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El
“Pequeño Rey”
El Niño Jesús de Praga
La devoción por el Niño Jesús de
Praga, la más famosa imagen del Divino Infante, es
objeto de veneración universal, pero poco se conoce
sobre sus orígenes. Próximos a la conmemoración
de la Navidad, juzgamos oportuno presentar a nuestros lectores
un resumen de su admirable historia.1
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| Imagen
del Niño Jesús de Praga que se encuentra
en el convento de las carmelitas en la capital checa |
Fue en la España de la Contra-Reforma, durante el
llamado “siglo de oro”, donde, a partir de la
costumbre introducida por Santa Teresa en sus conventos,
comenzó a difundirse la veneración por imágenes
del Niño Jesús de pie, devoción que
después alcanzaría a toda la Cristiandad.
Confidente del Divino Infante
En el siglo XVII, le cupo a una hija de Santa Teresa ser
la confidente del Niño Jesús y la propagadora
de su devoción. Se trata de la Venerable Margarita
del Santísimo Sacramento (1619?1648), carmelita del
convento de Beaune, Francia.
“Yo te elegí para honrar y hacer visible
en ti mi infancia y mi inocencia, cuando yo yacía
en el pesebre”, le dijo el Niño Dios,
mientras rezaba delante de una imagen suya existente en
el convento, conocida como El Rey de la Gloria. La religiosa
fundó la Familia del Niño Jesús, obra
destinada a celebrar con fervor la Santa Navidad, recordándola
los 25 de cada mes. 2
Dos siglos más tarde, otra carmelita, Santa Teresita
del Niño Jesús ( + 1897) honró de un
modo especial al Dios Niño, no solo al elegirlo para
su nombre de religiosa, sino inaugurando la vía de
la Infancia Espiritual. Una imagen del Niño Jesús
de Praga existente en el claustro del convento fue objeto
de su especial devoción.
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Convento
del
carmelo de Praga |
La maravilla de Praga
Entre las innumerables edificaciones dignas de mención
en la privilegiada ciudad de Praga figura la iglesia de
Nuestra Señora de las Victorias, primer santuario
barroco local, erigido en la primera mitad del siglo XVII.
En 1624 el Emperador Fernando II, en acción de gracias
por la victoria alcanzada durante la Guerra de los Treinta
Años contra el príncipe elector del Palatinado,
el calvinista Federico, llamó a los Carmelitas Descalzos
y les entregó la iglesia rebautizada con el nombre
de Santa María de la Victoria. Allí está
la encantadora imagen del Pequeño Rey, como es conocido
el Niño Jesús de Praga.
Unos años más tarde, Fray Juan Luis de la
Asunción, entonces Prior de los Carmelitas Descalzos
de aquella ciudad, le comunicó a sus religiosos que
había tenido una moción interior en el sentido
de que venerasen de un modo particular al Niño Dios,
para que protegiese a la comunidad y a fin de que los novicios
aprendiesen como Él a hacerse pequeñitos para
entrar en el reino de los Cielos.
Casi simultáneamente la Providencia inspiró
a la princesa Polyxena de Lobkowicz a donar al convento
carmelita una imagen de cera del Niño Jesús
que poseía. Al entregársela al prior, le dijo:
“Yo os ofrezco, querido padre, lo que más
quiero en el mundo. Honrad a este Niño Jesús
y estad seguro de que, mientras lo venerareis, nada os faltará”.
Fray Juan Luis agradeció el regalo, que venía
tan milagrosamente al encuentro de su deseo, y ordenó
que la imagen fuese colocada en el altar del oratorio del
noviciado, donde los religiosos obtuvieron del Niño
Jesús favores muy especiales en tiempos de miseria.
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Fray
Cirilo recibe de manos de las princesa Polyxena la
imagen del Divino Infante |
Fray Cirilo,
apóstol del Niño Jesús
Habitaba ese convento un joven sacerdote, Fray Cirilo de
la Madre de Dios, que, habiendo dejado el ramo carmelita
mitigado, abrazó la reforma de Santa Teresa. Sin
embargo, en vez de encontrar la paz que tanto esperaba,
se sentía como un réprobo, sufriendo las penas
del infierno. Nada lo consolaba o apaciguaba.
El prior, notándolo triste y abatido, le preguntó
qué estaba sucediendo. Fray Cirilo le abrió
el corazón, contando todas sus penas. “Una
vez que la Navidad se aproxima, le dijo el prior, ¿por
qué no se pone a los pies del Santo Niño y
le confía todas sus penas? Verá como Él
lo ayudará”.
Obedeciendo, Fray Cirilo se dirigió a la imagen
del Niño Jesús: “¡Querido
Niño, mirad mis lágrimas! Estoy a vuestros
pies, ¡ten piedad de mí!” Al instante,
sintió que un rayo de luz penetraba su alma, haciendo
desaparecer todas las angustias, dudas y sufrimientos.
Conmovido y sumamente agradecido, Fray Cirilo se volvió
un verdadero apóstol del Divino Infante.
Ataque sacrílego de protestantes
Mientras tanto, los protestantes se reagruparon en noviembre
de 1631, bajo el mando del príncipe elector de Sajonia,
y asediaron nuevamente Praga. Hubo pánico entre los
imperiales y la angustia dominó a los habitantes
de la ciudad. Muchos huyeron.
Los soldados protestantes invadieron las iglesias, profanando
y destruyendo objetos del culto católico. Pusieron
en prisión a los frailes Carmelitas y saquearon el
convento. Al ver la imagen del Niño Jesús,
comenzaron a reír y burlarse de ella. Uno de los
soldados seccionó con la espada las manitos de la
imagen y la arrojó entre los escombros a que había
quedado reducido el altar.
Allí quedó olvidada la imagen y cuando tres
años después, firmada la paz, los carmelitas
volvieron a su convento, no pudo ser encontrada pese a la
minuciosa búsqueda de Fray Cirilo.
Pronto sin embargo volvió la guerra y los suecos,
rompiendo los acuerdos, sitiaron nuevamente Praga. El prior
recomendó a sus frailes que rezasen, pues esta vez
sólo la oración podía salvarlos. Entonces
Fray Cirilo sugirió que se encomendasen al Pequeño
Rey y se puso a buscar nuevamente la imagen. Después
de mucho trabajo, la encontró detrás del altar,
cubierta de polvo y suciedad. Con alegría, la llevó
al prior. Delante de la imagen con las manos seccionadas,
los frailes oraron fervorosamente por la salvación
de la ciudad, lo que realmente se dio: los suecos levantaron
el cerco.
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La
princesa Polyxena (niña)
junto a su madre |
Milagrosa restauración
Cierto día Fray Cirilo estaba en oración
delante del Niño Dios, pidiendo por la comunidad,
cuando Éste le dijo con tristeza: “Ten
piedad de mí, y yo tendré piedad de ti. Restitúyeme
las manos que me cortaron los herejes. Cuanto más
me honrareis, más os favoreceré”.
Profundamente afligido, el fraile pidió a Dios le
diese los medios para cumplir esa misión. La ayuda
llegó de manera inesperada cuando un noble extranjero
le pidió confesarse y le dejó una limosna
de cien florines. Fray Cirilo buscó al prior y le
pidió por lo menos un florín para restaurar
la imagen. Pero el prior, se lo negó y le ordenó
llevar a su celda al Pequeño Rey hasta que pudiera
ser restaurado.
Se le apareció entonces la Santísima Virgen
y le hizo comprender que el Niño Jesús debería
ser restaurado cuanto antes y expuesto a la veneración
de los fieles en una capilla a Él dedicada. ¡Siempre
es Nuestra Señora quien conduce a Jesús!
Elegido un nuevo prior y después de algunos contratiempos
y nuevos pequeños milagros, la imagencita fue restaurada
y colocada dentro de una urna de cristal próxima
a la sacristía.
Cuando Fray Cirilo murió en 1675, a la edad de 85
años, la imagen había sido entronizada en
un magnífico altar de la iglesia de Santa María
de la Victoria y la devoción al Niño Jesús
de Praga se había difundido en todas las clases sociales.
En 1784, el impío Emperador José II suprimió
el convento de los Carmelitas y confió la iglesia
a la Orden de Malta. Sin la asistencia de los Carmelitas,
el culto al Niño Jesús decayó. Ello
no impidió que, desde Praga, esa devoción
se fuera difundiendo por toda Europa, América y la
India.
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Corona
del
"Pequeño Rey" |
Durante las tiranías nazi y comunista
Durante la Segunda Guerra Mundial, Praga fue ocupada por
los nazis y después el flagelo comunista se abatió
sobre el país durante casi 50 años. Pero ni
uno ni otro enemigo de la Fe católica osaron atentar
contra la milagrosa imagen.
Los comunistas transformaron a Praga en capital de la entonces
Checoslovaquia, Estado ateo donde no había libre
ejercicio del culto. La devoción al Niño Jesús
quedó restringida a quienes frecuentaban la iglesia
y al apostolado. de las monjas carmelitas que pintaban estampas
con el Santo Niño y las enviaban clandestinamente
a conventos europeos.
Finalmente, a fines de la década de los ochenta,
al caer la dictadura comunista, surgió la nueva República
Checa, independiente y soberana. Fue restablecida la libertad
civil y religiosa. El nuevo Arzobispo de Praga, él
mismo víctima de la represión comunista, se
empeñó en el reflorecimiento de la devoción
al Niño Jesús. A su invitación, dos
frailes carmelitas, fueron a Praga para reabrir el convento
y estimular esa sublime devoción.
Notas
1. Este articulo fue basado en la obra
El Pequeño Rey, de la Hna. Giovanna della Croce,
C.S.C., traducción al español por el P. Juan
Montero Aparicio, AGAM, Madonna dell’Olmo, Cuneo,
ltalia.
2. Cfr. Les Petits Bollandistes, Vies des
Saints, Bloud et Barral, Libraires?Éditeurs, París,
1882, tomo 15, p. 379.
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