Cruzada contra la inmoralidad:
palanca para levantar al mundo
¿Por
qué y cómo un católico debe
luchar contra la inmoralidad?

La inmoralidad alcanzó en nuestros días niveles pavorosos.
La falta de pudor es tal que, a veces, aún personas cuyo comportamiento
en esa materia está lejos de ser irreprensible manifiestan repudio
contra actitudes de lo más chocantes.
Tal repudio es de suyo un movimiento bueno en esas almas.
¿Se puede hacer algo para aprovechar esas reacciones buenas,
coordinándolas y articulándolas en una campaña
que haga retroceder a la inmoralidad triunfante?
¡Ciertamente sí!
El primer paso consiste justamente en mostrarles que su postura es la
correcta; enseguida, se las debe animar, haciéndolas ver que
no están solas; por fin, estimularlas a convocar nuevos participantes
para esa lucha, con el objeto de aunar esfuerzos en un frente único
contra la inmoralidad.
¿En qué consiste la inmoralidad?
La palabra inmoralidad puede ser tomada en sentido amplio o estricto.
En sentido amplio, es toda trasgresión a la Ley Moral, consubstanciada
en los 10 Mandamientos de la ley de Dios. Mentir es pecado (8° Mandamiento).
Peca el patrón cuando niega el salario justo (pecado que clama
venganza al Cielo, 7º Mandamiento); como peca el empleado cuando
lo defrauda, trabaja sin el empeño debido o, mucho más
grave, cuando promueve huelgas en favor de reivindicaciones absurdas,
etc. En rigor de lenguaje, todas estas acciones se encuadran en el concepto
de inmoralidad.
Sin embargo, en la vida cotidiana es frecuente el empleo de la palabra
inmoralidad para designar las malas costumbres, la indecencia en el
comportamiento o en el modo de vestirse, la degradación moral
en materia de 6° y 9º Mandamientos (No pecarás contra
la castidad y No codiciarás la mujer de tu prójimo). Hoy,
a los efectos de este artículo, tomaremos la palabra en este
último sentido estricto.
Luchar contra la inmoralidad es salvar almas y naciones
Al combatir la inmoralidad, colocamos obstáculos a su difusión
y evitamos así que muchas almas comprometan –por el placer
pasajero, ¡a veces de un minuto!– su salvación eterna.
Además, la práctica de la castidad –principalmente
la castidad perfecta, pero también la matrimonial– fortalece
las fibras morales del hombre para la práctica de otras virtudes.
Una persona casta tendrá más facilidad, en principio,
para ser mansa en el trato con sus familiares y empleados, leal en sus
negocios, honesta en el ejercicio de un cargo público, etc.
De ese modo, cuando los hombres luchan con valentía contra la
inmoralidad, en sí y en los demás, contribuyen a que una
nación entera se levante y progrese en todos los órdenes:
un hombre que se santifica ¡santifica al mundo!
Palanca para la regeneración
cristiana del mundo
La pureza de costumbres tiene, por lo tanto, un alcance mucho mayor
de lo que a primera vista puede parecer a algunos.
Arquímedes decía: “Dadme una palanca y un punto
de apoyo, y yo levantaré al mundo”. Tomando como punto
de apoyo la doctrina católica y accionando la palanca de la lucha
contra la inmoralidad, estaremos elevando el mundo, no sólo del
punto de vista espiritual y religioso, sino en todos los otros campos.
La purificación moral y religiosa de la humanidad es el punto
de partida para la solución de las crisis y problemas que afectan
en nuestros días a todas las naciones
Un tema aparentemente restricto tiene, por lo tanto, gran alcance para
la regeneración cristiana de nuestra Patria y del mundo entero.
Es a esa meritoria cruzada que la Fundación Argentina del Mañana
convoca a los participantes de sus campañas.
Tal actuación está en el centro del mensaje de Fátima.
De ahí la certeza de que la Santísima Virgen –Auxilio
de los Cristianos y Mediadora de todas las gracias– siempre estará
a nuestro lado, ayudándonos con gracias muy especiales para que
alcancemos éxito en esa noble misión.
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