El Escapulario del Carmen
Los
orígenes de la Orden del Carmen se remontan al Antiguo
Testamento, a los Profetas Elías y Eliseo, a sus continuadores
los esenios y, en la era cristiana, a los ermitaños
que poblaron el Monte Carmelo.
De
mano de los Cruzados, la Orden del Carmen se
difundió por Europa. Fue en Inglaterra, en el año
1251, donde la Santísima Virgen se apareció
a San Simón Stock, a quien entregó el Escapulario
como prenda de
protección para la Orden y promesa de salvación
para quienes muriesen con él
La Virgen María entrega el Escapulario
Simón
nació en el año 1165 en el castillo de Hadford,
condado de Kent.
Después de haber vivido cerca de veinte años
en soledad, la Virgen María le reveló que quería
que se uniera a ciertos monjes que vendrían del Monte
Carmelo, lo que hizo unos años más tarde.
Como Vicario General de todas las provincias europeas, San
Simón tuvo que enfrentar una verdadera tormenta contra
los carmelitas, suscitada por el demonio a través de
hombres tenidos como celosos de las leyes de la Iglesia, quienes
a toda costa querían suprimir la Orden.
Cuando todo parecía perdido, carente de auxilio humano
y con el corazón inundado de amargura, San Simón
recurrió a la Virgen pidiéndole que fuese propicia
para con su Orden tan probada y le diese una señal
de alianza.
En la mañana del 16 de Julio de 1251 suplicaba con
mayor empeño a la Madre del Carmelo su protección,
recitando la bella oración Flos Carmeli por él
compuesta.
De repente, “la Virgen se me apareció con un
gran cortejo y teniendo en la mano el hábito de la
Orden, me dijo:
“Recibe, hijo dilectísimo, este Escapulario de
tu Orden como señal distintiva y marca del privilegio
que yo obtuve para ti y para todos los hijos del Carmelo;
es una señal de salvación, una salvaguardia
en los peligros, alianza de paz y de protección sempiterna.
Quien muera revestido con él será preservado
del fuego eterno”.1
Esa gracia especialísima fue inmediatamente difundida
en los lugares donde los carmelitas estaban establecidos y
autenticada por muchos milagros, lo que hizo callar a los
adversarios de la Orden que, desde entonces, se multiplicó
prodigiosamente.
La
Gran Promesa
Cuando la Santísima Virgen prometió que quien
muera con el Escapulario será preservado del fuego
del infierno, evidentemente no pudo haber querido decir que
quien muera en estado de pecado mortal vaya a salvarse.
La Iglesia entiende, lógicamente, que la persona que
muere con el Escapulario recibirá de la Virgen María,
a la hora de la muerte, la gracia de la perseverancia en el
estado de justicia si está en él o, en caso
contrario, la gracia de la conversión y de la perseverancia
final.
Fue lo que llevó al Papa Pío XI a afirmar que
“aquellos que la desean tener como auxiliar en la hora
de la muerte tienen que merecer, en vida, un tan señalado
favor, absteniéndose de pecar y trabajando por su honra”.2
El
Privilegio Sabatino
María Santísima se apareció al que sería
el Papa Juan XXII, entonces cardenal en Avignon, Francia,
y le prometió una especial asistencia para los que
llevasen el Escapulario del Carmen diciendo que los libraría
del Purgatorio el primer Sábado después de su
muerte.
Esta segunda promesa es conocida como “Privilegio Sabatino”
y fue promulgada por dicho Papa en la Bula “Sacaratíssimi
uti culmine” del 3 de Marzo de 1322 y confirmada por
varios de sus sucesores con su suprema autoridad
Para gozar de estos privilegios es necesario que el Escapulario
sea impuesto por un sacerdote.3
Notas
1.“Les Petits Bollandistes”, "Vie de Saints",
Bloud et Barral ed., 1882, t. V. P. 588.
2.Carta de Pío XI en el 6to. Centenario del Privilegio
Sabatino, in E. P. Magennis, "The Sabbatine Privilegue
of the Scapular", NY, 1923.
3.Otros pormenores pueden leerse en "El Escapulario de
la Virgen de Nuestra Señora del Carmen-La gran promesa
de salvación", Plinio María Solimeo, Ed.
Stella Matutina, Buenos Aires, 2001.
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