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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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La gran obra civilizadora de
España en América

Cuando el 12 de octubre de 1492 las primeras naves españolas atracaron en la isla de San Salvador, la historia de América experimentó un cambio imprevisto. Hasta entonces, el nuevo continente, habitado por no más de 14.000.000 de personas, se hallaba inmerso en la más completa obscuridad moral e intelectual, en el atraso y la barbarie

Levantando la primera cruz, construyendo el primer altar, rezando la primera Misa y congregando, en el acto sagrado, españoles e indios, los misioneros lanzaban las bases de la América Cristiana

Hasta la llegada de los españoles al Nuevo Mundo, las naciones que lo habitaban, torpes y primitivas, vivían sumidas en el más agobiante obscurantismo y el más profundo terror. Nadie tenía la vida asegurada, salvo gobernantes y sacerdotes, despiadados hasta extremos increíbles. Baste recordar como ejemplo que los mayas, para obtener el favor de sus ídolos de barro y piedra, zoomorfos y demoníacos, efectuaban multitudinarios sacrificios humanos, ofreciéndoles hombres, mujeres y niños, ¡sobre todo niños!, a quienes arrancaban el corazón “...aún palpitante y chorreando sangre... ofrecido a los dioses. Así procede el sacerdote, con los cabellos revueltos, jamás peinados ni lavados e impregnados con la sangre de anteriores sacrificios” 1.

Espeluznantes descripciones
Resultan espeluznantes las descripciones de fray Toribio de Motolinia O.F.M., respecto de las costumbres de los aztecas, el imperio más poderoso de la América meridional (México). Fueron algunos: la sangre que los hombres debían extraer de su cuerpo para verterla sobre los ídolos “...como quien esparce agua bendita...” 2, durante el mes dedicado a los dioses de la guerra (Panquetzalitztli); el macabro traje ritual que el emperador se colocaba sobre sus espaldas y hombros para danzar, consistente en piel desollada a los prisioneros o las borracheras colectivas en las que hombres y mujeres alcoholizados cometían impudicias e invocaban a los demonios.

En el norte argentino se encontraron urnas en cuyo interior yacían amortajados niños de corta edad, sacrificados a las deidades diaguitas y calchaquíes.
¿Consentían las víctimas aquellas prácticas, como parte de sus rituales, según se ha afirmado posteriormente? ¿tenían asumido el hecho de que aquello era lo lógico? ¿iban dispuestos al sacrificio porque esa era su cultura? Por supuesto que no. Prueba de ello es que cuando moría un cacique en la región de Bacatá (años después Bogotá) sus mujeres y servidores debían ser drogados o alcoholizados para que no opusiesen resistencia.
Pero si las naciones “civilizadas” practicaron tales rituales, no menos repugnantes lo fueron las de los pueblos más salvajes (Amazonas, Paraguay, Venezuela) con sus inclinaciones al canibalismo, la bigamia, el incesto y la promiscuidad.

España inicia su epopeya de la mano de la gran reina católica, Da. Isabel de Castilla y su esposo D. Fernando de Aragón. Ante sus pies se inclinó Colón previo a su partida hacia el Nuevo Mundo

La luz del Evangelio

A todo ello puso fin la acción evangélica y colonizadora de España a tal punto que a poco más de un siglo y medio de iniciada la epopeya, el continente entero se hallaba convertido y civilizado. El proceso que en Europa había durado cerca de mil años, en América, de la mano de España, solo duró ciento cincuenta.

Una de las cosas que más sorprendió a los misioneros, que tras los pasos de los conquistadores se internaron en tierra virgen para llevar la Palabra del Señor hasta el último de sus confines, fue ver como las sagradas imágenes de la Virgen María y el Niño Jesús atraían masivamente a miles de salvajes a la verdadera Fe, pese a estar acostumbrados a sus ídolos antropomorfos y zoomorfos que representaban al demonio en sus más desagradables aspectos. 3

Así, donde antes imperaban la muerte, la bestialidad y el horror, surgieron ciudades, iglesias, escuelas, universidades y monasterios que trajeron la luz de la civilización y de la Fe a aquella nueva parte del mundo. “A mediados del siglo XVII había en América española, según testifican Solórzano Pereyra y Gil González Dávila seis arzobispados y provincias eclesiásticas y 32 obispados con más de 70.000 iglesias, 840 conventos de varones, 36 prebendas, 2 abadías, 5 cape-llanías reales, 3 inquisiciones e infinitos co-legios, estudios y hospitales...”4.

A lo dicho debemos agregar que desde la Metrópoli enviaron los reyes una verdadera legión de misioneros, destacando entre 1585 y 1595, 4000 sacerdotes y religiosos a cargo de la Real Hacienda, número que se quintuplicó en años posteriores.
Obras de progreso y dignificación para españoles e indios

La civilización hispana construyó en la nueva tierra caminos, puentes, canales, puertos y fortalezas y trajo leyes que privilegiaron no solo al español blanco y su hijo criollo sino al indio y al mestizo, a quienes se consideró ciudadanos con los mismos derechos y deberes que los primeros. Esas leyes asimilaron la nobleza indiana a la española (incluso con casamientos entre representantes de un pueblo y otro).

Es cierto que la conquista, en algunas regiones, fue violenta, pero lo fue sobre todo ante la barbarie y el salvajismo en el que muchas naciones del Nuevo Mundo se obstinaron. Ahí fue cuando reyes y conquistadores se mostraron particularmente implacables.

El asombroso heroísmo español se basó principalmente, durante la conquista, en la Fe de sus protagonistas, esa Fe que les permitió contar con la providencial “...gracia de Dios que no podía dejar de acompañarles...Por lo tanto, debe verse también, en sus proezas casi sobrehumanas, el fruto de inspiraciones de la gracia –que Dios nunca niega a nadie que la pide– confiriéndoles particular argucia de entendimiento y energía de voluntad para sortear todos los obstáculos que encontraban en su camino, sobre todo en las horas más decisivas”. 5


1 - Ezcurra Naón, Alejandro. Cristiandad auténtica o revolución comuno-tribalista. La gran alternativa de nuestro tiempo; Editorial Fernando III el Santo, Madrid, 1993, p. 70
2 - Ibidem, p. 71
3 - Isabel la Católica, reina de España y emperatriz de la Cristiandad. Revista “Cruzada”, Año II, Nº 12, Diciembre de 2004, p.8
4 - Ezcurra Naón, Alejandro, ob. cit, p. 113
5 - Corrêa de Oliveira, Plinio. Nobleza y elites tradicionales análogas. Revolución y Contra-Revolución en las tres Américas; Editorial Fernando III el Santo, Madrid, 1995, p. 37

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