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Consejos
de un Santo para
educar a un hijo (I)
Oigamos
a San Alfonso María de Ligório (1696-1787), Doctor de la Iglesia,
que nos da sabios consejos sobre la educación y los deberes
de los padres con relación a la formación cristiana de sus
hijos.
Así
se expresaba el Santo:
Es
cierto que la buena o mala conducta de los hijos proviene,
la mayoría de las veces, de la buena o mala educación que
reciben de sus padres.
Dios
instituyó el matrimonio para que los hijos, guiados y formados
por sus padres, Lo conozcan, Lo sirvan y se salven. Si no
fuera así, permanecerían entregados a sí mismos, no teniendo
nadie que los educara sobre qué deben hacer; nadie para advertirlos
cuando cometieran un error o aún para imponerles una justa
penitencia si fueran negligentes en corregirse a sí mismos.
Existen
padres que parecen no preocuparse con el hecho de que sus
hijos sean buenos o malos, estén en el camino de la salvación
o de la condenación. Actuando así, los padres son normalmente
causa de la mala vida de sus hijos, y deberán prestar cuentas
a Dios por ello, pues, como decía Orígenes, "Ciertos padres,
temiendo entristecer a sus hijos con represiones o puniciones,
son la causa de su perdición".
A esos
padres les preguntaría: si un padre, viendo caer a su hijo
en un río, lo dejara ahogarse para no sujetarlo de los pelos
y no causarle un ligero dolor momentáneo, ¿no estaría practicando
un acto de crueldad? Pues bien, constituye una crueldad aún
mayor dejar de reprender o incluso de castigar a un hijo vicioso
por miedo a causarle algún dolor.
Cuando
las buenas palabras y las reprimendas no fueran suficientes,
es necesario, con la debida prudencia, recurrir a los castigos,
y no esperar a que los hijos crezcan puesto que, después de
llegar a cierta edad, será imposible corregirlos.
Pero
se debe castigar a los hijos con moderación y no con exaltación,
como hacen ciertos padres. Es necesario comenzar advirtiendo;
enseguida, amenazar; por fin llegar al castigo. Hacerlo con
cautela, sin insultos, sin palabras que hieran. Muchas veces
bastará solamente privar al culpable de una salida, no darle
su plato favorito o no dejarle usar la ropa que más le guste.
La
regla es nunca castigar a un hijo en un momento de exasperación;
ante todo, es necesario calmarse.
San
Alfonso María de Ligorio, Obras Completas-Obras Ascéticas,
Ed. Casterman, Tournai, 1877, 2da. Ed., t. XVI, pp. 474-480.
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