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El
Sacramento del Matrimonio
En
la Encíclica Arcanum Divinae Sapientiae, el Papa León
XIII recordó que los deberes del estado matrimonial son
graves y numerosos, es verdad, pero por la virtud del Sacramento
se vuelven soportables y hasta agradables.
Búsqueda
de la santidad en el matrimonio
"Como
emanado del magisterio apostólico, ha de tenerse todo aquello
que Nuestros Santos Padres, los Concilios y la tradición
de la Iglesia universal ha enseñado siempre (Concilio de
Trento, ses. 24), a saber, que Cristo Nuestro Señor elevó
el matrimonio a la dignidad de Sacramento; que al mismo tiempo
hizo que los cónyuges, ayudados y fortalecidos por la gracia
celestial que los méritos de Aquel consiguieron, alcanzasen
la santidad en el mismo matrimonio; y que por medio de éste,
admirablemente dispuesto a semejanza de su mística unión
con la Iglesia, perfeccionó el amor natural y robusteció
con el vínculo de la caridad divina la unión de
suyo indisoluble, entre el marido y la mujer.
Amor
y unión entre los esposos
"Vosotros,
maridos, dice San Pablo a los Efesios, amad a vuestras, mujeres
como Cristo amó también a la Iglesia, y se entregó
a sí mismo por ella, para santificarla... Los maridos deben
amar a sus mujeres como a sus propios cuerpos... porque nadie
aborreció jamás a su carne; antes la mantiene y
abriga, así como también Cristo a la Iglesia; porque
somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por
esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se allegará
a su mujer; Y serán dos en una sola carne. Este sacramento
es grande; más yo digo en Cristo, y en la Iglesia (Ef..
5, 25 ss.).
"Igualmente
sabemos por enseñanza de los Apóstoles, que Cristo
santificó e hizo inviolable la unidad e indisolubilidad
propias del matrimonio en su primitivo origen. A aquellos que
están unidos en matrimonio, dice el mismo SAN PABLO, mando
no yo, sino el Señor que la mujer no se separe del marido;
y si se separare, que se quede sin casar, o que haga paz con su
marido (I, Cor. 7, 10-11). (...). Pues por estas causas fue el
matrimonio gran Sacramento (Ef. 5, 32) y honesto para todos (Heb.,
13, 4), piadoso, casto y digno de veneración, por ser la
imagen y representación de altísimos misterios”.
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