90º aniversario de las apariciones de Fátima
¡No endurezcamos nuestros
corazones a la voz de Nuestra Señora!
En el 90º aniversario de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima, Portugal, una vez más resuena en nuestros corazones su maternal exhortación a dejar de ofender a Dios y rezar el rosario todos los días como medio para encontrar el camino de la verdadera paz. Programa más actual que nunca cuando hoy las naciones, a espaldas de Dios, buscan inútilmente rumbo seguro para vencer la confusión en la que están sumergidas (1)
 |
Jornada por la vida. 13 de Enero de 2007. Vigilia de adoración al Santísimo Sacramento en la Basílica de Fátima, Portugal |
Hacia fines de 1917 en los campos de batalla de Europa la lucha estaba encendida y los cañones alemanes tronaban no muy lejos de París...
Eran los embates de la Primera Guerra Mundial que continuaban aunque para los observadores militares de alto nivel ya no había duda sobre su desenlace. En los bastidores, se oía el rumor de las conversaciones entre financistas, sociólogos y políticos de todos los colores sobre cómo se reorganizaría el mundo de la post-guerra.
Ese rumor tenía importancia real pues el futuro ya no residía en las ametralladoras sino en las conversaciones de los asesores, abogados y técnicos.
Uno de los hechos más importantes de la Historia
Ahora bien, cuando recién comenzaba a delinearse tímidamente el bosquejo de ese mundo nuevo, ocurrió uno de los hechos más importantes de la historia contemporánea.
Aún en nuestros días, unos por falta de Fe y otros por falta de valentía no deciden incorporar ese hecho al análisis de la historia actual.
Sin embargo, los más graves motivos sobre los que pueda apoyarse la inteligencia humana nos garantizan que Nuestra Señora bajó del Cielo a la Tierra en 1917 para manifestar a tres pequeños pastores las verdaderas condiciones y los fundamentos indispensables para reorganizar al mundo. De oír ese mensaje, la humanidad encontraría la paz. Ignorándolo, la paz que se establecería después de la Primera Guerra sería falsa y el mundo se sumergiría en una nueva guerra.
Fue lo que sucedió. Y al término de la Segunda Guerra Mundial, una vez más, los políticos y especialistas buscaron un nuevo orden a espaldas de Dios.
Ahí están los resultados. No es necesario ahondar en la situación en que hoy nos encontramos, con una sociedad convulsionada, envuelta por así decir en guerras internas por el vertiginoso aumento de la delincuencia, las contiendas internacionales y la amenaza del terrorismo, para no hablar de la desintegración del orden moral con la diseminación de leyes que socavan y destruyen la sagrada institución de la familia.
Es sumamente oportuno, entonces, que en este 90º aniversario de las apariciones recordemos las advertencias y las promesas de Nuestra Señora en Fátima.
Veracidad de las apariciones
Respecto a la veracidad de las apariciones no puede haber duda alguna.
Hasta podríamos hacer un test pidiendo a varios niños por separado que, a título de creatividad, hicieran una composición literaria sobre una aparición de la Virgen María, describiendo su semblante, su traje, sus expresiones fisonómicas, sus gestos y sus palabras...
¿Qué obtendríamos?
Por más inocentes y creativos que fueran esos niños, ciertamente no referirían lo que encontramos en las descripciones de Lucía, Francisco y Jacinta quienes en la época de las apariciones tenían 10, 9 y 7 años de edad respectivamente. Su nivel de instrucción era incomparablemente inferior al de los niños de una ciudad. Jamás habían visto libros con figuras representando reinas o damas de Corte de tiempos antiguos. No tenían otras ideas sobre la belleza, la combinación de colores, la elegancia, la distinción sino únicamente por lo que veían a su alrededor en la pequeña aldea de Aljustrel, parroquia de Fátima. Sin embargo, Nuestra Señora se les aparece y ellos la describen con suficientes pormenores como para percibir que era una figura de sublime belleza, vestida con majestad y al mismo tiempo con simplicidad.
Señora, por lo demás, tan diferente a todo cuanto ellos conocían en materia de imágenes que no supieron que fuera la Virgen María y ni siquiera una Santa. Solo lo supieron cuando Ella les dijo “Soy del Cielo”.
La Virgen les dijo cosas muy elevadas. Les habló de la guerra, del Papa (que Jacinta, la menor, ni siquiera sabía que existía), de Rusia (en un primer momento imaginaron que era una señora...) , les habló de persecuciones a la Iglesia.... en fin, podríamos resumir diciendo que les habló de política mundial y sociología. ¡Y los niños repitieron el mensaje con una fidelidad extraordinaria!
El contenido del mensaje
Consideremos ahora sumariamente el mensaje. Ante todo, observemos que está completamente de acuerdo a la doctrina de la Santa Iglesia. Todas, absolutamente todas las palabras de la Señora al tratar de problemas sumamente complejos son de una total ortodoxia. Ni un solo error doctrinal. Evidentemente todo ello no podría haber sido un invento de los pequeños pastores.
Pero hay más. El mensaje sobrevino precisamente en el momento crucial en que se preparaba la post-guerra y, sin tomar en cuenta las aparatosas manifestaciones de patriotismo y de cientificismo de los “técnicos”; colocó las cosas con gran sencillez en sus únicos y fundamentales términos. La guerra, explicó la Virgen, había sido un castigo por la impiedad, por la impureza de las costumbres, por el hábito de los hombres de no santificar los domingos y días santos.
Si el mundo dejara de ofender a Dios, todo lo demás se resolvería. Si el mundo continuara ofendiendo a Dios, nada podría resolverse... Y si el mundo no oyera la voz de la Señora, si no respetara esos principios, vendría una nueva conflagración, precedida de un fenómeno celestial extraordinario, mucho más terrible que la primera.
El mundo hizo oídos sordos a Fátima
Terminada la Segunda Guerra Mundial, se reunieron nuevamente los políticos y los técnicos –hoy los reyes de la tierra junto con los banqueros– “et convenerunt in unum adversus Dominus”. Construyeron una paz sin Cristo, contra Cristo y el mundo fue hundiéndose cada vez más en el pecado, desoyendo las advertencias de la Virgen en Fátima.
Los milagros, las curas, las conversiones se multiplicaron en Fátima. Sin embargo, unos se permitieron dudar sin siquiera profundizar el tema. Otros negaron los hechos sin examinarlos seriamente. Otros creyeron pero no tuvieron valentía de decirlo. La voz de Nuestra Señora no se oyó. Pasaron los años y el día menos pensado se vieron señales extrañas en el Cielo... era una aurora boreal de la que dieron noticia todas las agencias de la época. Desde su convento, la Hermana Lucía escribió al Obispo de Leiría diciéndole que esa era la señal que anunciaba para breve la guerra prevista por Nuestra Señora.
La guerra vino aún más terrible que la primera y nuevamente los “técnicos” decidieron organizar el mundo sin Dios, desoyendo las advertencias y exhortaciones de María.
Desde entonces a nuestros días, el mundo no hizo sino apartarse de Dios. De allí que el Papa Juan Pablo II haya afirmado en el mismo santuario de Fátima, el 13 de mayo de 1982, que el mensaje de Nuestra Señora es hoy “más actual que hace sesenta y cinco años. Y hasta más urgente”...2
 |
“Ud adveniat regnum tuum, adveniat regnum Mariæ”. (Que venga el Reino de María para que así venga vuestro Reino, o sea, el Reino de Jesucristo). |
Certeza en el triunfo del Inmaculado Corazón de María
“Si vocem ejus hodie audieritis, nolite obdurare corda vestra” – “si hoy oyeras Su voz, no endurezcáis vuestros corazones” dicen las Escrituras.
Al inscribir la fiesta de Nuestra Señora de Fátima en el calendario litúrgico, la Santa Iglesia proclama la perennidad del mensaje dado al mundo por medio de los tres pequeños pastores.
Hoy, cuando una vez más la voz de Fátima llega hasta nosotros, no endurezcamos nuestros corazones si realmente queremos alcanzar el camino de la verdadera y ansiada paz.
Una de las profecías de Fátima aún no se cumplió: “Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará”.
¿Cuándo será? No lo sabemos. El futuro pertenece a Dios. Recemos y actuemos con perseverancia y coherencia para que, en su misericordia, María Santísima anticipe ese gran triunfo que Ella misma anunció.
Se trata del Reino de María, el cual, según San Luis María Grignion de Montfor –el célebre misionero francés del siglo XVIII– es el modo más adecuado para instaurar en la tierra el Reinado de Nuestro Señor Jesucristo.
Notas
1- Este artículo constituye una adaptación del escrito por el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira para el semanario “Legionário”, San Pablo, Brasil, del 14 de mayo de 1944.
2- Insegnamenti di Giovanni Paolo II, Libreria Editrice Vaticana, 1982, vol. V, 2, p. 1575.
|