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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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La muerte de la Hermana Lucía:
Luto y Esperanza

La noticia del fallecimiento de la Hermana Lucía causó una profunda emoción en los devotos de Nuestra Señora de Fátima en todo el mundo. Era la última de los videntes de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima, Portugal, en 1917, el más destacado hecho sobrenatural del siglo XX y uno de los más importantes eventos en la historia de la Iglesia.

Junto con sus primos Jacinta y Francisco, Lucía, con tan sólo 10 años, fue elegida por Nuestra Señora para recibir trascendentes mensajes y comunicarlos al mundo. La Virgen María explicó a los pastorcitos las razones de la crisis moral contemporánea y advirtió a la humanidad que cesara de ofender a Dios e hiciera penitencia por sus pecados. Más aún, predijo una serie de catástrofes si su mensaje no fuera oído.

Desde todo punto de vista, por la naturaleza de su contenido como también por la dignidad de la Mensajera, las revelaciones de Fátima sobrepasan todo aquello que la Santísima Virgen reveló a los hombres sobre la inminencia de las grandes tormentas de la historia.

El status privilegiado de la Hermana Lucía como eco de Nuestra Señora fue claro en la segunda aparición de Fátima en Junio de 1917, cuando la Santísima Madre le dijo que iba a quedar en el mundo porque “Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. Él quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón.”

En Julio de 1917, Nuestra Señora transmitió a Lucía y a sus primos un secreto compuesto de tres partes, el cual consistió en la visión del Infierno, importantes mensajes para el Papa y revelaciones sobre futuros eventos. La Santísima Virgen predijo la venida de la Segunda Guerra Mundial y que Rusia Comunista expandiría sus errores por el mundo. Advirtió además que si la humanidad no dejaba de ofender a Dios, un terrible castigo vendría y varias naciones serían aniquiladas.

La gran responsabilidad de difundir la maternal advertencia de Nuestra Señora al mundo pesó sobre los hombros de la Hermana Lucía, particularmente después de la muerte de sus primos. El período después de las apariciones de Nuestra Señora hasta su entrada en el convento de las Hermanas Doroteas en 1928 fue de gran sufrimiento para la Hermana Lucía. En 1946 decidió ingresar en el convento carmelita de Coimbra, Portugal.

En su larga vida, la Hermana Lucía siempre conservó las palabras de Nuestra Señora en su corazón. La figura de Nuestra Señora estuvo siempre presente en su mente y continuamente afirmaba que ninguna imagen era capaz de reflejar la belleza de la Virgen.

La muerte de la Hermana Lucía nos invita a una actitud de luto y esperanza, y a renovar la resolución de vivir y difundir el Mensaje de la Virgen. Mensaje que es la llave para resolver la gran crisis de un mundo que sufre terriblemente por haber cerrado sus oídos al urgente llamado a la conversión hecho por María Santísima ya en 1917.

Fátima contiene también una animadora esperanza. Nuestra Señora anunció no solo una victoria sino un resonante triunfo: “¡Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará!”

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