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El
“Detente” del
Sagrado Corazón de Jesús
Una devoción más actual
y necesaria que nunca para obtener de Dios, por mediación
de María Santísima, aquello que hace 2000 años
todos los verdaderos cristianos piden cuando rezan:
“Venga a nosotros Tu Reino, hágase Tu voluntad
así
en la Tierra como en el Cielo”

Apesar de todas las ofensas contra Aquél
que murió por nosotros, la inagotable misericordia
de Dios nunca nos abandona. Jamás deja de concedernos
las gracias para que nos arrepintamos de nuestros pecados.
Pero es necesario reparar el pecado cometido, hacer un firme
propósito de observar los Mandamientos y llevar una
vida virtuosa para alcanzar la salvación eterna.
Para eso, sin duda, una de las mayores gracias es la devoción
al Sagrado Corazón de Jesús. De ese adorable
Corazón, traspasado por la lanza de Longinos, brotó
sangre y agua en lo alto del Calvario, para salvarnos (cfr.
Juan 19, 34). De ese adorable Corazón, aún en
nuestros días, y a pesar de nuestras ingratitudes,
tibiezas y desprecios, las gracias brotan abun dantes para
todos aquellos que sinceramente las desean. Basta pedirlas
con toda confianza.
“Donde más abundó el pecado,
ha sobreabundado también la gracia” (Rom 5,20)
Hace más de 300 años, el Sagrado Corazón
de Jesús se manifestó a una privile-giadísima
monja del convento de la Visitación de Santa María,
en Paray-le-Monial (Borgoña, Francia), Santa Margarita
María Alacoque (1647-1690).
Estaba rezando delante del Santísimo Sacramento, el
16 de Junio de 1675, cuando Nuestro Señor se le apareció.
Después de un breve diálogo, Él apuntó
a su pecho, señalando su propio Corazón y dijo:
“Aquí está el Corazón que tanto
amó a los hombres, que no ahorró nada hasta
agotarse y consumirse, para darles testimonio de Su amor,
y, en reconocimiento, no recibe de la mayor parte de ellos
sino ingratitudes, por sus irreverencias, sacrilegios y por
las indiferencias y desprecios que tienen hacia Mí
en el Sacramento del amor. Pero que me es aún más
penoso en corazones que me están consagrados y actúan
así.
“Por eso, Yo te pido que el primer viernes después
de la octava del Santísimo Sacramento se dedique una
fiesta especial para honrar Mi Corazón, comulgando
en este día y haciendo un acto de reparación,
en satisfacción de las ofensas recibidas durante el
tiempo que estuve expuesto en los altares. Yo te prometo también
que Mi Corazón se dilatará para distribuir con
abundancia las influencias de su divino amor sobre aquellos
que le presten culto y que procuren que le sea prestado”.
1
El mensaje conserva toda actualidad, a pesar del paulatino
olvido en que ha ido cayendo. El Beato Papa Pío IX
(1846-1878) fue enfático al expresar su firme esperanza
en esa devoción en comentario hecho al P. Julio Chevalier,
fundador de los Misioneros del Corazón de Jesús:
"La Iglesia y la sociedad no tienen otra esperanza sino
en el Sagrado Corazón de Jesús, es Él
quien curará todos nuestros males. Pregonad y difundid
por todas partes la devoción al Sagrado Corazón,
ella será la salvación del mundo”.2
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| Vitral
que representa la aparición de Nuestro Señor
a Santa Margarita
María Alacoque en 1675 |
Poderosa protección que viene
del Cielo
Entre varias y magníficas promesas de ese adorable
Corazón, “Cruzada” ofrece hoy a sus lectores
una no tan difundida como sería de desear: la devoción
al Detente, el Escudo del Sagrado Corazón de Jesús.
Esa práctica piadosa, otrora muy difundida entre los
católicos, es un modo simple, pero espléndido,
de manifestar permanentemente nuestra gratitud y amor al Sagrado
Corazón, víctima de nuestros pecados. Y al mismo
tiempo, recibimos de Él innumerables beneficios y una
protección extraordinaria.
Es un poderoso Escudo que la Divina Providencia colocó
a nuestra disposición, a fin de protegernos contra
los más diversos peligros que enfrentamos todos los
días. Para eso, basta llevarlo consigo, sin necesidad
de hacerlo bendecir, pues el Beato Papa Pío IX extendió
su bendición a todos los Detentes –como más
adelante veremos.
El Detente, el Escudo del Sagrado Corazón de Jesús
es un emblema con la imagen del Sagrado Corazón y la
divisa: ¡Detente! El Corazón de Jesús
está conmigo. ¡Venga a nosotros Tu Reino!
El uso del Detente es un medio de expresar nuestro amor al
Sagrado Corazón de Jesús; señal de nuestra
confianza en su protección contra las celadas del demonio
y los peligros de todo orden.
Además, el Detente nos ayuda a recordar continuamente
las promesas del Sagrado Corazón de Jesús; es
un símbolo de nuestra total confianza en la protección
divina, una señal de nuestra permanente súplica
y fidelidad a Nuestro Señor y un pedido de que Él
haga nuestros corazones semejantes al suyo.
Origen del Escudo del Sagrado Corazón de Jesús
Santa Margarita Maria Alacoque –como cuenta en una carta
dirigida a su Superiora, la Madre Saumaise el 2 de marzo de
1686– transcribe un deseo que le fue revelado por Nuestro
Señor: “Él desea que usted mande hacer
unos escudos con la imagen de Su Sagrado Corazón, a
fin de que todos aquellos que quieran ofrecerle un homenaje,
los coloquen en sus casas; y otros más pequeños,
para que las personas los lleven consigo”3. Nacía,
así, la costumbre de portar esos pequeños escudos.
Esta santa devota del Detente lo llevaba siempre consigo e
invitaba a sus novicias a que hicieran lo mismo. Confeccionó
muchas de esas imágenes y decía que su uso era
muy agradable al Sagrado Corazón.
La autorización para tal práctica, concedida
al principio solamente a los conventos de la Visitación,
fue más difundida por la Venerable Ana Magdalena Rémuzat
(1696-1730). A esa religiosa, también de la Orden de
la Visitación, fallecida en alto concepto de santidad,
Nuestro Señor le hizo saber anticipadamente el daño
que causaría una grave epidemia en la ciudad fran cesa
de Marsella, en 1720, así como el maravilloso auxilio
que los marselleses recibirían con la devoción
a Su Sagrado Corazón. La referida visitandina hizo,
con la ayuda de sus hermanas de hábito, millares de
esos Detentes del Sagrado Corazón y los repartió
por toda la ciudad donde se propagaba la peste.
La historia registra que, poco después, la epidemia
cesó como por milagro. No contagió a muchos
de aquellos que portaban el Detente y las personas contagiadas
obtuvieron un auxi lio extraordinario con esta devoción.
En otras localidades ocurrieron hechos análogos. A
partir de entonces, la costumbre se extendió por otras
ciudades y países.4
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El
Detente del Sagrado Corazón de Jesús es
un blasón
y al mismo tiempo una armadura. Héroes católicos
lo usaron durante las batallas, como los requetés
españoles durante la guerra civil de 1936. |
Escudo distintivo de los contra-revolucionarios
En 1789 estalló en Francia, con trágicas consecuencias
par el mundo entero, un flagelo muchísimo más
terrible que cualquier epidemia: la calamitosa Revolución
Francesa.
En ese período, los verdaderos católicos encontraron
amparo en el Sacratísimo Corazón de Jesús,
y muchos sacerdotes, nobles y el común de la gente
que resistieron a la sanguinaria Revolución anticatólica
llevaban el Detente protector.
Entre las pertenencias de la Reina María Antonieta,
guillotinada por el odio revolucionario, encontraron un dibujo
del Sagrado Corazón, con la llaga, la cruz y la corona
de espinas y las palabras: “Sagrado Corazón de
Jesús, ¡Ten misericordia de nosotros!”
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Otra Reina de Francia, también devota del Detente,
fue María Leszczynska. En 1748 recibió como
presente, del Papa Benedicto XIV, varios Detentes del Sagrado
Corazón, en ocasión de su casamiento con el
Rey Luis XV. 6
Heroísmo de los devotos del Sagrado
Corazón de Jesús
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| Muchos
opositores al régimen de Fidel Castro fueron
fusilados
en el paredón gritando “Viva Cristo Rey!” |
En la región de Mayenne (oeste de Francia),
los Chouans –heroicos resistentes católicos,
que enfrentaron con bravura y ardor religioso a los revolucionarios
franceses de 1789– bordaban en sus trajes y banderas
el Detente del Sagrado Corazón de Jesús. Era
como un blasón y, al mismo tiempo, una armadura: “blasón”
usado para reafirmar su Fe católica; “ar madura”
para defenderse contra las embestidas adversarias.
También ostentaron el Detente como “armadura
espiritual” muchos otros líderes y héroes
católicos que murieron o lucharon en defensa de la
Santa Iglesia, como los bravos campesinos seguidores del aguerrido
tirolés Andreas Hofer (1767-1810), conocido como “el
Chouan del Tirol”. Lo hicieron para protegerse en las
luchas contra las tropas napoleónicas que invadieron
el Tirol.
Más recientemente, los católicos cubanos que
no se dejaron subyugar por el régimen comunista tenían
especial devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Prisioneros y llevados al “paredón” (en
donde eran umariamente fusilados), enfrentaron a los verdugos
fidelcastristas gritando “¡Viva Cristo Rey!”
–siguiendo el ejemplo de sus hermanos en el ideal católico,
los Cristeros de México, también martirizados
por odio a la Fe, a comienzos del siglo XX.
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| A
la milicianos de izquierda fusilan la imagen
del Sagrado Corazón de Jesús en el
Cerro de los Ángeles (1936) |
En la antigua Perla de las Antillas (la actual
Isla Prisión) antes de ser esclavizada por la tiranía
de Fidel Castro, había muchas estatuas del Sagrado
Corazón de Jesús en sus arboladas plazas. Pero
después de la domina ción comunista, las bellas
estatuas del Sagrado Corazón de Jesús fueran
derribadas y –asómbrese el lector– substituidas
por otras del Che Guevara... La figura del guerrillero que
tenía sus manos teñidas de sangre inocente,
del revolucionario que hizo correr un río de sangre
en varios países latino-americanos, ¡colocada
en lugar de la imagen del Sagrado Corazón, que representaba
la misericordia divina y el perdón!
El Escudo en ocasiones de gran peligro
En nuestros tiempos en que, debido a la violencia avasalladora
y generalizada, los peligros nos amenazan por todas partes,
el uso del Detente del Sagrado Corazón de Jesús
es de primordial importancia. Llevándolo consigo –también
puede colocarse en nuestra casa, junto al material escolar
de nuestros hijos, en el automóvil, en el trabajo,
sobre la cabecera de un enfermo, etc– estaremos repitiendo
en el interior de nuestras almas, lo que dice el Apóstol
San Pablo: “Si Dios está por nosotros, ¿quién
contra nosotros?” (Rom 8, 31). No hay peligro de que
Él no pueda librarnos. Y hasta en medio de las dificultades
que la Pro videncia envíe para probarnos, tendremos
confianza en la protección divina, que nunca abandona
a quienes recurren pidiéndole amparo y protección.
Evidentemente, si nuestro pedido de auxilio es por medio de
la Santísima Madre de nuestro Divino Redentor, Él
nos oirá con mucho más agrado y nos atenderá
más rápidamente: la ha constituido en Medianera
de todas las Gracias y, al darnos por Madre a su propia Madre,
nos manifestó una prueba mayor de amor.
Sagrado Corazón de Jesús, ¡en
Ti la Patria espera!
Sagrado Corazón de Jesús y María, ¡sed
nuestra salvación!
En este difícil y caótico momento histórico,
tan cargado de calamidades de todo orden, mirad a nuestra
Patria que nació católica e infundid profundamente
en los corazones de vuestros queridos hijos argentinos el
deseo ardiente de ser verdaderamente fieles al compromiso
bautismal y, como soldados de Cristo, batallar con firmeza
para que “Venga a nosotros vuestro Reino”.
Cristo Jesús: en Tí la Patria espera,
Gloria buscando con intenso ardor,
Guíala Tú, bendice su bandera,
Dando a su faz, magnífico esplendor.
Salve Divino foco de amor.
Salve al Pueblo Argentino
Escucha su clamor
Salve al Pueblo Argentino,
Sagrado Corazón.
Dulce Jesús: poblados y desiertos
Piden, al par, tu sacra bendición;
Duerman en paz nuestros queridos muertos.
¡Salva al hogar, la patria y religión!
Notas:
1-
Sainte Marguerite Marie, Sa vie écrite par elle-même,
Edições Saint Paul, Paris, 1947, pp. 70-71.
Imprimatur de M. P. Georgius Petit, Bispo de Verdun.
2- Pe. Jules Chevalier, Le Sacré-Coeur
de Jésus, Retaux-Bray,
Paris, 1886, p. 382.
3- http://www.corazones.org/
(Vida y Obras, vol. II, p. 306).
4- Cfr. Padre Auguste Hamon, S.J., Histoire
de la Dévotion au Sacré-Coeur de Jésus,
vol. III, p. 425 a 431.
5- Cfr. De Franciosi, S.J., La dévotion
au Sacré-Coeur de
Jésus, pp. 289 - 290.
6- Op. cit. p. 289.
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