Consejos
de un Santo para
educar a un hijo- Parte II
Así
escribía San Alfonso María de Ligorio:
"Los
padres pecan si no enseñan a sus hijos las cosas de la Fé y de la
salvación.
No deben
imitar a ciertos padres y madres que no cumplen ese deber por el
afán de mantener ocupados a sus hijos en otras cosas. La consecuencia
es que los desdichados no saben confesarse, no conocen las principales
verdades de la Fé, ignoran lo que es la Santísima Trinidad, la Encarnación
de Jesucristo, el pecado mortal, el juicio, el infierno, el paraíso
la eternidad. Muchas veces esa ignorancia es causa de condenación
y sus padres deberán prestar cuentas a Dios por ello.
También
es deber de los padres vigilar la conducta de los hijos, conocer
los lugares y las personas que frecuentan.
Los
padres también pecan si no cuidan que sus hijos reciban los Sacramentos,
observen las Fiestas y los otros preceptos de la Iglesia.
Pecan
doblemente, si les causan escándalo al proferir delante de sus hijos
blasfemias, obscenidades, u otras palabras culposas, o haciendo
delante de ellos alguna mala acción.
Los
padres están obligados a dar buenos ejemplos a los hijos.
¿Como
podrían los jóvenes tener una buena conducta, cuando ven con frecuencia
que sus padres blasfeman, maldicen, injurian al prójimo, profieren
ofensas, hablan de venganzas, de obscenidades, y repiten ciertas
máximas pestíferas como: 'No es necesario preocuparse tanto; Dios
es misericordioso, Él tolera ciertos pecados'?
Santo
Tomás dice que, de alguna manera, tales padres obligan a pecar a
sus hijos.
Hay
padres que se lamentan de tener malos hijos; Jesucristo dice: ¿Alguna
vez crecieron uvas de espinas? ¿Cómo pueden los hijos ser buenos
si tienen malos padres? Sería necesario un milagro.
También
es verdad que a veces los padres que dan un mal ejemplo no corrigen
a sus hijos aún cuando saben que pecan por no corregirlos.
Santo
Tomás dice que, en este caso, un padre debe, por lo menos, pedir
a su hijo que no siga el mal ejemplo que le da.
Cuando
los padres dan mal ejemplo, digo yo por mi cuenta, no puede esperarse
ningún fruto ni de las advertencias, ni de las oraciones ni de
los castigos."
San
Alfonso María de Ligorio, Oeuvres Complètes - Oeuvres Ascétiques,
Casterman Tournai, 1877, 2a. ed., t. XVI, pp. 474-480.
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