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Siglo
XXI
grandes peligros y
grandes oportunidades
De acuerdo al Cardenal Joseph Ratzinger
–en conferencia pronunciada pocas semanas antes
de ser proclamado Papa Benedicto XVI– el momento
presente encierra grandes peligros y grandes oportunidades
para la Iglesia y para el mundo. 1
En este artículo intentamos
esbozar ese panorama en el que podemos discernir el
trágico ocaso de la “postmodernidad”,
pero también los primeros fulgores de una aurora
esplendorosa, anunciada por la Virgen de Fátima
cuando prometió el triunfo de su Inmaculado Corazón.
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| Aspecto
del Cónclave que eligió a Benedicto
XVI. Pocas veces en la historia, el mundo se volvió
con tanta expectativa hacia la capital de la Cristiandad,
en ocasión del fallecimiento de un Papa y
la elección de otro (L’Osservatore
Romano) |
Al dar la primera bendición Urbi et Orbi (a
la ciudad de Roma y al mundo) frente a la multitud reunida
en la Plaza de San Pedro, ciertamente Benedicto XVI
recordó a otras multitudes. Las de aquellas que,
poco antes, habían acudido a la Ciudad Eterna,
para manifestar su veneración y filial confianza
a la Cátedra de Pedro, en ocasión de los
funerales de su inolvidable antecesor, Juan Pablo II.
Esos millones de fieles hicieron resplandecer a los
ojos del mundo la divina inmortalidad de la Santa Iglesia
Católica y su presencia constituyó un
triunfo del Papado pues quedó claro que reconocen
en los Papas las figuras-llave para la definición
de los destinos de la humanidad.
Desde el Paraíso, Pío IX habrá
sonreído con ironía pensando que en el
siglo XIX la Nueva Italia, al entrar a cañonazos
en Roma, se atrevió a proclamar que el Papado
era una institución anacrónica, condenada
a una pronta desaparición... 3
En verdad, pocas veces en la historia, el mundo se
volvió con tanta expectativa hacia la capital
de la Cristiandad, en ocasión del fallecimiento
de un Papa y la elección de otro.
Esa expectativa, a nuestro entender, nace de corazones
que comienzan a discernir el trágico ocaso de
la "postmodernidad”, pero también
los primeros fulgores de una aurora esplendorosa, anunciada
por la Virgen de Fátima cuando prometió
el triunfo de su Inmaculado Corazón.
Delineemos, pues, a grandes rasgos ese grandioso panorama.
1. Inmensa transformación
psicológica
Cuando en 1978 S. S. Juan Pablo II fue
elegido para ocupar el trono de San Pedro, aún
perduraba algo de la creencia optimista en un progreso
indefinido (nacida en la post Segunda Guerra Mundial)
y de la euforia con la cual tantos ambientes católicos
habían preferido considerar, a partir del Concilio
Vaticano II, la apertura de la Iglesia al mundo moderno.
a. La instalación del caos
Desintegrado el imperio soviético en los años
90, parecía alejado el peligro de una hecatombe
atómica, pero los incurables optimistas se apresuraron
en anunciar una nueva e interminable era de prosperidad
y despreocupación.
Sin embargo, poco a poco se fue instalando en el acontecer
humano un caos (individual, social, político),
de cuyo inmenso engranaje de desgracias y de catástrofes
el terrorismo suicida es apenas una de las manifestaciones
extremas.
En un número cada vez mayor de espíritus
se fue diluyendo el contentamiento con la modernidad.
El inevitable desencanto de un mundo sin Dios, sin ideales
trascendentes e inmerso en el gozo material, era el
fruto amargo de la “apostasía silenciosa”,
constatada por el llorado Pontífice Juan Pablo
II.
b. Trágica crisis en la Iglesia
Durante todo ese tiempo, el catolicismo sufrió
los efectos de una trágica crisis interna. Crisis
que Pablo VI calificó como un proceso de “autodemolición”
de la Iglesia y de penetración de la “humareda
de Satanás en el Templo de Dios”,
y que Juan Pablo II también reconoció
con palabras como estas: “Es necesario admitir
(...) que los cristianos hoy, en gran parte, se sienten
perdidos, confundidos, perplejos y hasta desilusionados:
fueron divulgadas pródigamente ideas que contrastan
con la Verdad revelada y desde siempre enseñada;
fueron difundidas verdaderas y propias herejías,
en el campo dogmático y moral, creando dudas,
confusiones y rebeliones; se alteró incluso la
Liturgia; sumergidos en el ‘relativismo’
intelectual y moral y por consiguiente en el permisivismo,
los cristianos son tentados por el ateísmo, por
el agnosticismo, por el iluminismo vagamente moralista,
por un cristianismo sociológico, sin dogmas definidos
y sin moral objetiva” 4
c. Los “agredidos por la realidad”
Simultáneamente, agredidos por una realidad cada
vez más extrema en todos los campos, inclusive
en el de la permisividad moral, en determinados sectores
de la opinión pública renacieron aspiraciones,
anhelos y convicciones sofocados por la llamada “modernidad”.
¿No se encuentra aquí el sentido profundo
de esa infinidad de fieles que acudió a Roma?
¿No es otro síntoma de un giro sorprendente
que también se ha verificado en otras circunstancias,
como cuando en Norteamérica, en ocasión
de la última elección presidencial, en
once Estados fue derrotada en plebiscito la propuesta
de legalizar las uniones entre personas del mismo sexo?
¿No habrá en este fenómeno una
señal de que esas multitudes –víctimas
exhaustas de las utopías de los dos últimos
siglos– esperan de la Iglesia un mensaje coherente
y tonificante, el ejemplo sabio y arrojado de la afirmación
perenne de la Fe, y el convite maternal y entusiasta
a seguir las verdades absolutas?
2. Nuevas amenazas en el horizonte
Al par de estas radiantes esperanzas, asoman problemas
y aún amenazas para la Santa Iglesia y el mundo.
No nos vamos a referir a temas teológicos y
disciplinares levantados por quienes propugnan cambios
radicales, como el debilitamiento del poder papal, el
fin del celibato eclesiástico, la aceptación
del sacerdocio femenino y la relativización de
la doctrina moral de la Iglesia.
Aunque tales perspectivas causan grave preocupación,
nos limitaremos a los asuntos de orden temporal, propios
de los laicos.
a. La escalada del laicismo ateo
Ante el fracaso de los intentos revolucionarios violentos
de transformar las estructuras socioeconómicas,
los partidos socialistas europeos eligieron la nueva
vía de una Revolución Cultural, destinada
a influir las mentalidades y la psicología humana.
Para tal fin, fueron creando un ambientepropicio a
la extinción de las certezas filosóficas
y de los conceptos morales:
— Revolución Cultural y No-discriminación
En nombre de la tolerancia y de la no-discriminación,
a las minorías “marginadas” (homosexuales,
prostitutas, drogadictos) se les comenzaron a legitimar
sus comportamientos “alternativos”. Toda
postura moralista pasó a ser vista con desdén
y hostilidad. A esas minorías se fueron sumando
otros grupos previamente “concientizados”,
como ecologistas, feministas, minorías étnicas
y raciales.
A partir de Europa, se desencadenó un aluvión
de iniciativas legislativas y de decisiones judiciales
destinadas a legalizar comportamientos hasta entonces
censurados por la Moral: concubinato y divorcio, aborto,
eutanasia, manipulación y destrucción
de embriones humanos, consumo de drogas, uniones y “matrimonios”
entre personas del mismo sexo, liberalización
de la pornografía, etc.
— Las manifestaciones públicas
de la Religión
comienzan a ser consideradas “peligrosas”
Esa Revolución Cultural provocó
reacciones en sanos segmentos de la opinión pública
que fueron enfrentadas por los promotores de la Revolución
Cultural. Con el pretexto de la neutralidad religiosa
del Estado comenzaron a excluir del debate público
a la Iglesia Católica; a “liberar”
la educación de las creencias religiosas; a ver
como peligrosas las manifestaciones de religiosidad;
a tildar de “fundamen-talismo” el invocar
una ley superior; a suprimir toda referencia a las raíces
cristianas en la Constitución Europea, etc.
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| Determinados
sectores sociales y religiosos del mundo musulmán,
hostiles a la civilización occidental de
raíz cristiana, desarrollaron una amalgama
entre los principios del Corán y las doctrinas
revolucionarias socialistas y anárquicas
que inspira al terrorismo internacional |
b. La amenaza islámica
En su testamento, S. S. Juan Pablo II describió
con precisión la realidad actual: “Los
tiempos que vivimos son indeciblemente difíciles
e inquietos. También el camino de la Iglesia
se ha vuelto difícil y tenso, tanto para los
fieles como para los pastores (...). En algunos países,
la Iglesia se encuentra en un período de persecución
tal que no es inferior al de los primeros siglos (...)
incluso los supera por el grado de crueldad y de odio.”
—Trágica realidad
La persecución religiosa ya es una trágica
realidad en áreas geográficas dominadas
por el Islam. Esta hostilidad de cara a la civilización
occidental y cristiana por parte de determinados sectores
sociales y religiosos del mundo musulmán –que
desarrollaron una amalgama entre los principios del
Corán y las doctrinas revolucionarias socialistas
y anárquicas– tuvo una clamorosa confirmación
en los atentados terroristas del 11 de septiembre en
Nueva York y en Washington, y del 11 de marzo, en Madrid.
Pari passu, fruto de un ininterrumpido flujo migratorio,
crece en países occidentales la presencia de
poblaciones musulmanas. Muchas de sus costumbres, de
inspiración religiosa, chocan con las legislaciones
y culturas nacionales, creando malestar y favoreciendo
la fermentación revolucionaria promovida por
corrientes islámicas extremistas.
El proyectado ingreso de Turquía en la Unión
Europea agravará el choque cultural y aumentará
en el mundo musulmán la sensación de fuerza
ascensional.
—Testimonio eclesiástico
Esa realidad del Islam radical, tan diferente de los
cuadros risueños trazados por quienes pretenden
ignorar el peligro, fue expresada con exactitud por
un profundo conocedor de la materia. El Obispo de Izmir,
en Turquía, Mons. Giuseppe Germano Bernardini,
O.F.M. Cap., advirtió en el “II Sínodo
Europeo”: “Durante un encuentro oficial
sobre el diálogo islámico-cristiano, un
autorizado personaje musulmán, dirigiéndose
a los participantes cristianos, dijo en un cierto momento
con calma y seguridad: ‘Gracias a vuestras leyes
democráticas os invadiremos; gracias a nuestras
leyes religiosas os dominaremos’. Hay que creerlo
porque el ‘dominio’ ya ha comenzado con
los petrodólares, usados no para crear fuentes
de trabajo en los países pobres del norte de
África o del Medio Oriente, sino para construir
mezquitas y centros culturales en los países
cristianos por la inmigración islámica,
incluida Roma, centro de la Cristiandad. ¿Cómo
no ver en todo esto un claro programa de expansión
y reconquista? (...) Termino con una exhortación
que me ha sugerido la experiencia: no se conceda jamás
a los musulmanes una iglesia católica para su
culto, porque esto a sus ojos es la prueba más
cierta de nuestra apostasía”.
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| Los
movimientos piqueteros arremeten contra la propiedad
privada y la libre iniciativa e insuflan una lucha
de clases planetaria para desmantelar el Estado
e implantar la autogestión |
c. La arremetida socialista en Iberoamérica
América Latina, el mayor bastión católico,
hoy está amenazada por el “neosocialismo”,
muchas veces insuflado por la denominada izquierda católica.
Ante el fracaso del “socialismo de Estado”,
esas corrientes articularon sus fuerzas en una nueva
Internacional Rebelde, reunida en los Foros Sociales
Mundiales, en los que, aprovechando los descontentos
con el proceso de “globalización”,
hicieron renacer la utopía anarquista.
Dicha Internacional arremete contra el capitalismo,
pero sobretodo en sus fundamentos legítimos,
como la propiedad privada y la libre iniciativa, e insufla
una lucha de clases planetaria de naciones “pobres”
(en desarrollo) contra naciones ricas (industrializadas).
Y, con el pretexto de combatir el “neoliberalismo”,
llega a proponer el desmantelamiento del Estado y su
substitución por comunidades autogestionadas,
con una economía primitiva, en una sociedad igualitaria,
pseudo-evangélica, “miserabilista”
y despojada de avances tecnológicos en nombre
de un “regreso a la naturaleza”.
Esa experiencia neo-comunista no tendría ninguna
posibilidad de éxito si no contase con el respaldo
religioso de una “izquierda católica”
influenciada por la Teología de la Liberación,
principal articuladora e instigadora de los llamados
“movimientos sociales”, entre los cuales
las organizaciones piqueteras que en nuestro país
quebrantan, con total impunidad, la Constitución
y las leyes.
Dichos movimientos, como es sabido, propugnan una
solución antinatural y muchas veces violenta
de los problemas sociales y son partidarios de disolver
las instituciones nacidas de nuestra tradición
cristiana, lo cual contradice el sentir de la gran mayoría
de los católicos que, perplejos y confundidos,
ven muchas veces justificados esos propósitos
en nombre del Evangelio.
Una de las consecuencias de esa distorsionada y excluyente
interpretación de la “opción preferencial
por los pobres”, es la de que incontables fieles
se apartaron del redil sagrado, en una apostasía
sin precedentes. “La ironía es... que
los católicos optaron por los pobres y los pobres
optaron por los evangélicos”, constató
oportunamente el periodista James Brooke en un artículo
del New York Times.
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| Pidamos
a María Santísima la gracia de ser
fieles a nuestro compromiso bautismal y proclamemos
sin temor las enseñanzas del Evangelio, con
inquebrantable confianza en la promesa de Nuestro
Señor “Confidite, Ego vici mundum!” |
El panorama mundial que encuentra el Papa Benedicto
XVI delante de sí, sin embargo, no está
formado, como el mismo afirmó poco antes de iniciarse
el Cónclave, tan solo de graves peligros y amenazas.
Muy por el contrario, el momento también es
de grandes oportunidades: un número creciente
de católicos se manifiesta dispuesto a enfrentar,
con renovado ánimo, la multifacética Revolución
Cultural, fieles al compromiso bautismal de no omitir
la proclamación pública y sin temor de
las enseñanzas del Divino Salvador.
A esa fidelidad estimulamos a nuestros lectores a
quienes deseamos, por mediación de María
Santísima, la gracia de una inquebrantable confianza
en la promesa de Nuestro Señor “Confidite,
Ego vici mundum!”5
Notas
1. Conferencia del Cardenal Joseph Ratzinger,
Monasterio de Subiaco, 1-4-05
2. Este artículo está
basado en la Filial
Súplica al Papa Ignoto, del 13 de abril de
2005, suscripta por 22 entidades inspiradas por la vida
y el pensamiento del Dr. Plinio Corrêa de Oliveira,
a la que adhirió la Fundación Argentina
del Mañana.
3. Vittorio Messori, Il rinascimento
della Chiesa,
“Corrieri della Sera”, 9-4-05
4. Alocución del 6-II-81 a los
Religiosos y Sacerdotes participantes del I Congreso
Nacional Italiano sobre el tema Misiones al Pueblo para
los años 80, in “L´Osservatore Romano”,
7-II-81.
5. Jn. 16, 33.
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