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Honrarás
padre y madre

Los tres primeros mandamientos regulan nuestras
relaciones con Dios. El cuarto, las relaciones del hombre
con los representantes de Dios: los padres y los superiores
espirituales o temporales.
Este mandamiento tiene por objeto directo los deberes de los
inferiores para con sus superiores, y por objeto indirecto
los deberes de éstos para con aquéllos. Los
derechos y deberes son correlativos.
Las relaciones de los superiores con los inferiores
resultan del orden social establecido por Dios. Las principales
sociedades son: la familia, la sociedad doméstica,
la sociedad religiosa, la sociedad civil.
Deberes de los hijos para con sus padres
El cuarto mandamiento nos ordena: 1º amar
a nuestro padre y a nuestra madre; 2º respetarlos; 3º
obedecerles; 4º asistirlos en sus necesidades.
Amar a sus padres es sentir por ellos un afecto
sincero, que mueve eficazmente a servirles, a sacrificarse
por ellos, a desearles y hacerles todo el bien posible. Debemos
amar a nuestro padre y a nuestra madre, porque Dios nos lo
ordena y porque, después de Dios, a ellos debemos la
vida. Nada puede dispensarnos del amor filial.
Respetar a sus padres es tratarlos con toda
atención, soportar sus flaquezas y defectos: ellos
son para nosotros los representantes de Dios. La falta de
respeto al padre atrajo sobre la raza de Cam la maldición
divina. Es unapráctica santa y cristiana pedir la bendición
a sus padres.
Obedecer a sus padres es ejecutar sus órdenes,
seguir sus consejos, cumplir fielmente sus últimas
voluntades: los padres son los depositarios de la autoridad
de Dios, y obedecerlos en todo lo que es justo es obedecer
a Dios mismo.
Asistir a sus padres es suministrarles los socorros
espirituales y corporales que necesiten durante su vida, y
rogar por ellos después de su muerte: es justo que
cuidemos de ellos como ellos cuidaron de nosotros.
Estos cuatro deberes de la piedad filial obligan
a los hijos, a los nietos y a los pupilos.
Texto
obtenido de: “La Religión Demostrada-Fundamentos
de la Fe católica ante la razón y la ciencia”,
P. A. Hillaire, 4ta. ed.; Ed. Luis Gili, Barcelona, 1924, pp,
601 y 602. |