frente a la suprema autoridad.
Con el correr de los siglos Babel, ya convertida en Babilonia, fue el epicentro de la Tierra, cruce de caminos y núcleo de detestable perversidad. Hacia allí fue llevado el Pueblo Elegido en doloroso cautiverio. Desde allí partieron crueles ejércitos para oprimir las naciones. Allí reinaron la orgía y la lujuria y la abominación tuvo su trono.
Condenada por los profetas, odiada por todos los pueblos del mundo, acabó sus días arrasada por sus enemigos y reducida a polvo y ruinas, tal como lo predijo el profeta Daniel: “Ha numerado Dios tu reinado, y le ha fijado término [...] Has sido pesado en la balanza, y has sido hallado falto [...] Dividido ha sido tu reino, y se ha dado a los medos y los persas” 3.
Vestigios de la torre
Según autores “revisionistas”, en esta cronología se entremezclan relatos verdaderos con simples fábulas. Sin embargo, hay pruebas documentales que confirman lo contrario.
El historiador alemán Juluis Oppert encontró referencias a la Torre de Babel en un escrito cuneiforme de Nabucodonosor II que analizó detalladamente. Pero las menciones más importantes son las que hizo en el siglo IV a.C. el historiador babilónico Besarus, autor de una historia de su ciudad natal, así como la descripción que dejó Herodoto cuando visitó la urbe. En ése entonces la torre se hallaba completamente destruida, por lo que el sabio griego solo pudo apreciar sus cimientos. Eso le permitió determinar que su base tenía el tamaño de un estadio y que sobre ella se superponían siete terrazas, a las cuales se accedía por un camino exterior, posiblemente escalonado, en forma de espiral.
El gran historiador no vio aquel detalle ya que los últimos vestigios del edificio fueron destruidos por el ejército de Jerjes en el año 484 a.C. pero es evidente que recogió testimonios mucho más cercanos a aquellos hechos, que los actuales.
Nuevas pruebas
Una expedición arqueológica alemana dirigida por Robert Koldewey en 1899 descubrió los pisos inferiores de la edificación cuya base superaba los 90 metros4.
En la tabla de Esagil figuran las dimensiones de la misma. Analizando otras construcciones de la región, las dimensiones de la plataforma, sus cimientos y otros detalles, los estudiosos creen estar en condiciones de afirmar que la edificación alcanzó una altura de siete terrazas antes de ser destruida por el Señor.
El cronista italiano Pietro Della Valle, nacido en Roma en 1586, señaló el sector norte de Babilonia como el sitio de emplazamiento de la torre, más exactamente en un barrio que lleva el sugestivo nombre de “Babil”, en la margen izquierda del Eufrates, dentro del recinto amurallado de la ciudad. Otros investigadores han creído situarla, sin demasiado fundamento, en Borsippa e incluso en las ruinas de Tell-Amram, a las que Oppert consideraba vestigios de los Jardines Colgantes.
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Nimrod el Cazador, primer rey de Babilonia, mandó edificar la gran torre en abierto desafío a Dios |
Edificación colosal
La Biblia refiere que la torre fue edificada con ladrillos cocidos a fuego, utilizando betún a modo de argamasa. De ese modo construyeron los caldeos sus grandes edificios, entre ellos los zigurats, sus imponentes murallas y los célebres Jardines Colgantes. Al parecer, la gran torre superó los 90 metros de altura y tuvo cada una de sus esquinas apuntando hacia los cuatro puntos cardenales. Estos detalles nos hablan de la magnificencia del edificio ya que sus similares de Ur, Uruk, Eridú, Nippur y Lagash, solo llegaban a dos o tres niveles como mucho.
Nuevos hallazgos
Exploraciones más recientes han encontrado una inscripción tallada en uno de los tramos de la muralla de Babilonia, que hace referencia a Nabucodonosor II y cierta torre que mandó edificar entre los siglos VII y VI a.C. “igual a la que existió en Babel para alcanzar el cielo”.
Así como fue demostrado que un Diluvio se abatió sobre las tierras de la Mesopotamia en el año 3000 a.C.; que vestigios en las profundidades del Mar Rojo evidencian su cruce por el ejército egipcio5 y que los muros de Jericó realmente cayeron, las excavaciones arqueológicas y los milenarios escritos del Oriente Medio permiten establecer que una gran torre fue edificada en Babilonia y que la misma se desmoronó abruptamente.
No se debe desafiar a Dios
El Señor castigó la soberbia del hombre precipitando la colosal mole cuando aquel intentó invadir su morada. Tan terrible fue la catástrofe, tan aterrador el estrépito de su caída, que los hombres olvidaron el idioma con el que se comunicaban y dejaron de entenderse.
Hoy un nuevo desafío surge desde la humanidad: el de negar los hechos de Dios afirmando –con la soberbia que en su momento llevó a edificar la torre– que los mismos son inciertos y que nunca acontecieron. Es una estrategia más que la revolución ha implementado para sembrar la duda, la confusión y la división en el alma de los hombres.
Notas
1- Gen. 11, 3-4.
2- Gen. 11, 5-7.
3- Dan. 5, 26-27. Esa misma noche, el ejército de Ciro el Grande, rey de Persia, desvió las aguas del Eufrates y penetrando por el cauce seco de sus canales, llegó hasta el palacio real de Babilonia, asesinando a Baltasar, su último rey, hijo de Nabonid y nieto de Nabucodonosor II.
4- La Tabla de Esagil habla de 89 metros de altura.
5- “Veracidad incuestionable de las Sagradas Escrituras”, Revista Cruzada, Nº 20, abril de 2006, pp.
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