La
Sagrada Familia,
antídoto contra la “teleadicción”
Cercanos a la Santa Navidad nuestros
corazones se vuelven a San José, María
Santísima y el Niño Jesús, modelo
perfecto de familia, en búsqueda de inspiración
para resistir a los males producidos por la
adicción a la televisión
Las buenas relaciones en la familia constituyen la
matriz de la sociabilidad. Cuando en el hogar languidece
la conversación, a los niños les cuesta
relacionarse con parientes o compañeros. Muchas
veces crecen retraídos o ariscos, agresivos
o deprimidos, sin espíritu de iniciativa y
hasta capaces de practicar, inesperadamente, actos
anti-sociales.
Incomunicación y TV
Ahora bien, porque favorece la incomunicación
dentro del propio hogar, la adicción a la televisión
coloca obstáculos, precisamente, al desarrollo
equilibrado de la sociabilidad y a la adquisición
de cualidades como la afabilidad y la cortesía.
El saber relacionarse también depende de
tener opiniones o preferencias individuales y de presentarlas
de un modo atractivo. Esta genuina originalidad que
caracteriza a cada persona tampoco se desarrolla normalmente
en el niño o el adolescente incomunicado. Éste,
cuando sea mayor, va a encontrar muchas dificultades
en transmitir lo que siente y de vivir independientemente
de los slogans de los medios.
Pero... ¿qué hacer? ¿Cómo
llenar el vacío que la “teleadicción”
ha producido en tantas familias? ¿Dónde
encontrar los ejemplos genuinos de familia capaces
de mostrar la senda de un verdadero porvenir cristiano
para nuestra Argentina?
La Sagrada Familia
El corazón de los católicos se vuelve
naturalmente hacia el hogar más augusto que
la Historia conoció: el formado por la Sagrada
Familia en la Santa Casa de Nazareth.
Durante siglos, millones de fieles de todos los
rincones de la Tierra han venerado las paredes benditas
que albergaron a Jesús, María y José,
al relicario precioso transportado milagrosamente
a Loreto en el siglo XIII, donde Dios encarnado quiso
formar parte de una familia en la cual el jefe en
el plano humano –San José, príncipe
de la Casa de David– era el menor en el orden
sobrenatural.
Donde la Madre era la Reina del Cielo y de la Tierra
y el Niño que debía obediencia a los
dos, era Dios.
Modelo de familia perfecta, del cual la ofensiva anti-familiar,
poderosamente servida por el medio televisivo, quiere
borrar todo recuerdo en las mentes y toda semejanza
en la vida de las familias. Este arquetipo divino
de familia –a años luz de la realidad
que nos toca vivir y, simultáneamente, al alcance
de la mano– inspiró históricamente
otros modelos adaptados a las legítimas necesidades
de los tiempos, de los lugares y de las psicologías
de cada pueblo y región.
Esos modelos aún perduran en no pocos hogares,
herederos de sucesivas generaciones que cultivaron
el ideal católico de familia y conservan un
ambiente de virtud, de elevación y distinción,
dentro de sus correspondientes categorías sociales.
Hogares que irradian la influencia benéfica
de su ejemplo, de un modo discreto y natural, por
medio de una acción de presencia desinteresada.
Por eso mismo,
son considerados –sin que se mezcle en ello
afán de promoción personal– como
hogares de familias de élite.
Un movimiento vivificador
De ahí la necesidad de que el conjunto de esas
familias se ponga a la cabeza de un movimiento vivificador
que favorezca –por la irradiación de
los buenos ejemplos opuestos a las perversidades hoy
difundidas a través de la televisión
y otros medios de comunicación– la restauración
familiar, social y cultural de los principios y valores
cristianos.
Movimiento vivificador, decimos, a partir de una
irreprensible conducta religiosa y moral individual
y familiar, para después transformarse, sin
dilación ni retraso, en una reacción
social sistemática contra la revolución
cultural y antifamiliar.
Pidamos a la Sagrada Familia en la próxima
Navidad que, en este momento histórico de tan
grandes peligros y oportunidades, bendiga ese esfuerzo
y se abra así, para la Argentina, un porvenir
venturoso de auténtica grandeza.
Obras consultadas
La Familia frente a la TV: ¿Recreación
o destrucción?, Luis Eduardo Dufaur, Martín
Jorge Viano, Fundación Argentina del Mañana,
Impresos Ancla, Buenos Aires, 1995).
Nobleza y élites tradicionales
análogas en las alocuciones de Pío XII
al Patriciado y a la Nobleza romana, Plinio Corrêa
de Oliveira, Ed. Fernando III el Santo, Madrid, 1993).
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