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La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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Yo, obispo exorcista

El actual obispo de Isernia-Venafro (Italia) describe en un libro con este título sus experiencias de exorcista y las sorprendentes conclusiones a las que fue llegando durante una década de práctica del Exorcistado

Su Excia. Revma. Mons. ANDREA GEMMA, F.D.P.,
Obispo de Isernia-Venafro

Hizo su profesión perpetua en la Pequeña Obra de la Divina Providencia (tan querida en la Argentina como Obra de Don Orione) el 29 de septiembre de 1954.

Se licenció en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense y en Letras Clásicas por la Universidad Católica del Sacro Cuore en Milan. Fue miembro del Consejo Presbiterial de la diócesis de Roma y profesor de seminarios y universidades. Desde mayo de 1987 es Consejero General, Secretario General y Procurador General de su congregación.

El 7 de diciembre de 1990 fue nombrado por SS. Juan Pablo II Obispo de Isernia-Venafro, recibiendo la Consagración Episcopal en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, de manos del Santo Padre.

Es un prolífico autor con 55 Pastorales y 29 libros publicados.

En la mañana del 29 de junio de 1992, Solemnidad de San Pedro y San Pablo, el obispo de Isernia-Venafro, Mons. Andrea Gemma,FDP, salía de la Basílica Vaticana mirando pensativo hacia la Plaza de San Pedro. Las palabras de San Mateo ”las puertas del infierno no prevalecerán” (Mt 16,18) hacían eco en su espíritu con un atractivo sobrenatural. Estas palabras le inspiraban graves consideraciones: 1) la acción del demonio no sólo no diminuyó, sino que se multiplicó; 2) el demonio es consciente de que dispone de poco tiempo; 3) Nuestro Señor Jesucristo dio a la Iglesia un enorme poder contra Satanás; 4) el demonio hace todo para actuar en silencio, para no ser derrotado; 5) llegó el momento de desenmascarar la acción insidiosa de Lucifer y hacerle frente con las armas de que dispone la Iglesia (págs. 11-12).

¿Por que no se habla de la necesidad del exorcismo?
Al volver a su diócesis, a 170 km. de Roma, Mons. Gemma decidió poner en práctica el mandato divino: “expulsad los demonios” (Mc. 16,17). Porque, explica, para el obispo exorcizar “no es una opción, es una obligación” (pág. 21). Y cita al exorcista oficial de Roma, la diócesis del Papa, el P. Gabriele Amorth: “Un obispo que no establece por lo menos un exorcista en su diócesis no está exento de pecado mortal por grave omisión” (pág. 24).

Oración a San Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

El resultado fue sorprendente: el poder del infierno se le reveló en todo su horror y en toda su extensión. “Cuantas veces — escribe — en mis coloquios cotidianos, frecuentemente difíciles, con los enfermos de todo tipo, esta verdad se ponía delante de mí: ‘¿Por que no nos hablaron antes de estas cosas? ¿Por que no nos alertaron con una adecuada instrucción? ¿Por que no nos preservaron a nosotros, grey de Cristo, de la devastación de los lobos hambrientos?” (pág. 113).

“Si todos los obispos fuesen como vos, estaríamos completa e inmediatamente vencidos” (pág. 12) le gritó un demonio por medio de una mujer posesa, que en otra ocasión agregó: [pero] ustedes son pocos” (pág. 62).

Poder de la promesa de Nuestra Señora en Fátima
En 1992, el prelado publicó la Carta Pastoral “Las puertas del infierno no prevalecerán” donde alertó: “La acción infestante y oscura de Satanás [...] está, creedme, más difundida y es más nefasta de lo que se pueda pensar” (pág. 15). En la pastoral, Mons. Gemma convocó a la diócesis a “una lucha sin cuartel, concentrada y eficaz contra el mal y sus artes” (pág. 16). El obispo promovió oraciones públicas y congregó multitudes venidas de muy lejos. El Maligno se mostraba visiblemente y aquellos que sufrían alguna acción diabólica eran acompañados a la sacristía con el objeto de exorcismos específicos.

El obispo no imaginaba que su Carta Pastoral daría la vuelta al mundo, traducida a varios idiomas. Acudieron personas de toda Italia y hasta del exterior pidiendo socorro, porque sentían alguna acción diabólica o llegaban a estar posesas. Ello le mostró que muchos fieles estaban esperando una prédica como la suya.

El obispo de Isernia-Venafro señala que existen ciertas formas de cultos satánicos implícitos, como modas tipo New Age o músicas estilo rock and roll

En los exorcismos, Mons. Gemma pudo constatar el enorme poder de Nuestra Señora y de la Iglesia sobre las potencias del abismo: “Si quiero ver al demonio realmente furioso, basta arrojarle agua bendita, pronunciando esta dulce certeza: ‘Por fin, el Corazón materno de Maria triunfará’. ‘¡¡¡Si!!!’, me responde, siempre rechinando los dientes. Pero algunas veces lanza un desafío: ‘en este medio tiempo, a cuántos llevaremos con nosotros.’ ” (pág. 63).

Mons. Andrea Gemma interrogó varias veces a los demonios poseedores:
— ”Vos, que os lleváis al infierno a vuestras víctimas, ¿sacáis algún provecho o alivio de eso?
— No, al contrario, nosotros sufrimos un mayor agravamiento de nuestras penas.
— Y, entonces, ¿por qué lo hacéis?
— Por odio, por odio, por odio”
(pág. 61).

La Iglesia en crisis no usa todas sus armas
El obispo se abocó al estudio de los textos litúrgicos antiguos y nuevos: “Siempre lamenté que en la reforma de la Misa se haya suprimido aquella oración a San Miguel [Exorcismo Breve] que León XIII, no sin inspiración de lo alto, quiso que fuese recitada al final de cada celebración. Muchas veces el demonio, por la voz de los posesos, hizo saber que le gustó muchísimo esa abolición [...] ¿Por que se sugirió y se sugiere evitar lo más posible, en los textos litúrgicos, la mención a Satanás, a sus nefastas intervenciones, a las consecuencias de su acción destructiva? [...] Hoy la obra asesina del demonio es más evidente que nunca [...]. Entonces, no solamente no era el caso deexpurgar las fórmulas deprecatorias e imprecatorias, sino de multiplicarlas y reforzarlas. Pero, desgraciadamente, no fue así” (pág. 27).

Una victoria del demonio:
el ambiente laicizado moderno

Mons. Andrea Gemma observó que las historias de los que padecen maldiciones y las de los poseídos eran muy parecidas. Es muy numerosa, afirma, la cantidad de ocasiones que el contexto actual ofrece a las serpientes infernales para atacar a sus víctimas.

“La mayor victoria del diablo consiste en convencer a los hombres de que él no existe”. Esta verdad indiscutida llevó al prelado a la conclusión de que el ambiente moderno sirve de guante ideal para las garras infernales. En todo momento ese ambiente sugiere que no hay Dios ni demonio, ni Cielo ni infierno. Y los espíritus malignos atacan e invadensus víctimas de incontables formas. Hay cultos satánicos explícitos, pero también implícitos, como ciertas técnicas de meditación y algunas terapias alternativas, supersticiones, modas tipo New Age –Nueva Era– o músicas estilo rock and roll.
¿Cómo generó la humanidad ese ambiente engañosamente neutro y materialista, tan útil para los espíritus de las tinieblas?

La Revolución genera un
ambiente propicio a la acción diabólica

Mons. Gemma da una explicación histórica que tiene gran afinidad con la denuncia del proceso revolucionario realizada por el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira en su libro Revolución y Contra-Revolución.
“La laicización de nuestra sociedad
–afirma Mons. Gemma– es el fruto de un largo y complejo proceso que duró cerca de cinco siglos, y que se desarrolló en tres etapas fundamentales, tres revoluciones en el campo cultural y social, pero también con lances cruentos, que llevaron a la gradual transformación del mundo antiguo, tradicional, para llegar a la sociedad actual, posmoderna y secularizada”.

Mons. Gemma describe esas sucesivas revoluciones: primero la Revolución Protestante, que causó un gran desgarramiento de la sociedad cristiana medieval; segundo, el Iluminismo y la Revolución Francesa; tercero la Revolución Comunista Marxista. Por fin, agrega, una cuarta etapa o Revolución: la del movimiento estudiantil de los años 60, que arremetió contra la institución de la familia, generalizó el consumo de drogas, propugnó la liberación de los vínculos morales, y sobre todo, se rebeló contra toda forma de autoridad.

Ese proceso generó una sociedad y una cultura que tendencialmente seducen a los hombres con la idea de que Dios y la religión son cosas absurdas (págs. 113 y ss.).

Algunos se dejan llevar por esa influencia, enseña Mons. Gemma. Pero también existen los que reaccionan de un modo exasperado y caen en la exageración opuesta: las nuevas y engañosas formas de religiosidad. Todos son fáciles presas de Lucifer.

Estatua medieval: Nuestra Señora defiende al monje Teófilo (siglo VI) de la acción diabólica

Armas para derrotar a los demonios
Mons. Andrea Gemma exhorta a los fieles a que recurran a las armas que vencen al demonio: la Fe, las Sagradas Escrituras, el ayuno, los Sacramentos. Y, sobre todo, la oración por medio de Nuestra Señora, la “enemiga eterna de Satanás” (pág. 16).
Entre las oraciones específicas, él recomienda la renuncia formal a Satanás, como se hace en la renovación de las promesas del Bautismo, y el exorcismo breve u oración a San Miguel Arcángel (pág. 17).

Recomienda también no dejarse seducir por el ambiente revolucionario moderno ni por las falsas novedades en las formas de religiosidad que –inclusive en el ámbito católico– tanto y tan bien sirven de ocasión para los maleficios y posesiones por parte del padre de la mentira.

Con esas cautelas y armas espirituales, el católico resistirá y saldrá victorioso, confiando siempre en la promesa divina: “Las puertas del infierno no prevalecerán” (Mt 16,18).


Notas:
* Mons. Andrea Gemma, FDP, Io, vescovo esorcista (Yo, obispo exorcista), Editorial Mondadori, Milán, 2002, 208 págs. Todas las citas del artículo son extraídas de ese libro.

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