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Como
Nuestra Señora
intercede por nosotros
El episodio bíblico de las bodas de Caná
nos muestra la forma en que María Santísima
pide por nosotros y como podemos obtener su intercesión
Nuestra Señora hace un pedido a Su Divino Hijo
y deja en Sus manos la solución
Se celebraban nupcias en Caná de Galilea.
Allí se encontraban Nuestro Señor y sus discípulos,
María Santísima. “Y como viniese a faltar
el vino, dijo a Jesús su Madre: No tienen vino. Respondióle
Jesús: ¿Mujer, qué nos va a Mí
y a ti? Aún no es llegada mi hora. Dijo su Madre a
los sirvientes: haced lo que os dijere” (Jn. 2, 3-5).
Los siervos llevaron unas tinajas de piedra a Nuestro Señor.
Él ordena que sean llenadas de agua y entregadas al
maestresala. Éste probó el agua y verifica que
se había transformado en un vino de excelente calidad.
“Así, en Caná de Galilea hizo Jesús
el primero de sus milagros, con que manifestó su gloria,
y sus discípulos creyeron en Él (Jn. 2, 11).
¿Qué pensar del hecho?
Nuestra Señora, aún cuando muchas veces no
le pidamos lo que nos falta, sabe lo que necesitamos y nos
lo obtiene de su divino Hijo.
Ella solo dice a Jesús: “No tienen vino”.
Dios todo lo conoce y si quisiese haría el milagro
sin necesidad de intercesión. Pero Él desea
que el pedido sea hecho. Y Nuestra Señora ruega. El
Evangelio nada esclarece al respecto, pero se percibe que
lo que mueve a Nuestro Señor no es una presentación
dramática del hecho, sino la humildad, dulzura, integridad
y confianza con que es hecho el pedido.
Notemos hasta que punto Dios nos quiere ayudar: Su primer
milagro fue un episodio, aflictivo sin duda, pero no algo
gravísimo. Por así decir, Nuestro Señor
de tal modo procura atender a los hombres, que, si fuera necesario,
Él opera un milagro para darles hasta lo superfluo.
Y en este caso, un superfluo de excelente calidad pues el
maestresala comentó que se trataba del mejor vino.
Colocarse en las manos de Dios
Curioso es que Jesús dice “Mujer, qué
nos va a Mí y a ti?”, o sea, deja claro que los
intereses de Dios y de Nuestra Señora son los mismos,
al punto de presentarlos unidos. En segundo lugar, Nuestro
Señor parece indicar una vacilación en acceder
al pedido, dando a entender que el milagro en ese momento
no estaba de acuerdo con los planes de Dios: “Aún
no es llegada mi hora”.
Por motivos de altísima sabiduría, Dios no consideraba
llegada la hora de hacer milagros públicos. En este
caso, podemos medir cuánto es grato al corazón
de Dios un pedido de Nuestra Señora: queda claro que
Nuestro Señor atendió el pedido porque intercedió
su Santísima Madre.
A continuación, Nuestra Señora nos da una lección
de humildad y obediencia: “Haced lo que os dijere”.
Ella no dice que hagan solo lo que es agradable o interesante,
sino todo lo que les ordenara. Es justamente esta incondicionalidad
lo que mueve a Dios. Es aceptar y hacer todo sin murmurar.
Nuestra Señora hace el pedido, pero Ella deja en las
manos de Dios la solución. Y Dios se deja conmover
por tal humildad. Así, reconocer nuestra inferioridad,
la distancia que va de nuestra corta inteligencia a la infinita
sabiduría de Dios, es colocarnos en sus manos de Dios,
sabiendo que lo que Él haga será siempre lo
mejor.
Mover el Corazón de María
Cuando le rogamos a María Santísima, debemos
comportarnos como Ella lo hizo delante de Dios, con confianza
y humildad.
Toda buena madre queda conmovida cuando oye un pedido sincero
de sus hijos, siempre que esté en la línea de
progresar en el camino del bien. Por lo tanto, ¿no
quedará Nuestra Señora todavía más
conmovida, Ella que es la Madre de todas las madres?
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