Nuestra
Señora del Buen Aire
(Madonna di Bonaria)
La
advocación de Nuestra Señora del Buen Aire
tiene su origen en la isla de Cerdeña y data de 1370.
En 1218, el caballero español don Pedro de Nolasco
nacido en Barcelona en 1189 (hoy santo), fundó por
indicación de la Santa Virgen María, la Orden
de la Merced, para redimir cautivos de los sarracenos.
En 1323 los aragoneses desembarcan en Cerdeña, en
un punto próximo a Cagliari, conocido como la colina
del Buen Aire y conquistan la isla. En señal de gratitud,
construyen allí una iglesia que donan a la orden
mercedaria.
El beato fray Carlo Catalano, noble de Cagliari y fundador
del convento de la Merced, hizo por entonces una profecía:
un hecho prodigioso habría de acontecer en las costas
de la gran isla después de su muerte.
El 25 de marzo de 1370 un buque cargado de mercancías
navegaba en plena calma cuando, repentinamente, se desató
una poderosa tempestad. Fue tal el grado de peligro, que
el capitán ordenó arrojar la carga al mar,
pensando que aligerando las bodegas, lograría estabilizar
a la embarcación.
Todo fue a dar a las embravecidas aguas, incluyendo una
gran caja de madera cuyo contenido era ignorado por la gente
de a bordo.}
Ni bien la caja tocó el mar, la tormenta cesó.
La tripulación del buque no daba crédito a
lo que sucedía, mucho menos cuando se percató
que de todos los bultos arrojados, solo la caja semantenía
a flote.
Se intentó recuperarla, para lo cual el capitán
ordenó aproximarse pero al hacerlo, la caja comenzó
a alejarse hacia la costa sarda. El barco la siguió
hasta que, repentinamente, aquella se detuvo frente a la
colina del Buen Aire. Marineros, pescadores y curiosos trataron
de apoderarse de ella para llevarla hasta las playas pero
al intentarlo, la caja volvió a alejarse mar adentro
y se perdió de vista.
Unos días después, un niño que pasaba
por la costa descubrió la gran caja entre el follaje
y corrióhasta el convento mercedario a dar la noticia.
Dos frailes se apersonaron en el lugar y encontraron el
objeto, encallado entre los juncos.
Grande fue la sorpresa cuando al abrir la caja encontraron
en su interior una bella y celestial imagen de la Santa
Madre magníficamente ataviada, con el Niño
en su brazo izquierdo, una candela encendida en la diestra
y un paño manchado de sangre sobre la manga derecha
de su hábito, cubierta por un bello manto azul con
flores doradas, amén de una túnica rosa.
El niño, a su vez, portaba en su mano izquierda
un globo terráqueo en tanto bendecía a los
fieles con la derecha.
La imagen, tallada en madera de algarrobo, de 1,56 cms.,
fue llamada Virgen del Buen Aire, ya que ese era el nombre
de la colina que había elegido como morada.
Los frailes se preguntaron donde debían colocar
la sagrada imagen. Algunos opinaron que el lugar más
adecuado sería el Altar Mayor, pero este se hallaba
ocupado por la Virgen del Milagro; otros propusieron una
capilla lateral y allí la dejaron. Con gran estupor
a la mañana siguiente, los religiosos encontraron
a la Virgen del Buen Aire en el Altar Mayor y a la del Milagro
en la capilla lateral. Dos veces más volvieron a
cambiar las imágenes de lugar y por dos veces, las
hallaron cambiadas. Nadie osó volver a tocarlas.
Otro hecho prodigioso sucedió cuando una joven de
la ciudad depositó frente a la imagen de Nuestra
Señora una pequeña navecilla de marfil, sostenida
por un cordel, en señal de gratitud por una gracia.
Esa navecilla señalaría, a partir de entonces,
la dirección de los vientos y a ella acudirían
los navegantes antes de aventurarse a la mar.
Desde entonces es patrona de Cerdeña y de los navegantes
y en el lugar del milagro fue levantada una magnífica
basílica que hasta el día de hoy maravilla
a fieles y viajeros de todo el mundo.
La advocación fue traída a estas playas por
los padres mercedarios que llegaron con el adelantado don
Pedro de Mendoza en 1536. De allí surgió el
nombre impuesto al puerto recién fundado, nombre
que respetó don Juan de Garay cuando volvió
a erigir la ciudad en 1580.
En la actualidad, su imagen, donada hace medio siglo, se encuentra en la plaza
Cerdeña, frente a la Dirección Nacional de
Inmigraciones (Av. Antártida Argentina 1455), después
de haber permanecido olvidada e ignorada mucho tiempo.