CRSR
CRSR
Busque en nuestros contenidos

Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
> Lea más

 
 
Deberes de los hijos en
relación con los padres

De San Alfonso María de Ligorio (1696-1787):

Honrar al padre y a la madre —Este Mandamiento tiene como objeto principal los deberes de los hijos en relación con los padres, pero abarca también los deberes de los padres con los hijos, los deberes recíprocos de superiores e inferiores, del marido y la mujer.

Un hijo debe a sus padres amor, respeto y obediencia.
¿Cómo se peca contra el amor que se debe a los padres?
Comete pecado grave quien desea el mal a su padre o a su madre en materia grave. Peca hasta doblemente: contra la caridad y contra la piedad filial.

Peca quien habla mal de los padres. Comete entonces tres pecados: uno contra la caridad, otro contra la piedad filial y otro contra la justicia.

Peca quien no socorre a los padres en sus necesidades, sean temporales o espirituales. Así, cuando un padre está peligrosamente enfermo, el hijo está obligado a advertirlo e inducirlo a recibir los Sacramentos. Cuando el padre o la madre tienen una grave necesidad, el hijo está obligado a sustentarlos. Ayudad a vuestro padre en su vejez, nos dice elEspíritu Santo: “Fili, suscipe senectam patris tui (Ecli. III, 14)”. Nuestros padres nos alimentaron en nuestra infancia; es justo que nosotros los alimentemos en su vejez.

Ejemplo de piedad filial

Había en Japón, en 1604, tres hermanos que, no encontrando un medio para sustentar a su madre, recurrieron a una estratagema.

Uno de ellos consintió en ser entregado a la Justicia haciéndose pasar como ladrón, pues de ese modo obtendrían una recompensa prometida por el Emperador y podrían socorrer a su madre.

Fue conducido a la prisión y condenado a muerte. Pero los carceleros avisaron al Juez que los acusadores y el acusado, al despedirse, se abrazaban vertiendo lágrimas.

Aquél ordenó vigilar a los dos jóvenes y se verificó que, al llegar a su casa, la madre declaró que prefería morir ella misma a permitir que su hijo muriese por su causa. "Restituyan el dinero y devuélvanme a mi hijo".
El Juez dio conocimiento de lo sucedido al Emperador, quien, conmovido, concedió una importante pensión a los tres generosos hermanos.
Así, Dios los recompensó por el amor que habían testimoniado a su madre.


San Alfonso María de Ligorio, Oeuvres Complètes—Oeuvres Ascétiques, Casterman, Tournai, 1877, 2da. ed., t XVI, pp. 463 a 470

Los contenidos son marca registrada © 1991 - 2010 de la Fundación Argentina del Mañana
diseño web:
::..