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Dos
grandes milagros de la Virgen de Fátima:
el “zig-zag” del sol y
la liberación de Austria
Una Cruzada Reparadora del Santo Rosario, con una imagen
peregrina de Nuestra Señora de Fátima, obtuvo
un auténtico
milagro en mayo de 1955: la evacuación de las tropas
rusas del territorio austriaco
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Gran
concentración popular en la Heldenplatz, en Viena,
para gradecer a Nuestra SEñora la liberación
de Austria, el 10 de Septiembre de 1955 |
En 1917, en Fátima, la Virgen María
pidió a la humanidad el arrepentimiento de los pecados
cometidos, el cambio de vida, la penitencia y la oración,
para revertir la grave decadencia de la Fé y las costumbres,
notable ya en el inicio del siglo pasado.
Si estos pedidos fuesen atendidos, el mundo tendría
paz. En caso contrario, vendrían nuevas guerras, la
Iglesia sería perseguida, el Santo Padre tendría
mucho que sufrir, muchas naciones desaparecerían.
Para comprobar la veracidad de su mensaje, la Madre de Dios
operó, en la última aparición, un portentoso
milagro, presenciado por millares de personas: el sol comenzó
a danzar en el cielo, dando la impresión de
que caería sobre la Tierra. Después de ese
prodigio, ningún otro milagro operado por la Virgen
de Fátima tuvo la trascendencia de un acontecimiento
poco realzado de la Historia contemporánea: la inexplicable
—en términos meramente naturales— retirada
de las tropas soviéticas de Austria, mediante el tratado
que reconoció la independencia del país, firmado
en mayo de 1955.
La humanidad pecadora no atiende los pedidos
de Nuestra Señora
De 1917 a nuestros días, la decadencia de las costumbres
se aceleró vertiginosamente. Se comprueba un catastrófico
alejamiento de los Mandamientos de la Ley de Dios. Y la crisis
religiosa nos pone al borde una nueva y gran apostasía,
de proporciones tal vez mayores que la revolución protestante
del siglo XVI.
Los castigos por esos desvíos van siendo registrados
por la Historia.
Además de la Segunda Guerra Mundial, el mundo ha sido
constantemente conmovido por guerras locales o por revoluciones
internas, cuyas víctimas superan ya cinco veces al
de la gran contienda.
La persecución a la Iglesia en países islámicos,
responsable por millares de mártires, es cada vez más
intensa. En toda Europa los adeptos radicales del Islam van
conquistando terreno y amenazan dominar, en un futuro no muy
distante, a países como España, Francia, Alemania
e Italia.
No son pocas las personas que ya ven acumularse en el horizonte
las nubes sombrías de la amenaza de una nueva guerra
mundial.
Esta es la triste situación en que nos encontramos.
Sin embargo, ¿qué podría haber sucedido
si los pedidos de Nuestra Señora hubieran sido atendidos?
En la historia de la pequeña Austria, después
de la Segunda Guerra Mundial, la Divina Providencia parece
haber querido mostrar los beneficios que está dispuesta
a conceder a la humanidad si se tomaran en cuenta los pedidos
de la Santísima Virgen.
La lamentable situación de Austria en la postguerra
Con la anexión de Austria a la Alemania nazi en marzo
de 1938, los destinos de los dos países quedaron íntimamente
unidos. Las devastaciones causadas por los ejércitos
alemanes, a los cuales se incorporaron los contingentes austriacos,
durante la Segunda Guerra Mundial, fueron imputadas naturalmente
a ambas naciones.
Al fin de la Guerra, los Aliados decidieron mantener la existencia
política de Austria, aunque sujetándola a un
período no definido de ocupación. Su territorio
fue dividido en cuatro partes, que fueron entregadas respectivamente
a los aliados: Francia, Estados Unidos, Inglaterra y la Unión
Soviética. La parte soviética cubría
la llamada baja Austria, la más rica del país,
por los pozos de petróleo, la agricultura y sus industrias;
en ella estaba localizada la ciudad de Viena.
Los rusos tenían como objetivo quedarse indefinidamente
al punto que, en 1950, incentivaron un “putsch”
comunista en Viena, con la intención de apoderarse
del gobierno de toda Austria.
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Rezando
delante de la imagen Magna Mater Austriæ, en el
santuario nacional de Mariazell, el 2 de febrero de
1946 el P. Petrus escuchó una voz interior que
le decía: "haced lo que Os digo y tendréis
paz." |
El mismo consejo de la Virgen en dos ocasiones:
Fátima -1917; Mariazell-1946
En esas sombrías perspectivas, el sacerdote capuchino
Petrus Pavlicek se dirigió el 2 de febrero de 1946
al principal santuario mariano del país, Mariazell,
a rezar intensamente delante de la imagen milagrosa y pedirle
luces para atender las necesidades de su pueblo. En cierto
momento percibió, con toda claridad, que una voz interior
le decía: “Hagan lo que les pido y tendréis
paz”.
Sólo más tarde conocería que esas palabras
habían sido las mismas pronunciadas por Nuestra Señora
dijera en Fátima.
En febrero de 1947 fundó un movimiento de oraciones
para reunir a personas que se comprometieran a rezar el rosario,
de forma que durante las 24 horas del día alguien estuviese
orando a Nuestra Señora y pidiendo la conversión
de los pecadores, la paz y la liberación de Austria.
Con la autorización de sus superiores, pero sin ningún
apoyo financiero de éstos, pues la guerra había
dejado a la Orden de los capuchinos en difícil situación,
pasó a recorrer el país. Una copia de las imágenes
peregrinas internacionales de Nuestra Señora de Fátima
lo acompañaba siempre.
En cada ciudad o aldea, conseguía siempre mayor número
de adhesiones a la Rosenkranzsühnekreuzzug (Cruzada Reparadora
del Santo Rosario). Para no provocar una actitud represiva
por parte de las autoridades soviéticas, pedía
a los participantes de la cruzada que rezasen por la paz mundial
y la conversión de los pecadores. A pesar de ello,
todos entendían que tal paz comenzaba por la liberación
de Austria del yugo comunista. -
En sus prédicas insistía en el pedido central
de Nuestra Señora en las apariciones de 1917: la conversión
de los pecadores. Insistía mucho para que sus fieles
recibiesen el sacramento de la penitencia.
La Cruzada domina las bases y, por fin, mueve las
cúpulas
En septiembre de 1948 inició el P. Petrus, en la iglesia
de los capuchinos de Viena, los Actos de Devoción Reparadora
(Sühneandacht) con Misas, predicaciones, confesiones,
bendición de enfermos y recitación del rosario.
Tales devociones duraban a veces cinco días consecutivos.
El los denominó Asaltos de oración (Sturmgebete):
"La paz es un don de Dios y no obra de políticos,
y los dones de Dios se obtienen con oraciones", decía
el misionero. Era preciso conquistar de Dios esa gracia como
los soldados conquistan una
fortaleza mediante un ataque.
Organizó procesiones con la imagen de Nuestra Señora
de Fátima los días 13 de cada mes. Estas tomaron
tal vuelo que resolvió promover el día de la
Fiesta del Nombre de María (12 de septiembre de cada
año) una gran procesión a la cual invitaba a
participar a todas las parroquias de Viena.
Esa fiesta había sido instituida en 1683 por el Papa
Inocencio XI para que toda la Cristiandad conmemorase la intervención
de la Santísima Virgen dando la victoria a los ejércitos
católicos contra los turcos en Viena.
En 1948 el Padre Petrus escribió al Cardenal Innitzer,
de Viena, invitándolo a participar de las procesiones.
Durante algún tiempo, se negó a tomar parte
en aquella manifestación de Fé. También
se había opuesto a la ida de la imagen de Nuestra Señora
de Fátima a la iglesia de los capuchinos alegando que
en aquél templo ya había otra imagen, y que
"Nuestra Señora es una sola". El padre Petrus
fue entonces a la catedral de Viena y allí encontró
35 diferentes representaciones de la Santísima Virgen.
Así consiguió deshacer tal oposición.
Más tarde, ante el éxito del movimiento, el
Purpurado se sintió obligado a participar de la procesión.
El primer ministro Leopold Figl también fue invitado
a participar de las grandes procesiones. En todas las grandes
ocasiones, tanto a él como a sus ministros se los veía
de vela y rosario en la mano.
En 1953, Julius Raab sucedió a Leopold Figl en el cargo
de primer ministro y se unió a los esfuerzos del religioso
capuchino.
El movimiento irá creciendo siempre de manera sorprendente.
Hasta 1955, más de 500 mil austriacos (el país
tenía cerca de cinco millones de habitantes) se habían
comprometido a participar de aquél inmenso clamor de
oraciones. El número de quienes participaba de las
procesiones y de los Asaltos de oraciones era mucho mayor.
Mientras tanto, durante esos ocho años se desarrollaron
en Londres 260 reuniones entre representantes de las naciones
vencedoras y una delegación austriaca, sin que nada
quedase resuelto sobre la ocupación de Austria.
La Guerra Fría se intensificaba cada vez más
y el comunismo agudizaba sus métodos de persecución
religiosa en los países ocupados. Parecía que
Dios quería probar la confianza de aquellos que tanto
pedían la liberación de su país.
Milagro de Nuestra Señora de Fátima
salva Austria
El 24 de marzo de 1955 los gobernantes soviéticos
invitaron a los austriacos a una conferencia en Moscú.
Antes de partir, el primer ministro Tulius Raab pidió
al sacerdote: "Por favor rece, y haga que sus fieles
recen más que nunca", pues él presentía
que allí se decidiría el futuro de la nación.
Luego de rápidas conversaciones, sucede lo imposible:
inesperadamente en el mes de Abril, el régimen de Moscú
anunció la determinación de que en noventa días
retiraría todas sus tropas. El 15 de mayo los representantes
de las cuatro potencias ocupantes firmaron en Viena el Tratado
de Independencia definitiva del País
Finalmente Austria se liberaba de la ocupación aliada
y, más importante que todo, de la ocupación
soviética. Caso único en la historia del comunismo
hasta entonces.
El 26 de octubre de 1955, el último soldado de las
tropas de ocupación dejó el suelo austriaco,
lo que en Alemania recién sucedió en 1995.
Antes, el 12 de septiembre, se organizó en Viena una
gran procesión “aux flambeaux" en homenaje
a Nuestra Señora de Fátima, de la cual participó
una enorme multitud e innumerables personalidades de la vida
pública.
El primer ministro pronunció un discurso, en el cual
reconoció la importancia que el movimiento del Padre
Petrus había desempeñado en los acontecimientos.
Y terminó con
estas palabras: "Los que tenemos el corazón lleno
de Fé, queremos hoy enviar al Cielo una oración
alegre, y esa oración la concluimos con estas palabras:
“Nosotros estamos libres; María, te lo agradecemos”.
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Fuentes
de referencia:
• "Wie es zur Freiheit Osterreichs Kam" (Como
Austria alcanzó la libertad), Ed.
Rosenkranz -Sühnekreuzzug um den Frieden der Welt, Viena,
1995.
• Hilde Firtel, Vorbeter für Millionen - P. Petrus
Pavlicek, OFM, Ed.Rosenkranz- Sühnekreuzzug um den Frieden
der Welt, Viena,1995. |