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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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¿Por qué quiso sufrir
María Santísima?

Al contemplar a María Santísima al pie de la Cruz, una pregunta se impone: ¿Por qué quiso sufrir la Madre de Dios?

"La piedad" (siglo XVII)- Monasterio del Carmen de
San José, Quito(Ecuador)

El Paraíso y el Pecado Original

En el Paraíso terrenal, todo en el hombre tendía al bien y nada de desarreglado había en su ser. Sin embargo, Adán y Eva pecaron y Dios les retiró una serie de dones que les había concedido gratuitamente.

Si el hombre hubiese continuado habitando en el Paraíso, no habría pasado por la muerte para ir al Cielo ni le sería necesario luchar contra las malas inclinaciones. Después del pecado original, conocería la muerte, el hambre, el dolor, el desarreglo de las pasiones. Sufriría para comer, vestirse, edificar su vivienda, etc. Tendría que vencer sus malas tendencias y la inclinación al pecado.

Quedó sujeto al error y a la ignorancia. Peor aún: las puertas del Cielo se le cerraron. En resumen, para vivir debería enfrentar una batalla dura e implacable.

Por eso el Profeta Job dice: "la vida del hombre sobre la tierra es una lucha" (7, 1).

La Redención abrió las puertas del Cielo

Dios, en su infinita misericordia, prometió un Redentor que abriría de nuevo el Cielo a los hombres y fundaría la Santa Iglesia para guiarlos en el verdadero camino de salvación.

En este contexto, el sufrimiento que proviene de la lucha entre la tendencia mala y el deseo de practicar el bien constituye el centro de nuestra vida y es una ayuda poderosa para ir al Cielo. Ofrecer a Dios el padecimiento de practicar la virtud constituye, pues, un medio para demostrarle que Lo amamos.

Además, por la "comunión de los santos" podemos ayudar al prójimo, incluso a quienes están en el Purgatorio, mediante nuestros sufrimientos y méritos. Es la llamada "comunión de los santos".

El mérito del sufrimiento se convierte, entonces, en la "moneda" con la cual conquistamos el Cielo.

Nuestra Señora fue concebida sin pecado original debido a un privilegio único concedido por Dios en previsión de los méritos de Jesucristo. No estaba sujeta a las malas inclinaciones existentes en los demás hombres, ni tampoco precisaba sacrificarse como nosotros. Sin embargo, Ella quiso sufrir, por varias y altísimas razones.

En primer lugar, para imitar a su Divino Hijo, darle una gloria superior a la de todos los hombres y mostrar a Dios hasta que punto deseaba agradarle.

La Virgen Santísima quiso sufrir también por misericordia para con nosotros, pues de ese modo nos obtuvo dones y gracias a través de la comunión de los santos.

Paraíso y el Pecado Original

Nuestra Señora fue siempre santa e inmaculada, y podría no haber pasado por las pruebas que Dios envía a los demás hombres con el objeto de santificarlos. Pero Si Ella las deseó, fue para enseñarnos a ser desprendidos de los bienes terrenos y a amar los planes de la Sabiduría divina aún cuando no los comprendamos.

Son estas las preciosas enseñanzas que Nuestra Señora nos dejó. Nosotros debemos sufrir en consecuencia del pecado original y de nuestros pecados actuales. Ella no, pero lo quiso por amor a Dios y a sus hijos concebidos en el pecado original. ¡Imitemos el ejemplo de tan excelsa Madre!

Es una sublime lección para meditar en esta Semana Santa cuando tantos, olvidados de Dios, se entregan a diversiones inconvenientes, caen en el pecado y se afanan en huir, de cualquier forma, de todo sufrimiento.

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