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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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La Medalla Milagrosa revelada
a Santa Catalina Labouré

¡Voz misteriosa de la gracia que resonáis en el silencio de los corazones!", Así nos habla aquella que es Mater Divinæ Gratiæ.

Cuando por primera vez nuestros ojos se abrieron a la vida, ya sobre ellos posó, llena de complacencias, la celestial y virginal mirada de Nuestra Señora de las Gracias. Mirada purísima; mirada sacralísima; sumamente regia; mirada indeciblemente maternal de María, que nos observa en el transcurso de nuestra vida, multiplicando las señales de su presencia "cuán santa, cuán serena, cuán benigna, cuán amena" ("Himno Ave Mundi")

Presencia constante, para adornar con gracias siempre nuevas y más intensas a aquellos que, en obediencia a sus palabras, llevan siempre consigo la Medalla Milagrosa: "Todas las personas que la usen recibirán grandes gracias, llevándola en el cuello".

La santa que recibió las revelaciones.

El origen de la Medalla Milagrosa se remonta al inicio del siglo pasado.

En 1806, los ejércitos de Napoleón esparcían la Revolución Francesa por toda Europa, aplastaban y extinguían el Sacro Imperio Romano-Alemán, fundado por Carlomagno hacía más de 1000 años. De esta manera acentuaban el proceso de demolición de la Cristiandad, ya desde entonces en ruinas. En este mismo año de 1806, la Providencia hacía nacer en la Borgoña una niña, destinada a representar un inmenso papel contra-revolucionario en su tiempo y en los siglos futuros, tal vez hasta el fin del mundo.

Catalina Labouré, a los nueve años perdió a su madre, una señora de la pequeña nobleza de Fain-les-Moutiers. Ahogada en lágrimas, encaramándose en un mueble abraza una imagen de la virgen y declara: "Ahora, Vos seréis mi madre".

Y María Santísima correspondió a tanto afecto, inspirado por Ella misma, haciéndose de modo especial madre de Catalina.

Cierta vez, un sueño le dejó intrigada: tras celebrar misa en la pequeña iglesia de Fain-les-Moutiers, un viejo y desconocido sacerdote, cuya mirada le impresionó profundamente, le hizo una señal para que se aproximase. Llena de temor retrocedió, aunque se sentía fascinada por aquella mirada. Aún en sueños, al salir de la iglesia para visitar a una enferma, se volvió a encontrar con el anciano sacerdote, que le dijo: "Hija mía... tú ahora huyes de mí, pero un día serás feliz en venir a mí. Dios tiene designios sobre ti. No lo olvides".

Catalina no entendió...

A los dieciocho años tiene una enorme sorpresa. Al entrar en el locutorio de la casa de las Hijas de la Caridad en Ch'tillon-sur-Seine, donde fuera a estudiar con una prima suya, se encuentra con un cuadro que retrataba ni más ni menos que al mismo anciano, de cuya mirada jamás se olvidara: era San Vicente de Paúl, fundador de las Hijas de la Caridad, que confirmaba e indicaba así la vocación religiosa de Catalina.

Sin embargo, sólo a los 23 años, victoriosa en todos los intentos de su padre para alejarla de los caminos que Dios le trazara, Catalina obtuvo autorización para entrar como postulante, precisamente en la casa de las Hijas de la Caridad de Ch'tillon-sur-seine, donde, seis años antes, había tenido la agradable sorpresa de descubrir quién era aquel anciano sacerdote que de niña vio en sueños.

Tres meses más tarde, el día 21 de abril de 1830, traspuso por primera vez los umbrales del noviciado de las Hijas de la Caridad, en la Rue du Bac, en París.

Pasados algunos días tuvo lugar, con la presencia del Arzobispo de París, Mons. Quélen, el solemne traslado del cuerpo incorrupto de San Vicente de Paúl, en un espléndido relicario de plata, desde la catedral de Notre-Dame a la capilla de Saint Lazare, donde hasta hoy se encuentra expuesto a la veneración de los fieles. El rey Carlos X participó de las ceremonias.

Apariciones del corazón de San Vicente

Fue durante la semana siguiente a esta glorificación de San Vicente, al volver de la capilla de los Lazaristas, donde las Hijas de la Caridad hacían todos los días una novena ante la reliquia de su fundador, cuando Catalina, en el noviciado de la Rue du Bac, tuvo sus primeras visiones.

"El corazón de San Vicente se me apareció tres veces de modo diferente, tres días seguidos: blanco, color de carne, lo que anunciaba la paz, la inocencia y la unión.

"Después lo vi rojo, color de fuego; lo que debía encender la caridad en el corazón. Me parecía que la comunidad debía renovarse y extenderse hasta las extremidades de la tierra.

"Por fin, lo vi rojo negro; lo que me daba tristeza de corazón; me venía una tristeza que tenía mucha dificultad de dominar. No sé por qué ni cómo esa tristeza se relacionaba con el cambio de gobierno".

No obstante su confesor, el Rvdo. P. Aladel, así le aconsejó: "No escuche estas tentaciones. Una Hija de la caridad está hecha para servir a los pobres y no para soñar."

Nuestro Señor se le aparece

La Providencia, mientras tanto, preparaba el alma de Catalina para las revelaciones que iba a tener de Nuestra Señora, haciendo que sus pensamientos se elevasen hacia los grandes intereses de la causa de la iglesia y de la civilización cristiana:

"Yo era - relata la santa - favorecida con otra gracia: ver a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento durante todo el tiempo de mi noviciado, menos cuando dudaba. "En el día de la Santísima Trinidad (6 de junio) Nuestro Señor se me apareció como Rey, con la cruz sobre el pecho. En el momento del Evangelio, me pareció que Nuestro Señor era despojado de todos sus ornamente, cayendo todo por tierra. Fue entonces cuando tuve los más negros y tristes pensamientos: El Rey de la Tierra sería destronado y despojado de sus vestiduras reales."

Catalina, que polarizaba en Carlos X, Rey de Francia, la interpretación de la visión que tuvo, confía sus aprensiones al P. Aladel, pero éste no les da la menor importancia.

Primera aparición de Nuestra Señora

Transcurrido poco más de un mes, en la noche anterior al día de la fiesta de San Vicente, 19 de Julio, Catalina ve por primera vez a la Reina del Cielo y de la Tierra.

"Nos habían distribuido a las novicias un pedazo del roquete de lino de San Vicente. Yo corté la mitad y me lo tragué, durmiéndome con el pensamiento de que San Vicente me obtendría la gracia de ver a la Santísima Virgen.

"En fin, a las once y media de la noche, oí que me llamaban por el nombre: '¡Hermana mía! ¡Hermana mía!' Despertando, corro la cortina y veo un niño de cuatro o cinco años, vestido de blanco, que me dice: 'Ven a la Capilla; la Santísima Virgen os espera.'

"Me vestí deprisa y me dirigí hacia el niño, que permanecía de pie. Yo lo seguí, siempre a mi izquierda. Por todos los lugares donde pasábamos, las luces estaban encendidas, lo que me sorprendía mucho. Sin embargo, quedé mucho más asombrada, cuando entré en al Capilla: la puerta se abrió; mas el niño la había tocado con la punta del dedo. Y mi sorpresa fue aún más completa cuando vi todas las velas y candelabros encendidos, lo que me recordaba la Misa de media noche.

"Por fin, llegó la hora. El niño me previno: '¡He aquí la Santísima Virgen! ¡Aquí está Ella!'

"Yo oí como un ligero ruido de vestido de seda, que venía del lado del presbiterio, cerca del cuadro de San José, y que posaba sobre los escalones del altar, del lado del Evangelio, en una silla igual a la de Santa Ana.

"En ese momento, mirando a la Santísima Virgen, di un salto hacia Ella, poniéndome de rodillas sobre los escalones del altar y con las manos apoyadas sobre las rodillas de la Santísima Virgen.

"Fue el momento más dulce de vida - afirma la santa - . Me sería imposible expresar todo lo que sentí. Nuestra Señora me dijo: ... 'Hija mía, el buen Dios quiere encargaros una misión. Tendréis mucho que sufrir, mas superaréis estos sufrimientos pensando que lo hacéis para la gloria del buen Dios. Seréis contradecida, pero tendréis la gracia; no temáis. Seréis inspirada en vuestras oraciones.

"Los tiempos son muy malos; calamidades vendrán a precipitarse sobre Francia. El trono será derrumbado. El mundo entero será trastornado por males de todo orden. (Al decir estoy, la Santísima Virgen tenía un aire muy apenado). Pero venid al pie de este altar. Aquí las gracias serán derramadas... sobre todas las personas, grandes y pequeñas, particularmente sobre aquellas que las pidan. El peligro será grande; sin embargo, no temáis, el buen Dios y San Vicente protegerán la comunidad."

Interrumpamos aquí, un momento, las palabras de Nuestra Señora y veamos cómo se cumplieron en los 21 años siguientes.

Carlos X, Luis Felipe, Napoleón III

Una semana después de esta aparición estalla la Revolución de julio de 1830, atestiguando el alcance profético de las visiones de Santa Catalina.

Se trataba de una nueva explosión del espíritu de 1789, maniobrada por los comités republicanos y carbonarios que, empuñando la bandera tricolor de la Revolución Francesa, derrumbaban al Rey Carlos X.

Un anticlericalismo virulento se manifiesta: iglesias profanadas; cruces echadas por tierra; comunidades religiosas invadidas, devastadas y dispersadas; sacerdotes perseguidos y maltratados.

A pesar de todo, se cumplen fielmente las promesas de Nuestra Señora: los Lazaristas y las Hijas de la Caridad, ambos fundados por San Vicente de Paúl, atraviesan incólumes ese turbulento período.

Impotente para llevar hasta las últimas consecuencias sus principios igualitarios, la Revolución hizo sentar en el trono de San Luis a un rey ilegítimo, aunque príncipe verdadero.

Dentro del convulsionado París, Luis Felipe, hijo de Felipe galité, era el hombre escogido para aliar el establecimiento de un pseudo-orden con la victoria de los ideales libertarios. Fue hecho rey el 7 de Agosto de 1830.

Efímero, el nuevo régimen es dirigido, en medio del caos y de las barricadas, primero por un gobierno provisional, y más tarde por un presidente electo, Luis Napoleón, que tres años después, en diciembre de 1851, por un golpe de estado, se hace emperador bajo el título de Napoleón III.

Prosigue el relato de la primera aparición de Nuestra Señora

Retomemos el manuscrito en que Santa Catalina relata la primera aparición de la Santísima Virgen, en aquella noche del 18 al 19 de julio de 1830. Es Nuestra Señora quien advierte:

"Hija mía, yo tengo gusto en derramar gracias sobre la comunidad en particular. Yo la aprecio mucho. Sufro porque hay grandes abusos en la observancia. Las Reglas no son seguidas. Hay gran relajamiento en las dos comunidades. Decididlo a aquel que está encargado de una manera particular de la comunidad. El debe hacer todo lo que le sea posible para volver a poner la regla en vigor. Decidle, de mi parte, que vigile las malas lecturas, las pérdidas de tiempo y las visitas...

"Conoceréis mi visita y la protección de dios y de San Vicente sobre las dos comunidades. Sin embargo, no se dará lo mismo con otras congregaciones. Habrá víctimas (al decir esto, la Santísima Virgen tenía lágrimas en los ojos). En el clero de París habrá victimas: Monseñor, el Arzobispo (a esta palabra, lágrimas de nuevo).

"Hija mía, la Cruz será despreciada y echada por tierra. La sangre correrá. Se abrirá de nuevo el costado de Nuestro Señor. Las calles estarán llenas de sangre. Monseñor, el Arzobispo, será despojado de sus vestiduras (aquí la Santísima Virgen ya no podía hablar más; el sufrimiento estaba estampado en su rostro). Hija mía - me decía -, todo el mundo estará sumido en la tristeza. A estas palabras, pensé cuándo se daría esto. Comprendí muy bien: treinta años".

De hecho, cuatro décadas después...

La guerra franco-prusiana y la Comuna

En 1870, Francia y Alemania entran en guerra.

El 2 de Septiembre, una tremenda y humillante derrota obliga a Napoleón III a capitular en Sedán.

Días después, en París, nuevamente era proclamada la República, al frente de la cual estaba un gobierno de defensa nacional, cuyo espíritu sectario lo caracterizaba bien el grito de Gambetta, uno de sus más destacados miembros: "El clericalismo, he ahí el enemigo."

En marzo siguiente, con Francia bañada en sangre, estalla una Revolución en la capital, conocida como la Comuna. El gobierno republicano es obligado a trasladarse a Versalles. La capital vive entonces setenta días bajo la tiranía de un Consejo General, compuesto por anarquistas furibundos.

Cuando el histórico santuario de Notre Dame des Victoires - favorecido por todas las gracias relacionadas con las apariciones de la Rue du Bac, y sede de una archicofradía mundialmente difundida, cuya insignia era la Medalla Milagrosa - fue invadido, el 18 de Mayo de 1871, por el batallón de los "vengadores de la República", practicando sacrilegios inauditos, Santa Catalina declaró: "Han tocado Notre Dame des Victoires, ¡Pues bien! Es su derrota. No irán más lejos". En efecto, tres días después, entraba en París el ejército regular, victorioso frente a la insurrección revolucionaria, pero aún sin dominar toda la ciudad.

Por orden del Comité Ejecutivo de la Comuna, el 24 de Mayo fue fusilado en la cárcel de La Roquete el Arzobispo de París, Mons. Darboy, según había previsto la Santísima Virgen.

Ya en sus estertores finales, dos días después, los rebeldes asesinaron a veinte dominicos y otros rehenes, clérigos y soldados. Es la semana sangrienta...

No obstante, una vez más, los lazaristas y las Hijas de la Caridad, bajo la protección de Nuestra Señora, atraviesan indemnes esta nueva revolución.

Durante la Comuna, mientras todas las hermanas estaban tomadas de terror por los insultos y amenazas de los revolucionarios, Santa Catalina era la única que no tenía miedo: "Esperad, la Virgen velará por nosotras. No nos ocurrirá ningún mal."

Cuando los revolucionarios invadieron el convento de las Hijas de la Caridad y las expulsaron, Santa Catalina previó que todas estarían de vuelta dentro de un mes, el día 31 de Mayo; y aseguró a la Superiora que la propia Santísima Virgen guardaría la casa intacta.

Al retirarse, Santa Catalina cogió la corona de la imagen del jardín a fin de preservarla de la profanación, diciendo a Nuestra Señora: "Yo volveré para coronaros el día 31 de Mayo." Estas y muchas otras previsiones, relativas a los setenta días de la Comuna, se cumplieron con perfecta exactitud.

Derrotada por fin la Comuna, Adolf Thiers es nombrado, en agosto, primer presidente de la anticlerical III República, que sustituye al Imperio de Napoleón III. La Revolución, en su tercer paso, obtuvo un nuevo triunfo, y así ha llegado hasta nuestros días...

Se había realizado, pues, entres etapas, a lo largo de cuarenta años, todo cuanto el corazón de San Vicente, Nuestro Señor Eucarístico y la Santísima Virgen habían previsto en sus apariciones a Santa Catalina, en 1830.

Segunda aparición de Nuestra Señora: La Medalla Milagrosa

Volvamos al año 1830, a la capilla de la Rue du Bac. Cuatro meses habían transcurrido desde la primera aparición de Nuestra Señora, que dejara en Santa Catalina profundas añoranzas y un inmenso deseo de volver a ver a la Madre de Dios. He aquí cómo en sus manuscritos la propia novicia de las Hijas de la Caridad narra la segunda aparición:

"El día 27 de Noviembre de 1830... vi a la Santísima Virgen. Era de estatura mediana, estaba de pie, vestida con un traje de seda blanco aurora, hecho a la manera que se llama á la Viergé, con mangas lisas y un velo blanco que le cubría la cabeza y descendía de cada lado hasta abajo. Bajo el velo, vi sus cabellos lisos, separados en el medio, y por encima un bordado de más o menos tres centímetros de altura, sin flecos; esto es, apoyado ligeramente sobre los cabellos. El rostro bastante encubierto, los pies apoyados sobre media esfera, y teniendo en las manos una esfera de oro, que representaba el Globo. Tenía las manos a la altura de la cintura, de una manera muy natural, y los ojos elevados al Cielo... Aquí su rostro era magníficamente bello. Yo no sabría describirlo... Y poco después, de repente, percibí, en esos dedos, anillos con piedras, unas más bellas que las otras, unas mayores y otras menores, que lanzaban rayos, a cual más bello. Partían de las piedras mayores los más bellos rayos, siempre ensanchándose hacia los extremos, llenando toda la parte de abajo. Yo no veía más sus pies... En ese momento en que estaba contemplando, la Santísima Virgen bajó los ojos, mirándome fijamente. Una voz se hizo oír, diciéndome estas palabras:

"- La esfera que ves representa el mundo entero, especialmente Francia... y cada persona en particular...

"Aquí yo no sé expresar lo que sentí y lo que vi, la belleza y el fulgor, los rayos tan bellos...

"- 'Es el símbolo de las gracias que derramo sobre las personas que me las piden.' Me hacía así comprender cuánto es agradable rezar a la Santísima Virgen y cuánto Ella es generosa con las personas que le rezan; cuántas gracias concede a las personas que le ruegan; que alegría Ella siente concediéndolas...

"En ese momento, se formó un cuadro en torno de la Santísima Virgen, un poco ovalado, donde había en lo alto estas palabras: 'Oh María sin Pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos', escritas en letras de oro. (...) Entonces, una voz se hizo oír, que me dijo: 'Haced, haced acuñar una medalla con este modelo. Todas las personas que la usen recibirán grandes gracias, llevándola en el cuello. Las gracias serán abundantes para las personas que la usen con confianza... ' En ese instante, el cuadro me pareció volverse, y ahí vi el reverso de la medalla. Preocupada por saber lo que era necesario poner del lado reverso de la medalla, tras muchas oraciones, un día, en la meditación, me pareció oír una voz, que me decía: 'La M y los dos Corazones dicen lo suficiente' ".

Tercera aparición de Nuestra Señora.

Pocos días después, en diciembre de 1830, la Santísima Virgen visita a Catalina por tercera y última vez.

Con el mismo vestido color de aurora y el mismo velo, la Virgen María se hacer ver, sosteniendo nuevamente un globo de oro, rematado por una pequeña cruz.

De los mismos anillos, adornado de piedras preciosas irradiaba, con intensidades diversas, la misma luz:

"Es imposible expresar lo que sentí - decía ella - y todo cuanto comprendí en el momento en que la Santísima Virgen ofrecía el Globo a Nuestro Señor.

"Estando ocupada en contemplar a la Santísima Virgen, una voz se hizo oír en el fondo de mi corazón: 'Estos rayos son el símbolo de las gracias que la Santísima Virgen obtiene para las personas que se las piden'. Esas líneas deben ser colocadas como leyenda debajo de la Santísima Virgen.

"Yo estaba de buenos sentimientos, cuando todo desapareció como algo que se apaga; y me quedé repleta de alegría y consolación."

La acuñación de las primeras medallas

Así concluye el ciclo de las apariciones de la Santísima Virgen a Santa Catalina, que recibe, no obstante, un consolador mensaje: "Hija mía, de ahora en adelante no me veréis más. Sin embargo, oiréis mi voz durante vuestras oraciones."

Pero el P. Aladel, confesor de Santa Catalina, a quien ésta todo relataba, se mostraba frío e incrédulo, considerándola soñadora, visionaria, alucinada.

Transcurrieron dos años de tormento: "Nuestra Señora quiere... Nuestra Señora está descontenta... es necesario acuñar la medalla", le insiste la Santa.

Por fin, después de consultar al Arzobispo de París, Mons. de Quélen, que le anima a llevar adelante la empresa, el P. Aladel encarga a la Casa Vachette las primeras 20.000 medallas, en 1832.

La ejecución de las medallas iba a comenzar, cuando una epidemia de cólera, venida de Rusia a través de Polonia, irrumpió en París el 26 de marzo, en pleno Carnaval, segando vidas, como en un sobrecogedor cántico fúnebre... En un solo día, hubo 861 víctimas mortales. En total fueron registradas oficialmente 18.400 muertes. En realidad, hubo más de 20.000.

Las descripciones de la época son aterradoras: en cuatro o cinco horas, el cuerpo de un hombre en perfecta salud se reducía al estado de un esqueleto. En un abrir y cerrar de ojos, jóvenes llenos de vida tomaban el aspecto de viejos carcomidos, y poco después, no eran sino cadáveres.

En los últimos días de mayo, cuando al epidemia parecía menguar, se comienza a acuñar las primeras medallas.

En la segunda quincena de junio, sin embargo, un nuevo brote del tremendo castigo duplica el pánico del pueblo... Finalmente, el día 30, la casa Vachette entrega las primeras 1.500 medallas, que son distribuidas por las Hijas de la Caridad y abren el cortejo sin fin de las gracias y de los milagros.

La conversión de Ratisbonne

Los prodigios volaban de boca en boca por toda Francia, transponían las fronteras y los mares. De este modo, en pocos años, se hizo corriente en todo el mundo católico la noticia de que Nuestra Señora personalmente había indicado a una religiosa, Hija de la Caridad, el modelo de una medalla, que inmediatamente mereció ser llamada "milagrosa", pues muy grandes y abundantes eran las gracias alcanzadas, conforme la Santísima Virgen había prometido, aquellos que la usasen con confianza.

En 1839 ya habían sido difundidas más de diez millones de medallas por los cinco continentes. Relatos de milagros llegaban de todo el orbe: Estados Unidos, Polonia, China, Abisinia...
En 1842, una noticia estampada en toda la prensa corre como un reguero de pólvora: un joven banquero, judío de raza y religión, novio, yendo a Roma con ojos críticos en relación al Catolicismo, se ha convertido súbitamente en la Iglesia de San Andrea delle Fratte. La Santísima Virgen se le ha aparecido con las mismas características de la Medalla Milagrosa: "Ella nada dijo, pero yo lo comprendí todo" , declaró Alfonso Tobías Ratisbonne, que poco después rompió su noviazgo y se hizo ese mismo año novicio jesuita, y más tarde sacerdote, con el nombre de P. Alfonso María Ratisbonne.

Ahora bien, cuatro días antes, a instancias de su amigo, el Barón de Bussíres, muy a contragusto y por "bravata", Ratisbonne había prometido rezar todos los días el "Acordaos" de San Bernardo, y aceptado llevar al cuello una Medalla Milagrosa. Cuando la Santísima Virgen se le apareció, tenía la medalla puesta.

Esa espectacular conversión conmovió toda la aristocracia europea y tuvo repercusión mundial, haciendo aún más conocida, buscaba y veneraba la Medalla Milagrosa. Entretanto, nadie, ni siquiera la Superiora de la Rue du Bac, ni siquiera el Papa, sabían quién era la religiosa por Nuestra Señora escogida para canal del tantas gracias. Excepto el P. Aladel, que todo lo envolvía en el anonimato... Santa Catalina, por humildad, mantuvo durante toda su vida una absoluta discreción, jamás dejando trasparecer el celeste privilegio del que fuera objeto.

Lo que a ella le importaba era la difusión de la medalla: esa era su misión, y estaba cumplida.

La Figura de Nuestra Señora en la Medalla

A propósito de la figura de Nuestra Señora, con los brazos y las manos extendidas, tal y como aparece en la Medalla Milagrosa, se levanta una delicada y controvertida cuestión.

De los manuscritos de Santa Catalina se puede concluir que Nuestra Señora se le apareció tres veces, dos de las cuales ofreciendo el Globo a Nuestro Señor, y no con sus brazos y sus virginalísimas manos extendidos, como figura en la Medalla Milagrosa.

Esa divergencia, entre las descripciones de Santa Catalina y la representación de la Medalla Milagrosa, fue indicada ya por el biógrafo de la Santa, Mons. Chevalier, al declarar, en 1896, el proceso de beatificación.

"Yo no llego a explicarme por qué el P. Aladel suprimió el Globo que la Sierva de Dios siempre me afirmó a mí haberlo visto en las manos de la Santísima Virgen. Soy llevado a creer que él actuó así para simplificar la Medalla".

Sin embargo, si lamentablemente ha sido esta "simplificación", hecha por el P. Aladel, la verdad es que no hay por qué perturbarse. Sobre la Medalla Milagrosa, tal cual el mundo entero hoy la conoce y venera, posó la bendición de Nuestra Señora. Insofismablemente se deduce eso de las incontables e insignes gracias, de los fulgurantes e innumerables milagros que ha ocasionado, así como de la reacción de Santa Catalina al recibir las primeras Medallas acuñadas por la Casa Vachette, dos años después de las apariciones: "Ahora, es necesario propagarla."

Y, por fin, una confidencia decisiva aclara cualquier duda. En 1876, poco antes de fallecer, Santa Catalina, interrogada por su superiora, Sor Jeanne Dufs, acerca del Globo, que no figura en la Medalla, categóricamente respondió: "¡Oh, no se debe cambiar la Medalla Milagrosa!"

Medalla Milagrosa: primeros prodigios.

LAS MEDALLAS Milagrosas iniciaron su espléndido cortejo de prodigios durante la epidemia de cólera que hubo en Francia, en 1832. Siguen algunos ejemplos:

- En la escuela de la plaza de Louvre, la pequeña Caroline Nenain (ocho años), de la parroquia de Saint Germain Auxerrois, única en su clase que no llevaba la Medalla, es también la única alcanzada por el cólera. En el día siguiente al que recibiera con gran piedad la Medalla Milagrosa, la niña, curada, vuelve a la clase.

- En la diócesis de Meaux, una señora alcanzada por el cólera, ya desahuciada, y en vísperas de dar a luz, recibe una Medalla Milagrosa: nace una bella y saludable niña, y su madre se ve totalmente curada.

- A punto de fallecer, un militar de Alenòn respondía con blasfemias e insultos a todos los incitamientos a la conversión que le dirigían el capellán y las religiosas: "A vuestro Dios no le gustan los franceses: decís que El es bueno y me ama, pero si así fuese ¿cómo me dejaría sufrir de este modo? No necesito vuestros consejos, ni de vuestros sermones."

A medida que se aproximaba la muerte, se multiplicaban las imprecaciones. Cuando nadie ya esperaba su conversión, seis días después de que una monja le hubiese prendido en el lecho, sin que él se diera cuenta, una Medalla Milagrosa, el militar declara: "No quiero morir en el estado en que me encuentro; pidan al sacerdote que haga el favor de oírme en confesión."

En medio de terribles tormentos, murió con serenidad afirmando: "Lo que me causa pesar es haber amado tan tarde, y no amar mucho más."

La Virgen y el Globo

UNA PALABRA conviene decir acerca de aquello que fue Santa Catalina, conforme a ella misma declaró , el tormento y el martirio de su vida.

La Santísima Virgen llevaba en las manos un globo, y a pesar de la insistencia de Santa Catalina junto al P. Aladel y a sus siguientes confesores, ninguna imagen la representa así.

Fue sólo en el año de su muerte, 1876, que Santa Catalina contempló - sin esconder su decepción - la primera imagen representando a María Santísima como Ella de hecho apareció; sin embargo, incluso así, sin los rayos que de sus virginalísimas manos salían: "Nuestra Señora - exclamó Santa Catalina - era mucho más bella que esto... " ¿Qué diría Santa Catalina si hubiese visto la posterior imagen, que ahora se encuentra en la capilla de las Apariciones, por cierto tan modernizada?...

La imagen de Nuestra Señora con el Globo conduce a la idea de un dominio, un poder, un señorío y una autoridad sobrenaturales sobre el mundo, exactamente como San Luis María Grignion de Montfort aspirada y profetizaba para los últimos tiempos: era una en que la Reina de los Corazones debe brillar como jamás brilló en misericordia, en fuerza y en gracia, o sea, un Reinado de María sobre todo el Universo.

A lo largo de su casi medio siglo de vida religiosa, Santa Catalina tanto deseó la ejecución de esa imagen, y de un altar donde la Santa Madre de Dios, así representada, debería ser especialmente venerada, que a este propósito dejó diversos manuscritos de gran significado, entre los cuales seleccionamos dos. Uno de ellos, probablemente de 1841, así reza: "Ahora, en estos dos últimos años, me siento atormentada y presionada a deciros que se elevado, como he pedido, un altar a la Santísima Virgen en el mismo lugar en que Ella apareció."

En otro manuscrito, sin fecha, Santa Catalina declara:

"La imagen debe ser de tamaño natural, con un velo sobre la cabeza, descendiendo hasta abajo; debe tener el rostro descubierto, y en las manos, elevadas a la altura de la cintura, un globo de oro, como si Ella lo ofreciese a Dios. Los dedos deben estar guarnecidos de piedras preciosas, de los que salgan en su mayor parte rayos que bajan hasta los pies, cubriendo todo abajo.

"Estas líneas deben ser colocadas debajo de la columna: 'Hija mía, este globo representa al mundo entero, especialmente Francia, y cada persona en particular. Estas piedras, de donde no sale nada, son las gracias que los hombres olvidan de pedirme'."

Enseguida, y confiriendo una luz más esplendorosamente profética a la misión que Nuestra Señora en 1830 le concediera, una exclamación textual de Santa Catalina suena como un toque precursor del Reino de María: "¡Oh!, cómo será bello oír decir: María es la Reina del Universo, particularmente de Francia. Y los hijos, con transbordes de alegría, gritarán: ¡Y de cada persona en particular! Este será un tiempo de paz, de alegría y de felicidad, que será largo. La Santísima Virgen será portada en estandarte, y dará la vuelta alrededor del mundo."

Perspectiva del Reino de María

El 31 de diciembre de 1876, muere Santa Catalina Labouré.

Las apariciones de Nuestra Señora de las Gracias (o de la Medalla Milagrosa), como las sucesivas de La Salette, Lourdes y Fátima, abren una espléndida perspectiva Marial para el futuro, a pesar de los horrores en medio de los cuales nos encontramos. A propósito de esto, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, conocido
líder católico, hombre de pensamiento y de acción del Brasil, fallecido en 1995, comentaba: "Más allá de la tristeza y de los castigos supremamente probables hacia los cuales caminamos, tenemos delante de nosotros las claridades sacrales de la aurora del Reino de María: 'Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará'. Es una perspectiva grandiosa de la victoria universal del Corazón regio y maternal de la Santísima Virgen. Es una promesa apaciguadora, atrayente y sobre todo, majestuosa y entusiasmante" (Catolicismo, mayo de 1967).

Sí, el Reino de María del cual nos habla San Luis María Grignon de Montfort, y al cual se refería Nuestra Señora de Fátima, tras los castigos me predijo. También fue antevisto por Santa Catalina Labouré, en 1876, un mes antes de subir a los Cielos: "Vendrán grandes catástrofes (...) la sangre chorreará por las calles. Por un momento se creerá todo perdido. Pero todo será ganado. La Santísima Virgen es quien nos salvará. Si, cuando esta Virgen, ofreciendo el mundo al Padre Eterno, sea honrada, tendremos la paz".

OBRAS CONSULTADAS
- "El Libro de la Confianza", P. Thomas de Saint Laurent, Editorial Fernando III El Santo, Lagasca 127 - 1°dcha., Madrid.
- R. Laurentin, "Vie de Catherine Labouré - Récit", Desclée, París, 1980.
- R. Laurentin, "Vie de Catherine Labouré - Preuves", Desclée, París, 1980.
- R. Laurentin, "Catherine Labouré et la Médaille Miraculeuse - Procs de Catherine", Lethielleux, París, 1979.
- Plinio Corrêa de Oliveira, "Revolución y Contra-Revolución", Diario das Leis, São Paulo, 2° Edición, 1982.
- San Luis María Grignion de Montfort, "Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen", Vozes, Petrópolis, 1971.
- Juan Bautista Weiss, "Historia Universal", volúmenes 20 y 24, Tipografía de la Educación, Barcelona, 1933.
- "La Medalla Milagrosa - su origen, historia, difusión y resultados", edición revisada y aumentada a la del P. Aladel, por un religioso de la Congregación de la Misión, Imprenta Comercial, Porto Alegre, 1884.

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