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Educación
de la prole:
misión dada por Dios a la familia
El derecho de la familia a educar a los hijos, enseña Pío
XI en la Encíclica Divini Illus Magistri, es anterior a cualquier
derecho de la sociedad civil y del Estado, y por lo mismo inviolable
por parte de toda potestad terrena.

“Dice el Doctor Angélico: El padre
carnal participa singularmente de la razón de principio,
la que de un modo universal se encuentra en Dios... El padre
es principio de la generación, educación, disciplina
y de todo cuanto se refiere al perfeccionamiento de la vida
(Sum. Theol. 2-2, q 102, a.1)
“La familia, pues, tiene inmediatamente
del Creador la misión, y por tanto, el derecho de educar
a la prole, derecho inalienable por estar inseparablemente
unido con la estricta obligación, derecho anterior
a cualquier derecho de la sociedad civil y del Estado, y por
lo mismo inviolable por parte de toda potestad terrena.
“Acerca de la inviolabilidad de este derecho
da la razón el Angélico. En efecto, dice, el
hijo naturalmente es algo del padre... así, pues, sería
contrario al derecho natural queel hijo, antes del uso de
la razón, fuese sustraído al cuidado de los
padres o de alguna manera se dispusiese de él contra
su voluntad (Sum. Theol. 2-2, q. 10, a. 12), y como la obligación
de cuidado por parte de los padres continúa hasta que
la prole esté en condición de proveerse a sí
misma, perdura también el mismo inviolable derecho
educativo de los padres.
Porque la naturaleza no pretende solamente la
generación de la prole, sino también su desarrollo
y progreso hasta el perfecto estado del hombre en cuanto es
hombre, o sea, el estado de virtud, dice el mismo Santo Tomás
(Suppl. 3, q. 41, a. 1.)
“Por esto los padres están gravísimamente
obligados a procurar con todo empeño la educación
ya religiosa y moral, ya física y temporal de la misma
prole. (Pío XI, Divini Illus Magistri, 31 a 34).
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