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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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Lourdes, una ventana del cielo
Ambiente sobrenatural del Santuario

¡Qué grata, sutil, sobrenatural, inolvidable y grandiosa acogida aguarda al peregrino que se aproxima a la Gruta de Lourdes!

Fin del otoño. La neblina nocturna, ya profunda, envuelve el conjunto monumental del Santuario. La helada garúa se pega a la piel. Pequeños grupos de peregrinos, enfermos y sanos, de todas las edades, razas, pueblos y lenguas afluyen por calles y accesos diversos, antegozando la dulce e indecible bendición que hace de Lourdes el mayor polo de atracción marial de la Tierra.

Cruzando el río Gave, se entra en la explanada del Santuario por el portón de San Miguel. Entonces, una impresión acude al espíritu: se diría que las personas son otras. Avanzan con paso calmo y decidido, sereno y con confianza, llenas de fe. Como si esa atracción misteriosa de Lourdes reavivase también en ellas, sobrenaturalmente, el amor de la compostura, de la dignidad y del respeto.

La humanidad regenerada

La cacofonía de la vida moderna, con sus disgustos y tragedias, la agitación desgastante de las ciudades, el ritmo frenético, las ansias angustiadas, las contradicciones y decepciones de los otros, nos dejan, cotidianamente, la deprimente idea de que los hombres en general no tienen arreglo. ¡Y cuanto de verdadero tiene este pensamiento!

En Lourdes se tiene un antegozo de como será la humanidad regenerada por el triunfo del Corazón Sapien-cial e Inmaculado de María prometido en Fátima, después de los castigos previstos por Ella en aquellas apariciones. Se descubre que, por la participación en el espíritu de Nuestra Señora, es posible una armonía y una sublimidad en esa relación: un entrelazamiento jerárquico, paterno y filial, noble y bondadoso, que en esta Tierra parecería imposible encontrar.

Torrente de gracias

Un instinto misterioso conduce al neófito rumbo a la Gruta. Los carteles indicadores son inexistentes e innecesarios. Los guardias son escasos y no tienen trabajo. La multitud es ordenada, compuesta y fervorosa. Todo está pulcro y bien conservado.

A la derecha, el caudaloso río Gave corre impetuoso, emitiendo un leve murmullo, imagen material de ese torrente de gracias que allí cae tan poderosa y discretamente en las almas.

A la izquierda, las numerosas canillas donde los peregrinos buscan y beben el agua de la fuente abierta por Santa Bernardita por orden de Nuestra Señora.

La Gruta y la fuente

¿Cómo describir la gruta? Es difícil. Nada hay que no se parezca a una concavidad labrada en la roca por el viento y las aguas. Aunque, mirándola, se tiene la impresión de contemplar una ventana que abre directo hacia el Cielo.
En lo alto, a la derecha, en una especie de túnel abierto en la roca, la famosa imagen de Nuestra Señora de Lourdes, tan simple, sin mérito artístico especial, irradia un océano de gracias.

A la izquierda, en el fondo, la fuente que Santa Bernardita cavó con sus propias manos, por orden de la Santísima Virgen. El agua corre límpida, incesante, con la musicalidad de un manantial de montaña sin pretensiones. Es el agua de Lourdes, simple instrumento del que Nuestra Señora se sirve para vencer a la enfermedad y al pecado, a la lubricidad igualitaria de la humanidad que rechazó la Civilización Cristiana.

¡Que contraste! ¡Qué gloria, qué poder de la Santísima Virgen! ¡Toda la obra de la impiedad erigida durante siglos de Revolución, vencida por la Reina de los Cielos y de la Tierra con un simple hilo de agua!



Imagen de la eternidad


De los fieles, ¿qué decir? Entra un empresario italiano muy bien vestido; se arrodilla una chinita maravillada; desfila una delegación de polacos todavía marcados por la tragedia comunista; cantan los españoles; un matrimonio inglés se inclina reverente; una mujer de ébano llora emocionada; la familia norteamericana no sabe dónde poner todas las velas que trajo. Arrodillados, de pie o sentados en los bancos, quedan en silencio, mirando hacia esa gruta que es puerta del Cielo, con el aire de inocencia y de paz de su Primera Comunión. El tiempo allí parece no pasar.

Cerca de 2000 curaciones fueron declaradas oficialmente inexplicables por la Medicina. Muchísimas otras curas físicas y morales fueron operadas por Nuestra Señora, aunque no registradas en virtud de la naturaleza del problema, por falta de proceso médico o circunstancias diversas.

Sin embargo, cuántos y cuántos enfermos pasaron también por allí y no obtuvieron remedio, pero nunca se oyó decir que alguno de ellos se haya creído engañado, decepcionado o desesperado. Por el contrario, vuelven esperanzados. Ocurre que esa acción de Nuestra Señora en lo más profundo del alma tiene un no sé qué de restaurador, que vale más que la misma cura física, y deja a todos encantados, llenos de la sensación de que han sido ampliamente atendidos.

Fiesta de la Inmaculada Concepción

El domingo, 8 de diciembre, una procesión excepcional es organizada a las 21:00 horas, sobre el hielo. Nadie falta a la misma y el cortejo con velas se pone en marcha. Sale de la Gruta sagrada, recorre toda la explanada y culmina delante de la basílica.

Se reza el Rosario –el Pater Noster y el Gloria en latín y las Ave-Marias en las lenguas de los grupos numéricamente más numerosos– y después de cada misterio, se canta el conocidohimno El 13 de Mayo. En el momento del Ave, Ave, Ave María, la multitud se estremece, levanta las velas y reza al unísono.

Prefigura del Reino de María

En el momento de la bendición final y de la Salve Regina, cantada en gregoriano, hay dificultad en contener el entusiasmo de la multitud que quiere tocar la piadosa imagen que preside la procesión.

El frío transforma la nieve en hielo. El aire presenta una pureza extraordinaria. Brillando en lo alto de un escarpado cerro, la formidable fortaleza medieval de Lourdes, toda iluminada de luz dorada, completa el panorama. Evoca una era en que la Cruz y la espada se unían a los pies de la Virgen Inmaculada, aplastando eternamente la cabeza de la serpiente.

El espectáculo de la procesión en la monumental explanada hace pensar en aquella otra procesión –cuán mayor y más esplendorosa– que, como anhelan tantos fieles, podrá inaugurar el Reino de María anunciado por San Luis María Grignion de Montfort, después del advenimiento de los tremendos acontecimientos previstos en Fátima, adecuados para purificar la Tierra.

La proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, seguida del movimiento inaugurado por Nuestra Señora en Lourdes, fue para el mundo entero, como resaltó el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, el “primer marco del resurgimiento contra-revolucionario” (Ver “Cruzada”, Nº 6, Diciembre 2003).

En Lourdes, como estruendosa confirmación del dogma, Nuestro Señor hizo algo único en la Historia: instaló en el mundo el milagro, por así decir en serie y a título permanente.

Se diría que hoy la humanidad sufre violencia, que está siendo puesta en una horma que no conviene a su naturaleza, y que todas sus fibras se contuercen y resisten. Hay ansias inmensas por algo diferente que aún no termina de definirse. Hecho tal vez nuevo desde que comenzó la decadencia de la Civilización Cristiana en el siglo XV, el mundo entero gime en las tinieblas y en el dolor, precisamente como el hijo pródigo cuando llegó al extremo de la vergüenza y de la miseria, lejos del hogar paterno. Sin embargo, en el mismo momento en que la iniquidad parece triunfar, hay algo de frustrado en su aparente victoria. En Lourdes, Nuestra Señora ha alcanzado para nosotros los más estupendos milagros. ¿Tienen fin las misericordias de una Madre y de la mejor de las madres? ¿Quién se atrevería a afirmarlo? Si alguien dudase, Lourdes le serviría como una admirable lección de confianza. María Santísima ha de socorrernos. En realidad Ella ya comenzó a socorrernos. Los días del dominio de la impiedad están contados. La definición del dogma de la Inmaculada Concepción marcó el inicio de una sucesión de hechos que conducirá al Reinado de Maria.


Fotos:
1 – Imagen de NS de Lourdes, Gruta de Lourdes, Francia.
2 y 3 – Santa Bernardita de Souvirou, vidente de Lourdes. Su cuerpo permanece incorrupto hasta el día de hoy.
4 – Vista de una peregrinación al Santurio de Lourdes.

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