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Frente a la pandemia del SIDA,
una vacuna 100% segura:
La castidad
La salvaguardia contra el vicio –que constituye una “enfermedad moral”– es la práctica de la virtud. Para contener la gigantesca expansión de la epidemia universal del SIDA 1, el único remedio eficaz es el respeto a la ley de Dios, o sea, la práctica de la castidad dentro del propio estado, sea célibe o matrimonial
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| Bajo pretexto de evitar el contagio del SIDA, la sociedad argentina actual, y especialmente los niños y adolescentes, son blanco de mensajes engañosos sobre la eficacia del preservativo y que los inducen a apartarse del verdadero amor, la responsabilidad y la verdad |
Ya desde hace varios años, el Ministerio de Salud de la Nación está empeñado en una insistente campaña publicitaria, en la que no se escatiman abultados recursos públicos, para hacer habitual –casi diríamos imponer– el uso del preservativo como medio de evitar el contagio del SIDA.
Cifras millonarias del Tesoro Nacional son destinadas a la puesta en marcha de los programas de la denominada Salud Sexual y Reproductiva que, entre otras finalidades, contempla la distribución gratuita de anticonceptivos y preservativos, tarea en la que se involucró personalmente el ministro de Salud, Dr. Ginés González García.
Mientras el sistema hospitalario público permanece en una suerte de terapia intensiva por falta de recursos, la población asiste, atónita, a ese inútil despilfarro de dinero, que solo contribuye a aumentar la promiscuidad sexual y la misma transmisión de la enfermedad incurable denominada SIDA.
Valiente denuncia de
Mons. Antonio Baseotto
Meses atrás, Mons. Antonio Baseotto, Obispo Castrense, escribió una carta al mencionado ministro en la que defendió la integridad moral de los argentinos y denunció que las campañas oficiales de prevención del SIDA, basadas en la repartición de preservativos, fracasaron mundialmente e inducen a conductas sexuales desordenadas e irresponsables.
Inmediatamente se desató sobre el prelado una fuerte persecución político-publicitaria, basada en el supuesto de que habría propugnado arrojar al mar al ministro Ginés, cuando simplemente, sin amenazar a nadie, hizo un llamado a la reflexión, sustentado en un conocido pasaje del Evangelio sobre la gravedad del pecado de escándalo.2
Los medios de comunicación omitieron cuidadosamente incluir en la polémica el programa positivo que el prelado había sintetizado muy bien en una sola pregunta, por cierto aún no respondida: “¿Por qué nunca dicen que ser casto, dueño de sí mismo, es el medio más eficaz para prevenir el SIDA?”3
Una serena e indispensable reflexión
Es indispensable entonces exponer sobre el tema algunas reflexiones objetivas.
En efecto, bajo pretexto de evitar el contagio de una terrible enfermedad, la sociedad es blanco de mensajes engañosos que la inducen a apartarse del camino del verdadero amor, laresponsabilidad y la verdad.
Se insiste en dar una visión falsa del problema, al asegurar que las prácticas inmorales –incluso las homosexuales– no conllevan mayor riesgo si se usa el preservativo. Ahora bien, ello está condenado por la moral católica y, además, no constituye un medio seguro para prevenir la enfermedad, lo cual, como veremos, está científicamente comprobado.
Informaciones honestas...
y deshonestas
Especialistas del mundo entero alertan contra esa visión engañosa que induce a muchos a practicar la homosexualidad y otros vicios inmorales al hacer perder el miedo al riesgo del contagio, una de las pocas barreras aún capaces de evitar la difusión de la enfermedad. Ésta fue responsable, en el 2005 de la muerte de más de 3.000.000 de personas de las cuales 570.000 fueron niños, una cifra mucho mayor que las víctimas de todos los desastres naturales ocurridos desde el mes de diciembre, incluido el tsunami.4
Recientemente, el gobierno norteamericano solicitó al Center for Disease Control and Prevention (Centro de Control y Prevención de Enfermedades) que corrigiera equivocadas informaciones divulgadas por Internet sobre preservativos y SIDA, substituyéndolas por “datos más honestos”. Así, por ejemplo, lo que antes era registrado como “altamente eficaz” fue reemplazado por “podrían prevenir el SIDA, pero no son 100 % eficaces”.5
Estudios fidedignos al respecto demuestran que los preservativos pueden fallar en el orden del 30 % y así transmitir el temible virus. La Dra. Susan C. Weller, profesora de salud preventiva de la Escuela Médica de Galveston, Universidad de Texas, después de realizar once tests sobre la eficacia del preservativo concluyó: “Es contraproducente animar a creer que los preservativos impedirán la transmisión del SIDA (...) cuando solamente pueden, de hecho, disminuir un poco el riesgo”.6
¿El Ministerio de Salud de la Nación también publicará una corrección de las informaciones que divulga por otras “más honestas” o continuará insistiendo en desinformar a la población recomendando el uso inadecuado de tales productos?
Muchos otros análisis serios fueron hechos sobre el riesgo del preservativo y todos demuestran científicamente la existencia de un alto porcentaje de fallas debido a la porosidad del material utilizado que no impide la transmisión de un virus de dimensiones microscópicas como el del HIV, 400 veces menor que el de un microgameto.7
Tales resultados son poco difundidos por los medios de comunicación y solo pueden ser consultados en publicaciones especializadas, sobre todo de los Estados Unidos. Un informe oficialdel Instituto Nacional de Salud norteamericano cuestiona la seguridad del preservativo para evitar el contagio de la mayor parte de las enfermedades sexualmente transmisibles. Denuncia además el gasto millonario de ciertas políticas sanitarias para divulgar la mentira de que la promiscuidad sexual puede ser “segura”.8 Además, el creciente número de infectados en el mundo entero, pero en particular en aquellas sociedades donde existe más promiscuidad sexual, muestra el fracaso rotundo de la actual política preventiva contra el SIDA –basada casi exclusivamente en el preservativo– que sigue sin querer entender que esta enfermedad, como otras que existen, está estrechamente vinculada al estilo de vida. 9
Algo más grave aún está subyacente en la ostentosa publicidad del preservativo y es lo que constituye un artero atentado contra la familia.
Una gigantesca revolución cultural
En efecto, para comprender el verdadero alcance de la profusa propaganda para fomentar el uso del preservativo –en los medios gráficos, radiales y televisivos– debemos enmarcarla en el contexto de la revolución cultural contrala sagrada institución de la familia, que ya hemos denunciado en estas páginas.
Antonio Gramsci 10 sustentaba que la revolución no se debía hacer centrando todas las atenciones en las relaciones económicas, sino creando una nueva hegemonía cultural que transformara la mentalidad individual y social. Proponía entonces la utilización de lo que él denominaba la “estructura ideológica” (prensa, religión organizada, escuela, bibliotecas, la arquitectura, todas las manifestaciones de la vida individual y colectiva, todo lo que forja el modo concreto de pensar de la gente) para introducir la concepción materialista del mundo y la sociedad igualitaria y anticristiana preconizada por el marxismo.
Así, consideraba que los medios de comunicación y la educación constituían las herramientas básicas para la conquista de la hegemonía cultural y en consecuencia política. Primero, de acuerdo a su estrategia, es necesario corroer y destruir la cosmovisión cristiana y eliminar los principios fundamentales que sustentan la familia y la sociedad conformada de acuerdo al orden natural y cristiano. El segundo paso consiste en introducir la nueva cosmo-visión y alcanzar así la hegemonía de la mentalidad revolucionaria.11
Vistas las cosas en esta perspectiva, ¿cómo no considerar que la propaganda omnipresente del preservativo es una herramienta eficaz de la revolución cultural para derribar las nociones más elementales de la moral natural y cristiana, pilar de la sagrada institución de la familia?
Con la palabra, el submundo
de la inmoralidad
Preservativo ¡eh!.- ¿No nos gusta la palabra, nos parece un término vil, malsano y malsonante? No importa, o tal vez, precisamente por eso, se lo conjuga en todas sus formas, modos, idiomas y dialectos; se lo estampa en letras descomunales en los muros, lo vomitan las antenas de radio y TV, se lo imprime en las páginas de los diarios y revistas, se lo describe en folletos “educativos”; brota en los labios de las autoridades, de profesores, de políticos, de toda suerte de personalidades...; se dan cursos en que se explican sin pudor su manipulación y empleo...¡y se lo ofrece gratuitamente en playas y semáforos!
En suma, aquella palabra que la decencia manda ignorar y otrora era relegada a los antros obscuros del libertinaje, sale del ambiente sórdido que le es propio, irrumpe a plena luz del día y asedia la conciencia de las personas; se introduce en el hogar y en las escuelas, llegando a todos, sin distinción de edad, sexo o clase social.
¡Que tremenda transformación! Es una verdadera operación de guerra psicológica.
¡Ahhhh! Que progreso cultural, dirán los adalides de la revolución sexual... y esta palabra que no quieres ni siquiera pronunciar, serás forzado a leerla, a oírla, inclusive a repetirla aún cuando no sea más que para defenderte.
Y con la palabra se introducirá de contrabando el submundo asociado a ella. Así, inadvertidamente, una parte del muro de horror que separaba lo honesto de lo deshonesto, el bien del mal, será derribado y se pondrá en jaque a la misma institución de la familia.
Acusación infamante
contra la moral católica
Pero la gran infamia de esta campaña es acusar de crimen de propagación del SIDA a lo que es su eficaz prevención y su adecuado tratamiento, la fuente clara y pura en la que todos podrían apagar su sed y encontrar alivio a sus males.
Esa nos la ofrece Nuestro Señor Jesucristo: “el que bebiere del agua que yo le daré se hará en él una fuente de agua que saltará hasta la vida eterna” (Job, IV-13); la hallaremos en ÉL, en su Doctrina y en sus enseñanzas morales perennes, transmitidas por el Magisterio infalible de la Iglesia; la encontramos en las costumbres tradicionales que heredamos de nuestros mayores, fundamento de la civilización cristiana.
Con el fin de apartarnos de quien es el Camino, la Verdad y la Vida, son numerosos quienes, escudándose en el miedo al SIDA, ridiculizan y denigran la doctrina y la moral católica tradicional, y presentan su tajante condena al uso del preservativo como algo no apenas inviable o quimérico, sino como una prohibición que sería responsable ¡por un crimen de lesa humanidad!
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Santa María Goretti recuerda a los jóvenes la necesidad de reafirmar la pureza rechazando todo compromiso con el pecado y dispuestos a pagar con el sacrificio, incluso con la muerte, la fidelidad a Dios y sus mandamientos |
Objetividad y valentía
Debemos pues enfrentar, con resolución y gallardía, esta campaña difamatoria.
“El revolucionario –afirma el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira– por regla general es petulante, locuaz y exhibicionista cuando no tiene adversarios ante sí, si los tiene débiles. No obstante, si encuentra quien lo enfrente con ufanía y arrojo, se calla y organiza la campaña de silencio. Un silencio en medio del cual se advierte, sí, el discreto zumbar de la calumnia o algún murmullo contra el ´exceso de lógica del adversario'”.12
Concretamente, alentamos a los jóvenes a que con toda claridad y en alta voz afirmen ante quienes difunden un mensaje disolvente de las costumbres a propósito de la prevención del SIDA:
¡No se dirijan a la juventud argentina como a habitantes potenciales de un gigantesco lupanar! ¿Por quienes nos toman y con que derecho?
No es en vano que el Papa Benedicto XVI afirmó que la “fidelidad y la castidad deben ser presentados continuamente a los fieles, en particular a los jóvenes, como el único medio infalible para prevenir la expansión del SIDA”. 13
Luchar con firmeza
Modelo de esos jóvenes es Santa María Goretti (1890-1902), a la que el Papa Pío XII definió «pequeña y dulce mártir de la pureza». Ella nos enseñó a no abandonarnos a los placeres efímeros y vanos, a no ceder ante la seducción del vicio, sino, por el contrario, a luchar con firmeza –esforzándonos, trabajando y orando– para mantener la virtud de la pureza.
Que sus oraciones nos alcancen que todos, cada cual según sus peculiares condiciones, sigamos sus huellas ilustres con generosidad, con sincera voluntad y con auténtico esfuerzo. Y nos haga comprender la belleza y la alegría de la bienaventuranza evangélica: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.14
Notas:
1- De acuerdo al último Informe de la ONU sobre la enfermedad del Sida, el número de personas que viven con el HIV en todo el mundo ha alcanzado el nivel más elevado y ha pasado de unas cifras estimadas de 37,5 millones en 2003 a 40,3 millones en 2005.
2- “¡Ay de aquel por quien vienen los escándalos! Más le valiera que le colgaran al cuello una rueda de molino y le precipitaran en el mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeñuelos” (Lc. 17, 14).
3- ¿Por qué tampoco se difunde que el gobierno de Uganda (África), entre 1989 y 1997, consiguió disminuir del 38% al 7% el grado de infección de HIV en niñas de 15 a 19 años a partir del momento en que comenzó a enseñarse en las escuelas la abstinencia sexual y la fidelidad?
4- Cfr. Informe ONU-SIDA 2005.
5- Cfr. ACI, 22-12-2002
6- Susan C. Weller, Analysis of Condom Effecti-veness Reducing Sexually Transmitted
HIV, 1993.
7- Cfr. www.metroke.gov
8- Cfr. National Institute of Health: www.nih.gov/
9- Cfr. http://www.sinsida.com/analisis/Onu23-11-05.htm
10- Antonio Gramsci (1891-1937) nació en Cerdeña, Italia. Miembro del Comité Central del Partido Comunista italiano, vivió durante años en Rusia en la intimidad de Lenín y Stalin. Algunos lo consideran el teórico de la revolución cultural en Occidente.
11- Antonio Gramsci y la Revolución Cultural, R. P. Alfredo Sáenz, Corporación de Abogados Católicos, Buenos Aires, 1987.
12- Revolución y Contra-Revolución, Cfr. Parte II,
Cap. V, 3, B.
13- Discurso del Papa Benedicto XVI a los obispos de Sudáfrica, Botswana, Swazilandia, Namibia y Lesotho en visita “ad limina”, viernes 10 de junio de 2005 - www.vatican.va
14- www.corazones.org
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