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La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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Adelia María Harilaos de Olmos
(1865-1949)
modelo para la clase dirigente

Verdaderamente es  noble todo individuo preclaro, ilustre y generoso,  elevado moral y socialmente que, por bondad, es inclinado a hacer el bien y a brindar ayuda al que lo necesita, sin pedir nada a cambio. Doña Adelia María Harilaos de Olmos fue la perfecta combinación de ambas cualidades, en beneficio de la patria y la Santa Iglesia Católica, un modelo para la clase dirigente, cuya misión es insubstituible en la formación de la cultura, las instituciones, las leyes y las costumbres de toda nación, tal como lo ha enseñado el Papa Pío XII en las célebres alocuciones al Patriciado y a la Nobleza romana*

Adelia María Harilaos nació en Buenos Aires el 16 de junio de 1865. Era hija de don Horacio Harilaos, español, hombre de amplia cultura y vastos conocimientos en materia de arte, ciencia y música y de doña Carolina Senillosa, perteneciente a una acaudalada familia de terratenientes. Su abuelo, el arquitecto catalán Felipe Pujol de Senillosa, propietario de vastas extensiones de tierras en la provincia de Buenos Aires, tuvo una importante actuación como agrimensor en tiempos de Rosas y al morir en 1858, dejó una cuantiosa fortuna en estancias, chacras, bienes inmuebles y oro.

Tanto don Felipe cuanto su esposa, Pastora Botet, se opusieron al matrimonio de su hija Carolina con Harilaos ya que deseaban para ella fortuna y buen pasar, cosa que aquel no podía brindarle. Por ello fue necesaria la intermediación del Gral. Bartolomé Mitre, viejo amigo de la familia.

Su Eminencia el Cardenal Pacelli junto a autoridades civiles y eclesiásticas. En la foto el Presidente de la Nación, Gral. Agustín P. Justo y el Dr. Carlos Saavedra Lamas, en la Casa de la Sra. de Olmos

Temprana vocación

Adelia María creció en ese hogar acomodado junto a sus tres hermanos pero, al cabo de un tiempo, la fortuna se esfumó a causa de los desordenados gastos de doña Carolina, empeñada en mantener un ritmo de vida como el que había tenido de soltera. Por esa causa, comprendiendo que la desmesura de su esposa los estaba llevando a la ruina, Horacio Harilaos partió a Europa llevándose consigo a los tres varones.

Adelia quedó al cuidado de su madre, en el palacio de los Senillosa y administrando, lo mejor que pudo, la economía familiar. Mientras tanto, frecuentó con asiduidad la Conferencia Vicentina de las Hijas de María, de la que fue socia y colaboradora, asistiendo con piadosa devoción a los encuentros de oración y las novenas de la Purísima y desarrollando una febril actividad en los talleres de capacitación y escuelas para pobres de Santa Filomena, en las que llegó a ocupar cargos de jerarquía.

Su matrimonio

En 1895 Adelia María conoció a don Ambrosio Olmos, terrateniente cordobés, propietario de una gran fortuna, que había sido gobernador de su provincia entre 1886 y 1888. Olmos, nacido en 1841, era el prototipo de aquella nueva clase de estancieros surgidos a poco de la conquista del Desierto, iniciando su expansión en Achira con la adquisición de 300.000 hectáreas que de inmediato puso a producir. Radicado en Río Cuarto, compró la estancia del Fortín Santa Catalina dedicándose a la cría intensiva y a proveer al Ejército en la frontera.

Cuando al finalizar el siglo XIX Olmos se estableció definitivamente en Buenos Aires, conoció a la joven y bonita Adelia, de quien quedó profundamente enamorado. Sin embargo, ese amor no fue correspondido, por lo que debió incrementar sus esfuerzos para conquistarlo. Y en ello contó con la alianza de su futura suegra, interesada en casar a su hija con un hombre de buena posición.

 

Monseñor Eugenio Pacelli en la residencia de la marquesa pontificia María Adelia Harilaos de Olmos (en el círculo), rodeado por damas pertenencientes a la Sociedad de Beneficencia

Durante un viaje a París, Olmos y doña Carolina combinaron alojarse en el Hotel Beau Site y en la gran capital europea se comprometió con la bella joven con quien se casó el 2 de mayo de 1902.

El matrimonio y su suegra vivieron en París hasta que, después del fallecimiento de doña Carolina el 27 de febrero de 1904, decidieron regresar al país (octubre) comprando un palacio sobre la Av. Alvear y visitando los campos cordobeses para supervisar la marcha de los negocios.

Milagrosa curación

En 1905 doña Adelia comenzó a experimentar síntomas de demencia, que se agravaron cuando al año siguiente su marido falleció en su quinta de Olivos, hecho que dio lugar a absurdos e infundados comentarios.

Doña Adelia, dueña de un considerable patrimonio, fue declarada “demente”, por lo que su hermano Horacio, pasó a administrar la que se consideraba una de las fortunas más importantes de América del Sud.

Finalizaba 1906 cuando la familia Harilaos decidió recluir a Adelia en un internado de París y hacia allí partió a lo que fue dado en llamar, “el año más doloroso de su vida”. Sin embargo, pocos meses después, se recuperó milagrosamente, hecho que le permitió instalarse en un lujoso petit hotel y volver  a la vida normal, recibiendo a sus amistades, acudiendo a tertulias, al teatro y a la ópera.

Notable benefactora

De regreso en 1911, disponiendo de su gran fortuna, la señora de Olmos emprendió una labor benemérita a favor de los pobres y de la Iglesia Católica, que, sin desmerecer a otros grandes benefactores, no encontraría parangón en la historia nacional.

En 1911 fundó con otras señoras de la Liga de Damas Católicas, la Caja Dotal de Empleadas de la que fue designada presidenta por unanimidad. La venerable institución tenía por finalidad otorgar beneficios a las jóvenes empleadas, iniciarlas en el ahorro, estableciendo, además, escuelas de enseñanza nocturna, comedores comunitarios, pensiones y hasta una bolsa de trabajo. Al año siguiente pasó a formar parte de la Sociedad de Beneficencia de Buenos Aires junto a su cuñada Magdalena Bosch de Harilaos, transformándose en una de sus más dinámicas asociadas y a partir de ese momento emprendió una serie de obras que habrían de cristalizarse en instituciones, iglesias, hospicios y capillas.

A ella se deben la iglesia castrense Nuestra Señora de Luján (Belgrano), Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa (Parque Chacabuco), el altar y camarín de Nuestra Señora de Pompeya (1922), la iglesia de las Esclavas del Corazón de Jesús, sobre la calle Montevideo (1927), la capilla de Nuestra Señora de La Paz, en la Catedral Metropolitana (1929), el hoy denominado Pabellón “Ambrosio Olmos” del Hospital de Río Cuarto, en Córdoba; la capilla Nuestra Señora de la Salud de la calle Talcahuano, la parroquia de San Pablo en Turdera, provincia de Buenos Aires y el palacio que especialmente adquirió en 1934 para que allí se alojara el Cardenal Pacelli (luego Papa Pío XII), y posteriormente, los presidentes del Uruguay y Paraguay, hoy sede de la Secretaría de Cultura de la Nación.

Marquesa Pontificia

Doña Adelia María Harilaos de Olmos efectuó importantísimas contribuciones a la Santa Sede, que permitieron la construcción de la Universidad Gregoriana de Roma, especialmente su Aula Magna. Pero su mayor contribución a la Iglesia fue, tal vez, el magnífico palacio de la Av. Alvear, adquirido a la familia Fernández Anchorena, a comienzo de los años cuarenta, destinado a su residencia particular, que donó por testamento redactado el 13 de noviembre de 1947 para sede de la Nunciatura Apostólica. Al mismo debemos agregar la magnífica quinta de estilo suizo de la localidad de Quilmes que S.S. Juan XXIII donó a las Hermanas Educadoras de la Santa Cruz de Menzingen en 1963.

Tanta entrega y tanta bondad fueron premiadas por S.S. Pío XI que en el mes de agosto de 1930 le concedió el título de Marquesa Pontificia que hasta entonces solo habían ostentado doña Mercedes Castellanos de Anchorena y doña María Unzué de Alvear.

Sepulcro que guarda los restos de la Marquesa Pontificia y de su esposo en la iglesia del Corazón Eucarístico de Jesús (Las Esclavas) frente a la Plaza Vicente López

Obras de bien

Doña Adelia integró numerosas entidades benéficas desde las que trabajó intensamente en pro del necesitado. En 1934 fue Vicepresidenta primera del Comité Ejecutivo del Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires. Presidió la Conferencia de Señoras de San Vicente de Paul, la Congregación  de las Hijas de María de la Inmaculada Concepción y la Caja Dotal de Empleadas. Fue además vicepresidenta de la Conferencia Femenina de la Paz en América y tesorera y consejera del Patronato de la Infancia.

En su carácter de presidenta de la Caja Dotal de Empleadas acudió, el 7 de agosto de 1936, a la inauguración del gran Cine Teatro “Opera” cuyo propietario, Clemente Lococo, donó toda la recaudación a la obra.

Doña Adelia falleció el 15 de septiembre de 1949 en medio de gran pesar y sus restos, fueron depositados en la iglesia del Corazón Eucarístico de Jesús (de las Hermanas Esclavas) frente a la plaza Vicente López, junto a los de su esposo, Ambrosio Olmos, de acuerdo a su expresa voluntad.


Nota
* Al respecto, aconsejamos la lectura del libro “Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana”, del Dr. Plinio Corrêa de Oliveira en el que el autor destaca que dicha misión no constituye un monopolio exclusivo de la nobleza, sino que corresponde también a las nuevas clases que merecidamente participen en la dirección de la vida social.

Fuentes

Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana, Tomos I y II, Ediciones Tradición, Familia, Propiedad, Buenos Aires, 1993.

La Nunciatura Apostólica en Argentina, Nunciatura Apostólica, Buenos Aires, 2005

http://www.parquechacabucoweb.com.ar/medalla_milagrosa.htm

http://members.fortunecity.es/josefrig/ambrosio.htm

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