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Fátima,
clave para comprender
la crisis contemporánea
Quien quisiera esbozar una visión de conjunto de los
últimos cien años, podría de antemano
desanimarse de alcanzar ese objetivo. En efecto, cada vez
más los acontecimientos parecen sumergirnos en una
inextricable confusión. Sin embargo, es posible encontrar
un punto de unidad. Basta analizarlos a la luz de los mensajes
proféticos comunicados por María Santísima
en Fátima (1917). Comprenderemos así el sentido
profundo de la crisis contemporánea y vislumbraremos,
con animadora esperanza, el triunfo del Inmaculado Corazón
de María.
El siglo XX nació en un clima saturado de optimismo.
En los fastuosos salones, iluminados por las recién
inventadas lámparas eléctricas, se dansaban
los valses vieneses y se exhalaban los mejores perfumes de
la “Belle Epoque”. Fue el siglo de las exposiciones
universales, del avance vertiginoso de la ciencia y de la
técnica, pero también el de las dos guerras
mundiales.
París, la capital de la “douceur de vivre”
, fue la sede de la primera gran exposición universal.
Allí, visitantes de todos los orígenes, tanto
de Oriente como de Occidente, prestaron sus admirados homenajes
a los sorprendentes progresos recién descubiertos por
la técnica.
Nacía la civilización industrial y el mundo
mecanizado en el que los hombres esperaban encontrar la plena
felicidad. Imaginaban incluso que la tecnología resolvería
todas las dificultades y la ciencia eliminaría las
enfermedades y, quizás, hasta la muerte. Una suerte
de “paraíso” en la tierra.
La humanidad entraba en ese nuevo período histórico
con el mismo estado de espíritu que la tripulación
del Titanic, el insumergible trasatlántico símbolo
de un siglo que, por así decir, había adoptado
su mismo lema: “Ni Dios me hunde”. El Creador
aceptó el desafío y, en consecuencia, el mítico
vapor yace en el fondo del océano...
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Stalin
y Hitler, dos caras
de la misma moneda
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La Primera Guerra Mundial,
1914-1918
El 28 de Junio de 1914 fue asesinado en Sarajevo el heredero
del Imperio Austro-Húngaro, el Archiduque Francisco
Ferdinando. El atentado cometido por un anarquista serbio
fue la chispa que encendió la Primera Guerra Mundial
¿Castigo de la Providencia? ¿Por qué?
¿No habrá sido porque la humanidad había
colocado su confianza más en la ciencia y en la tecnologia
que en el Creador de todas las cosas?
En todo caso, las consecuencias fueron peores que la Guerra.
El continente europeo fue conmovido por un terremoto psicológico
que revolucionó las costumbres en el Viejo Continente
y cuyos efectos se hicieron sentir en todo el orbe.
Se produjo una profunda modificación de las mentalidades
y de los modos de ser. Surgieron nuevos valores, las costumbres
tradicionales más arraigadas se fueron abandonando
en nombre de la modernidad representada por los Estados Unidos
–el American Way of life– y difundida por el cine,
gran novedad de la época. Hollywood se transformó
en el nuevo polo de atracción mundial.
Era un nuevo mundo el que salía de las trincheras de
la guerra de 1914-1918: la Europa cristiana se asemejaba a
un inmenso edificio en demolición.
El mayor acontecimiento
del Siglo XX
Sin lugar a dudas, las apariciones de Nuestra Señora
en Fátima constituyen el acontecimiento más
importante del siglo XX.
13 de Julio de 1917: en la tercera aparición, la Virgen
preve el fin de la Primera Guerra Mundial. “La guerra
va a terminar. Pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado
del Papa Pío XI comenzará otra peor. Para impedirla,
voy a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado
Corazón y la Comunión Reparadora de los cinco
primeros sábados. Si atendieran a mis pedidos, Rusia
se convertirá y tendrán paz, si no, difundirá
sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones
a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo
Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán
aniquiladas. Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará”.
La mayor parte de las profecías se fueron cumpliendo.
De hecho, la Primera Guerra Mundial terminó, pero pocos
años después...
La Segunda Guerra Mundial
1939-1945
Nuestra Señora había advertido que “si
los hombres no dejaran de ofender a Dios, comenzaría
otra guerra peor”.
En marzo de 1938, Alemania anexa Austria y los Sudetes. El
1 de Septiembre del año siguiente, Hitler ordena la
invasión de Polonia. Gran Bretaña y Francia
le declaran la guerra. Es el comienzo de la Segunda Guerra
mundial.
Como en la Primera Guerra, las consecuencias de orden moral
fueron mucho más graves que las materiales, de suyo
terribles tras seis años de catástrofes.
Por una parte, Rusia difundió ampliamente sus errores
por el mundo y la Iglesia sufrió una persecución
implacable que aún perdura.
Por otra, bajo la influencia hollywoodiana, el mundo occidental
se entregó ansiosamente a los deleites de la sensualidad
y adoptó unaconcepción neopagana de la vida
al olvidar que esta tierra es un lugar de exilio.
El mayor naufragio de la Historia
Las décadas siguientes a la Segunda Guerra Mundial
conocieron cambios incesantes en el modo de pensar, de sentir,
de vivir y de actuar de los hombres. Considerados en su conjunto,
dichos cambios han conducido a la humanidad al extremo opuesto
a las tradiciones espirituales y culturales cristianas, heredadas
de nuestros mayores.
Basta pensar que en todo el mundo se fueron aprobando leyes
que favorecen la matanza de inocentes en el seno materno,
el consumo de drogas y la eutanasia.
Se comprende entonces que los verdaderos fieles estén
enfrentando un auténtico martirio de alma para observar
los mandamientos de la Ley de Dios en una sociedad que cada
vez más se aparta de Nuestro Señor Jesucristo.
Los mismos católicos, afirmó Juan Pablo II,
se sienten “confundidos, perplejos y hasta desilusionados:
fueron divulgadas pródigamente ideas opuestas a la
Verdad revelada (...), verdaderas herejías en el campo
dogmático y moral (...) se alteró la Liturgia
(...) sumergidos en el ‘relativismo’ intelectual
y moral (...) los cristianos son tentados por el agnosticismo,
por el iluminismo vagamente moralista, por un cristianismo
sociológico, sin dogmas definidos y sin moral objetiva”.
(Alocución del 6-2-1981, Misiones al Pueblo para los
Años 80, in L´Osservatore Romano, 7-2-1981).
En todo momento las tradiciones cristianas son debilitadas
a tal punto que, de no mediar una sana y fuerte reacción,
terminarán por de-saparecer en lo que sería
el mayor naufragio de la Historia.
Una inmensa convulsión
alcanza todo el orbe
Después de la caída del mundo de Berlín
y el desmoronamiento de la Unión Soviética,
muchos ingenuos pensaron que el comunismo había muerto
y que ya no había motivo para preocuparse con los errores
de Rusia.
Sin embargo, un cuidadoso análisis de lo sucedido nos
lleva a concluir que el comunismo se sometió a una
cirugía estética para desmovilizar los espíritus,
transformar las mentalidades y alcanzar más solidamente
sus objetivos finales.
Los principios comunistas –el amor libre y el igualitarismo
radical– fueron difundiéndose en Occidente, no
ya a través de la violencia y la fuerza bruta, sino
por medio de una revolución cultural cuyo objetivo
es la desintegración de la familia y la subversión
del orden en el campo político, social y económico.
La aprobación del denominado “matrimonio”
entre personas del mismo sexo en distintos países constituye
uno de los ejemplos más elocuentes de esa ofensiva.
En Italia, durante las manifestaciones pacifistas contra la
guerra en Irak, una gigantesca bandera con los colores del
arco iris –símbolo del movimiento homosexual–
¡fue extendida en la Via della Conciliazione hasta la
Plaza de San Pedro!
Recrudecen las persecuciones contra la Iglesia Católica
en países musulmanes, comunistas y ex-comunistas. En
la Rusia de Putin, ex-agente de la KGB, el Patriarca de Moscú,
encolerizado con el crecimiento de los católicos y
la difusión del mensaje de Fátima en la ex-URSS,
promovió la expulsión del Obispo de Irkutsk,
capital de Siberia, y de otros cuatro sacerdotes.
Fidel Castro mantiene un régimen de terror y miseria
en Cuba, donde recientemente ordenó el fusilamiento
de quienes habían cometido el crimen de querer escapar
de la Isla-Prisión. En China, durante el 2003, decenas
de sacerdotes y seminaristas fieles a Roma fueron detenidos
y el gobierno comunista demolió varias iglesias.
El número de católicos martirizados en los últimos
años alcanzó un promedio anual de 100.000 víctimas,
en su mayoría asesinados por musulmanes.
Finalmente, con el recrudecimiento del
terrorismo islámico y la guerra en Irak, crecen las
amenazas que se ciernen sobre la sociedad actual, cada vez
más apartada de Dios. Parece que el mundo está
siendo recorrido
por espectros que manejan instrumentos de ruina y muerte colectivas
–en una de las manos,
hombres-bomba y artefectos bacteriológicos, en la otra,
la amenaza atómica– que ninguna medida de control
se revela capaz de
apartar con seguridad.
Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará
Una de las profecías de Fátima aún no
se cumplió: “Por fin Mi Inmaculado Corazón
triunfará”
¿Cuándo será? No lo sabemos. El futuro
pertenece a Dios. Recemos con perseverancia para que, en su
misericordia, María Santísima anticipe ese gran
triunfo que Ella misma anunció.
Se trata del Reino de María, el cual, según
San Luis María Grignion de Montfor –el célebre
misionero francés del siglo XVIII– es el modo
más adecuado para instaurar en la tierra el Reinado
de Nuestro Señor Jesucristo.
“Ud adveniat regnum tuum, adveniat regnum Mariæ”.
(Que venga el Reino de María para que así venga
vuestro Reino, o sea, el Reino de Jesucristo).
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