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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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La Inmaculada Concepción
de Nuestra Señora

Durante siglos, la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora fue defendida por un gran número de santos, teólogos y fieles. Pero también existieron quienes la juzgaban improbable o incluso la negaban. El Beato Pío IX zanjó la cuestión al proclamar el dogma según el cual debemos creer, como verdad revelada por Dios, que Nuestra Señora fue preservada del Pecado Original desde su concepción.

“Roma locuta, causa finita”. Cuando Roma habla, se termina la discusión, dice el conocido proverbio.
Fue lo que ocurrió el día 8 de diciembre de 1854 uando el dogma de la Inmaculada Concepción fue proclamado por el Beato Pío IX, dando término, de modo admirable, a todo debate sobre el tema. En nuestros días, los católicos celebran la fiesta con tal naturalidad que resulta difícil imaginar las controversias suscitadas en el pasado.

¿Cuál era el problema lógico-teológico?

En consecuencia de la desobediencia de Adán, todos los hombres nacen con el Pecado Original. Pero gracias a los méritos de la Vida y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, el Bautismo nos limpia de ese pecado. Ahora bien, si Nuestra Señora fue concebida sin Pecado Original todo parecía indicar que, para Ella, no habría sido necesaria la venida de Nuestro Señor a fin de redimir los pecados, y por lo tanto Él no sería Redentor de Ella.
Dos concepciones en esa problemática chocan el espíritu católico. La primera consiste en pensar que Nuestra Señora pudiera tener alguna falta. La segunda, que Ela no tuviera necesidad de la venida de Nuestro Señor a la Tierra. ¿Cómo conciliar esas posiciones? Sobretodo, no se trata propiamente de conciliar, sino de saber cual es la realidad.
Encontramos la respuesta en la Bula “Ineffabilis Deus" del Beato Pío IX: “con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, con la de sus santos apóstoles

Pedro y Pablo, y con la Nuestra, declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelado por Dios, y, de consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano”. (1)
Todo quedó resuelto:

Inmaculada Concepción – Desconocido (siglo XVIII)

a) Nuestra Señora quedó inmune del Pecado Original;
b) ello se dio en previsión de los méritos de su Hijo;
por lo tanto Nuestro Señor también es Redentor de Ella. Formulación simple de la verdad revelada; pero cuya declaración como dogma llevó muchos siglos.
Dígase de pasada, tal dogma chocaba profundamente el espíritu esencialmente igualitario de la Revolución anticristiana, que desde 1789 reinaba despóticamente en Occidente. En efecto, la proclamación de que una criatura, por un privilegio divino, se elevaba sobre todas las otras, contradecía a quienes proclamaban la igualdad absoluta de todos los hombres como principio de todo orden, de toda justicia y de todo bien. (2)

El voto de sangre
En el siglo XVI, y sobre todo en el siglo XVII, el tema se hizo tan candente, que “en España se revelará imposible sustentar en el púlpito tales opiniones [contrarias a la Inmaculada], porque el pueblo reaccionará contra los predicadores con murmullos, clamores y hasta violencia”. A partir de 1617, en la Universidad de Granada, España, nació la costumbre de hacer el “votum sanguinis”, o sea, el voto de defender la Inmaculada Concepción hasta con la efusión de sangre, si necesario fuera. Tal juramento era exigido, incluso, en la misma esfera civil cuando se asumían determinados cargos públicos. (3)


Notas
1. Papa Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de Diciembre de 1854, nº 29.
2. Plinio Corrêa de Oliveira, Primer marco del resurgimiento contra-revolucionario, “Catolicismo”, febrero de 1958.
3. Nuovo Dizionario de Teología, a cura di Stefano de Fiores e Salvatore Meo, Tratado De Natura et Gratia, 42, PL 44, 267, Ed. Paolinas, 1986, Milán, p. 614.

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