¿Renace la persecución
anticatólica en España?
Al instaurarse en 1931 una república socialista en España, no tardó en desencadenar una persecución contra la Iglesia que rápidamente creció en intensidad, hasta generar la reacción que culminó en la guerra civil de 1936-1939.
Hoy, con el socialismo nuevamente en el poder, amparado en una inexpresiva monarquía, una nueva persecución anticatólica se incuba en la Madre Patria. Ya no se trata de una persecución sangrienta (aunque tampoco in-cruenta) sino de un acoso legal para impedir que la Iglesia y los católicos cumplan con su irrenunciable misión, particularmente en lo concerniente a la educación de la infancia y la juventud.
El año pasado el Parlamento dominado por el PSOE y la izquierda votó una ley de Educación para la Ciudadanía que pretende abolir la educación religiosa en las escuelas públicas y privadas, para sustituirla por una educación en los moldes de la revolución cultural neo-marxista, particularmente por la inducción al hedonismo y al libertinaje sexual. En esto el PSOE sigue al pie de la letra la fórmula de su líder histórico Rodolfo Llopis, quien fuera Director General de Enseñanza primaria del gobierno republicano (1931), y durante la guerra civil de 1936-1938 fue subsecretario de la Presidencia. Para Llopis, el ciclo revolucionario no termina hasta que la revolución no se haga en las conciencias. Y esa es la labor que tiene que hacer la escuela. (...) La escuela tiene que ser el alma ideológica de la revolucion. (...) Hay que apoderarse del alma de los niños. Ese es el grito, el lenguaje pedagógico de la revolución rusa.(1)
Confrontación inevitable
La Iglesia y los católicos organizaron masivas protestas contra dicha ley. El 80 % de los padres de familia reclaman la continuidad de la educación religiosa. El Arzobispo de Toledo y Primado de España, Cardenal Antonio Cañizares, que es también vicepresidente de la Conferencia Episcopal, declaró que la nueva legislación educativa constituye un atentado a la libertad, pues impone obligatoriamente una formación moral por parte del Estado, en la cual el laicismo toma el carácter de religión oficial en la que se excluye a Dios, cuya consecuencia será la destrucción del hombre y de la sociedad (2). Y apeló a la objeción de conciencia, reconocida por la Constitución.
La reacción del régimen fue drástica. El presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, declaró que ninguna fe puede oponerse a la soberanía popular (3) (¿tal vez no recuerda que fue la soberanía popular la que llevó al poder a Hitler, o eligió liberar a Barrabás y condenar a Jesucristo...?). La vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, aludiendo a la objeción de conciencia, sostuvo que nadie puede desobedecer a una ley votada en el parlamento. Anteriormente el eurodiputado del PSOE Miguel A. Martínez, que es también vicepresidente del Parlamento Europeo, amenazó cortar la financiación de los colegios concertados (privados) (4). El ideólogo del PSOE Gregorio Peces-Barba, por su parte, sostuvo que los obispos se consideran depositarios de verdades que están por encima de coyunturales mayorías y de la soberanía popular, y adoptan posturas que contradicen la evolución de la modernidad y la secularización de la moralidad. Y esbozó una amenaza a la libertad de la Iglesia, afirmando que si esta no vuelve atrás habrá que abordar el tema de la acción y de la situación de la Iglesia y establecer un nuevo estatus, que les sitúe en su sitio. (5)
Todo indica, pues, que España ya entró en un camino de confrontación Iglesia-gobierno socialista, de resultado imprevisible, en el cual el gobierno intentará por todos los medios cercenar la acción de la Iglesia.
1- Citado por Javier Tussell, Maravall no sabe, “Ya” 14-10-1983. Destaques nuestros.
2- ABC”, Madrid, 24-07-2007.
3- El País”, Madrid, 23-07-07
4- Minutodigital.com , 06-07-07.
5- El País, Madrid, 07-08-2007.
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