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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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Nuestra Señora de Aránzazu,
la Virgen vasca

Hacia fines del siglo XV, un pastor encontró entre los espinos de un valle a la imagen de Nuestra Señora de Aránzazu, la que “arranca las espinas y el pecado de nuestras vidas y nos da el gozo de la gracia de su divino Hijo”.

Corría el año 1469 cuando el joven pastor Rodrigo de Baltzátegui recorría las estribaciones de la montaña de Aloña, próxima a la villa de Oñate en las tierras de Guipúzcoa, procurando reunir sus ovejas.

Imagen original traida a San Fernando (Pcía. de Buenos Aires) desde las Vascongadas en 1984

Tú entre los espinos

En esas labores se encontraba cuando, repentinamente, reparó en un objeto claro que destacaba entre los espinos del valle y, al aproximarse, vio que se trataba de una imagen de Nuestra Señora, tallada en la blanca piedra de la región.

Sin dar crédito a lo que veía y sin poder contener su entusiasmo, Rodrigo exclamó: “¡Arantza Zu!, ¡Arantza Zu!”,expresión que en lengua vasca significa: “Tú entre los espinos!”.

La novedad recorrió los valles y las comarcas cercanas y poco después otras regiones de España comentaban el suceso.

El historiador español Esteban Garibay (1535-1599), bibliotecario y cronista de la corte de Felipe II, oriundo de las tierras vascas, dejó constancia del hecho en su monumental historia de España, dando cuenta que a poco de descubierta la imagen, el lugar del hallazgo comenzó a ser visitado por innumerables peregrinos y que tanto la fama como los milagros de la Virgen, se multiplicaron.

El santuario de Guipúzcoa

Edificado un santuario, no tardó en convertirse en meta de numerosas peregrinaciones que se siguen efectuando hasta el día de hoy.

San Ignacio de Loyola, nacido en tierras guipuzcoanas, visitó el lugar en 1522 antes de recibir las órdenes y comenzar su prédica. Otras personalidades ilustres se acercaron hasta el lugar, atraídos por los prodigios que allí se obraban.

Los monjes franciscanos edificaron una pequeña iglesia y en ella fue entronizada la imagen de la Virgen, para beneplácito de los habitantes del valle. Ese templo sufrió un incendio en 1553, que volvió a repetirse en 1560 y en 1834, este último de consecuencias devastadoras. En las tres oportunidades, los mismos fieles, devotos de la Virgen, reconstruyeron el santuario demostrando un celo y un cariño que se fue multiplicando con el paso de los años.

En 1818 Nuestra Señora de Aránzazu fue declarada patrona de Guipúzcoa y en 1952 comenzó la edificación de la basílica actual.

Imagen donada a la parroquia de San Fernando en 1902 por Da. Petrona Vázquez de Vela

En la Argentina

Sin embargo, ya antes, desde 1802, ejercía su protectorado sobre el antiguo caserío del Alto de Punta Gorda (hoy San Fernando), al norte de la ciudad de Buenos Aires, poblado mayoritariamente por vascos y navarros.

Ese año, la Virgen guipuzcoana fue entronizada en el altar de la pequeña capilla construida por el presbítero Manuel Saturnino de San Ginés, hijo de vascos y devoto de la Virgen. Desde entonces protege y vela por esa población que la eligió patrona.
Hoy una hermosa iglesia se levanta en el mismo sitio y desde allí la Santa Madre cubre con su manto a un pueblo que la reverencia.
En 1810, en la localidad entrerriana de Victoria, Salvador Ezpeleta hizo en honor de Nuestra Señora de Aránzazu un oratorio, hoy transformado en una magnífica iglesia, siendo ella y la de San Fernando las únicas dos de todo el territorio argentino que se hallan bajo su advocación.

El 9 de septiembre se celebra la fiesta en honor de Nuestra Señora de Aránzazu. Ese día, pueblos hermanos de España y América se inclinan a sus pies para exclamar con esperanza y alegría:

Santa María de Aránzazu,
Poderosa Reina de los cielos.
Arranca las espinas
de nuestras vidas;
aleja el pecado de las mismas;
danos el gozo de la gracia
de tu Hijo.
Así sea.

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