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Dios
y el “matrimonio” entre
personas del mismo sexo
Nos referíamos en el número anterior de “Cruzada”
a la necesidad de fundamentar en la doctrina católica
y la Ley Natural la lucha contra la inmoralidad en las costumbres,
como punto de partida para la solución de la profunda
crisis que, en todos los órdenes, afecta en nuestros
días a la Argentina y al mundo entero.
Hoy ofrecemos a nuestros lectores algunas consideraciones
–verdades olvidadas o sistemáticamente omitidas–
respecto a lo que representa, a los ojos de Dios, el denominado
“matrimonio” entre personas del mismo sexo.
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La
huída de Lot, detrás, la destrucción
de Sodoma y Gomorra |
Acudimos para ello a dos fuentes: las Sagradas Escrituras
y los comentarios de los Padres de la Iglesia. Allí
constatamos que la homosexualidad es definida con toda claridad
y su práctica enérgicamente castigada por Dios.
Ya en el Antiguo Testamento se afirma que “El que pecare
con varón como si éste fuera una hembra, los
dos hicieron cosa nefanda; mueran sin remisión. Caiga
su sangre sobre ellos.” (Lev. 20, 13)
La amenaza divina se concretó. “Entonces el Señor
llovió del cielo sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego
por virtud del Señor, y arrasó estas ciudades”
(Gen. 19, 24-25). Las ciudades castigadas aún están
sumergidas al sur del Mar Muerto, que lleva ese nombre porque
en él no hay señal de vida.
Aún hoy se conoce como sodomía al pecado contra
la naturaleza, precisamente en recuerdo del castigo bíblico
a Sodoma.
No poseerán el Reino de Dios
Hay quienes sustentan que la misericordia de la Ley de la
Gracia suavizó el rigor de la reprobación divina
a los actos homosexuales. Se equivocan redondamente.
Veamos lo que afirma San Pablo: “Por eso los entregó
Dios a pasiones infames, pues que sus mismas mujeres inviertieron
el uso natural en el que es contrario a la naturaleza. Del
mismo modo también los varones, desechando el uso natural
de la mujer, se abrasaron en amores brutales de unos contra
otros, cometiendo torpezas nefandas varones con varones, y
recibiendo en sí mismos la paga merecida de su obcecación.”
(Rom. I, 26-27)
El Apóstol va más lejos y a esos pecadores amenaza
con la muerte eterna: “No queráis engañaros:
ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros,
ni los afeminados, ni los sodomitas, (...) han de poseer el
Reino de Dios.” (Cor. I, 6, 9-10)
San Pedro y San Judas Tadeo
condenan la sodomía
El mismo Príncipe de los Apóstoles, San Pedro,
afirma que Dios condenó las ciudades de Sodoma y Gomorra
a una ruina total, reduciéndolas a cenizas, para servir
de ejemplo a aquellos que vivieran con impiedad (Cfr. Pedr.
II, 2, 6-9).
San Judas Tadeo, a su vez, afirma: “Así también
Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, siendo reas de los
mismos excesos de impureza y entregadas al pecado nefando,
vinieron a servir de escarmiento, sufriendo la pena del fuego
eterno.” (Judas 7)
Duras palabras de San Agustín y Santo Tomás
de Aquino
La tradición multisecular de la Iglesia incorporó
a su Magisterio el mismo rechazo a toda condescendencia con
la sodomía.
Por ejemplo, el gran Doctor de la Iglesia, San Agustín,
afirma que “las torpezas que van contra natura, como
las de los sodomitas, han de ser siempre aborrecidas y castigadas.
Y aún cuando todos los pueblos se comportaran como
ellos, la universalidad del delito no los justificaría;
serían todos ellos reos de la misma culpa ante el juicio
de Dios, que no creó a los hombres para que de tal
modo se comportaran”. (Confesiones, cap. III, p. 8)
Santo Tomás de Aquino coloca la práctica de
la homosexualidad en el nivel de pecados torpes –como
el del canibalismo– por constituir, como todo ellos,
un atentado contra la misma naturaleza.
En pleno siglo XX, el Papa San Pío X, enseña
en su Catecismo que la homosexualidad, por su carácter
antinatural, está entre los pecados que provocan la
ira de Dios y claman venganza al cielo.
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No tenemos espacio para citar otros testimonios más
recientes de la enérgica reprobación de la Iglesia
a la sodomía. Pero lo ya escrito permite constatar
que Dios no es indiferente al hecho de que en la legislación
de numerosos países, nacidos a la sombra de la Cruz,
se esté introduciendo la aprobación del denominado
“matrimonio” entre personas del mismo sexo, como
se lo hizo recientemente en la Ciudad de Buenos Aires.
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