Virgen
No es una mala palabra
¿No sería el caso que nuestra juventud eligiese tomar lo bueno y desechar lo malo de las modas estadounidenses?
Viajaba muy temprano en subte, cuando subieron dos parejas que regresaban de una salida nocturna. Conversaban alegremente, hasta que una de las chicas vio detrás suyo, un aviso promoviendo la castidad. Leyó la frase en voz alta: “Virgen, no es una palabra obscena”. Al instante protestó en broma pero con una nota de culpa y desencanto en la voz: “¿por qué no nos dijeron eso a los 15 años?”, y de la risa nerviosa pasó a un silencio pensativo. Se hizo patente que esa chica había seguido un camino equivocado y lamentaba no haber tenido una opción diferente en su vida.
Parecería el último lugar en el mundo donde aquellos que quieran mantener su virginidad encuentren otras opciones sería los EE.UU. Sin embargo, hay un filón cultural norteamericano que se opone abiertamente a los estilos de vida libertina y las modas inmorales. Los integrantes de esta cultura pugnan por salvaguardar la virginidad y rechazar tendencias que –a justo título– consideran destructivas. A lo largo de los EE UU grupos de jóvenes se comprometen a mantenerse puros hasta el matrimonio y proclaman fuerte y claro que la virginidad no es una mala palabra.
Es, tal cual, otro fenómeno
de esos que “sólo pasan en U.S.A."
Las campañas pro-castidad constituyen un gran elemento en esta tendencia. En los últimos 10 años, el gobierno federal ha destinado más de mil millones de dólares a programas que enseñan a los jóvenes el valor de mantenerse castos hasta el matrimonio. Más aún; por medio de una campaña de abstinencia, en el último año se asignaron a los colegios que, en vez de enseñar sobre supuestos beneficios del uso de profilácticos, demuestren que fracasan porque diseminan comportamientos promiscuos, u$s 176.000.000.
Ese dinero no “cae en el vacío”; es utilizado por más de 200 grupos de la sociedad organizada, adeptos de la abstinencia, los cuales movilizan congresos y seminarios que culminan en compromisos de pureza por parte de los adolescentes
Así, las encuestas de opinión pública con las que los políticos miden lo que quieren los votantes, concluyen que un determinado sector del público estadounidense quiere preservar su virginidad y ha manifestado su opinión de forma efectiva, hasta obtener respaldo oficial.
The Silver Ring Thing
Tomamos conocimiento de estos programas al leer las noticias sobre Lydia Playfoot, una chica de 15 años de West Sussex, Inglaterra. Llamó la atención a nivel internacional cuando las autoridades del colegio Millais para señoritas le intimaron a que se sacase su anillo de pureza, alegando que era una transgresión al uniforme del colegio.
Sus padres se disgustaron por el doble juego de esta regla ya que tanto las musulmanas que desplegaban pañoletas en la cabeza, como las sikhs que llevan en el brazo derecho los brazaletes de acero con que se distinguen, no recibían ningún llamado de atención.
Lydia Playfoot recibió su anillo en un programa presentado por The Silver Ring Thing, un grupo norteamericano fundado en 1996 por Denny Pattyn en Yuma, Arizona. Se trata de un programa educacional cuyo objetivo es mostrar a los jóvenes las consecuencias físicas, emocionales y espirituales que conlleva un estilo de vida deshonesto. “La única forma de contrarres-tar la decadencia moral de cualquier cultura joven” dice Pattyn “es inspirar un cambio en la conducta y comportamiento de aquellos que están inmersos en dicha cultura”.
El grupo de Pattyn se formó bajo el amparo de otra organización genialmente llamada “El Verdadero Amor Espera” (True Love Waits), ideada por Jimmy Hester a principio de los 90. “Comenzamos a escuchar estudiantes” dice Hester “que no tenían una forma de expresarse respecto a mantener la abstinencia hasta el matrimonio”. En otras palabras, querían evitar tomar un camino equivocado, pero no veían otra opción. “El Verdadero Amor Espera (True Love Waits) surgió de ese deseo”.
El compromiso de mantenerse puro al comienzo se expresaba con la firma de una tarjeta de promesa que los estudiantes llevaban en el bolsillo. Reemplazaron después la tarjeta por un anillo de pureza, más visible y poderosamente simbólico; un recordatorio constante de la promesa hecha. Estos anillos de pureza a veces son dados por los padres a sus hijas, y al casarse ellas lo entregan a sus maridos, gesto de un encanto comparable al propio vestido blanco que las novias llevan camino al altar.
El que numerosos jóvenes usen un signo tan visible de su castidad, echa por tierra el mito moderno de que a nadie le interesa permanecer puro.
Hombría verdadera
Parecería que las únicas interesadas en la virginidad, son mujeres. Después de todo, la virginidad está más comúnmente asociada con ellas mientras la hombría fue distorsionada por arquetipos inventados. Los hombres rectos son presentados frecuentemente como seres asexuales, que ningún joven querría imitar. Al otro lado del espectro, está el igualmente distorsionado "macho-man", quien necesita la pérdida de su virginidad como un paso aceptable y necesario hacia la imagen deformada de hombría.
Sherif Girgis, estudiante de filosofía de 19 años de la Universidad de Princeton y cofundador de la “Anscombe Society”, empieza por desmentir estas opiniones falsas: “Descubrí en mi propia persona que la intensa lucha para mantener la pureza, mas la subsiguiente tranquilidad de haber vencido a uno mismo, son eminentemente masculinas”.
La Anscombe Society, lleva el nombre de Elizabeth Anscombe, una filósofa de Cambridge, católica ferviente, que defendió la “impopular” ética sexual católica. Su lucha tuvo un punto culminante en 1968, cuando la Santa Iglesia reafirmó la condena a la anticoncepción. Mientras muchos intelectuales reaccionaban escandalizados y furiosos, la familia Anscombe brindaba por la decisión.
Según Sherif, convertido al catolicismo como la Sra. Anscombe, el grupo de Princeton tiene dos objetivos: provee una conexión para la gente con pensamiento similar y brinda a los alumnos argumentos para ayudarlos a comprender la importancia de la castidad en el desarrollo humano. Lo más importante es presentar un ejemplo eficaz, especialmente ante los jóvenes varones, carentes de modelos apropiados.
Cassandra Debenedetto, fundadora de la “Anscombe Society”, es la mayor de cuatro hermanos: los menores están agradecidos por el ejemplo recibido de los alumnos de Princeton. “Dos de ellos, planean formar grupos de abstinencia en sus colegios mientras el otro espera hacer lo mismo en su Universidad”.
En la cobertura que hicieron los medios sobre la fundación de la “Anscombe Society”, tomó contacto con ellos un grupo similar de la Universidad Cornell, según Cody May, experto en Filosofía de Center, Texas, antiguo delegado de la “Anscombe Society”. “Aunque el grupo de Cornell no tuvo tanta publicidad como nosotros” explica, “quisieron decirnos 'Estamos con Uds., ofreciendo cosas parecidas en Cornell’”.
Conocida como la “República Popular de Boulder”, la Universidad de Colorado es el último lugar del planeta donde se esperaría encontrar “fanáticos derechistas”, promoviendo la castidad, especialmente siendo varones. Esto no impidió que Jonathan Butler, de 19 años, y sus amigos, formaran la Coalición Universitaria para la Educación del Relacionamiento. La inocuidad del título se debe a la ira que tienen los liberales hacia los grupos que promueven la castidad. Hay clubes similares en la Universidad de Northern Colorado y la Colorado State University.
La modestia como resguardo de la virginidad
El tema de la modestia surgió mientras hablaba con Cody May. Siendo originario de la cálida Center, Texas, me comentaba de la “imprevista bendición” de ir a Princeton, con temperaturas que, de hecho, obligan a las chicas a vestirse con recato. Cody no es el único que piensa de esa forma en Princeton; “Más hombres que mujeres estarán de acuerdo conmigo” dice “los hombres reconocen el problema porque los afecta más directamente”. Él entiende que mantener la virginidad sin la virtud de la modestia, es difícil para no decir imposible.
Cassandra Debenedetto estaría profundamente de acuerdo con él ya que además de ser fundadora de la “Anscombe Society”, tiene un blog personal, apropia-damente titulado “Modestamente tuya” (“Modestly Yours), en uno de cuyos artículos cuenta su experiencia ilustrando alumnas del secundario y lo impresionada que estaba por su adhesión a la modestia. “Las chicas entendían que vestirse modestamente no era usar ropa holgada y desaliñada”. Más bien creían que una puede vestirse a la moda de forma que resalte su femineidad, sin que sea provocativo o incitante. Es esta idea la que puede difundirse.
En Tucson, Arizona, las adolescentes se hartaron de la ropa indecente que se vendía en las boutiques y exigieron una moda más digna. Más de 4000 estudiantes firmaron una petición a Dillard's, casa de modas que organizó un desfile para presentar prendas más decentes.
Similar es el caso de Rita Davidson, quien viajó cinco horas desde Ontario, Canadá, atravesando la frontera norteamericana, por el tema de la modestia. “Quería conocer a mi amiga de California, que decía que siempre usa pollera. Este detalle me intrigaba, ya que me parecía muy severo”. Al tratar a su amiga norteamericana, quedó fascinada por su femineidad y sinceridad. “Su imagen me impactó” dice “y ahí comenzó todo”. Juntas formaron una organización llamada “Mártires de la Pureza”, una cruzada para salvar almas, no sólo de la impureza, sino también de la inmodestia. La respuesta fue tal que tuvieron que abrir una casilla postal en Nueva York. “El 90% de nuestros clientes son norteamericanos” dice “Las familias católicas en EE.UU. toman la Fe más en serio”.
No faltarán personas que lean este artículo y cuestionen la perseverancia de las promesas de pureza hechas por más de dos millones de jóvenes. Los frívolos o liberales lo harán -basados en estadísticas- porque quieren seguir promoviendo la anticoncepción. Otros dirán que los jóvenes que asumen este compromiso están condenados a fracasar, por encontrarse voluntariamente inmersos en una cultura promiscua.
Cuestionarán también la integridad de los estudiantes universitarios que defienden valientemente su virginidad en universidades “desenvueltas” liberales, aún si están salpicados con mensajes de modestia.
Este artículo no tiene la intención de presentar a los EE.UU. como un convento -que no lo es- sino resaltar el paradójico deseo de mantener la pureza virginal por parte de jóvenes de un país cuya onda cultural promueve, al menos implícitamente, el amor libre. Esta paradoja fue perfectamente expresada por esa pobre alma en el subte. Ella experimentó los placeres vacíos que ofrece el mundo y muy cándidamente, hizo la punzante pregunta; “¿Por qué no me fue ofrecida otra opción?”. La pregunta implica un deseo de algo más, y la afirmación de que, habiendo tenido otra oportunidad, hubiera tomado otra decisión.
¿Era consciente esta joven de los millo-nes de personas a quienes la defensa de su virginidad los llevó a hacer la promesa de mantenerse puros? ¿Sabía que esos mismos jóvenes, sin tener vergüenza, llevan anillos de pureza como signos de su promesa, sin hacer caso de quienes pretenden ridiculizarlos por eso? ¿Sabía de aquellos varones que eligen la virginidad y al hacerlo, echan por tierra los falsos arquetipos de hombre?.
No solo en EE.UU. está viva la sublime idea de que la virginidad no es mala palabra. En nuestro país crece por decenas el conjunto de jóvenes y adolescentes que anteponiendo su moral y don de gentes, defienden a rajatabla su pureza aún a costa de soportar burlas y denigraciones de desafortunados compañeros cuya falta de vergüenza los impulsa a una descarada ostentación de faltas y vicios.
reprobare malum et eligere bonum
Isaías ( *) profetiza sobre Emmanuel que comerá manteca y miel, para que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno
¿No sería el caso que nuestra juventud eligiese tomar lo bueno y desechar lo malo de las modas estadounidenses?
Is 7:15
|